Al-Hilal sufre un golpe antes del silbatazo contra Neom
Al-Hilal empezó a perder el partido antes de que rodara el balón. Durante el calentamiento, Yassine Bounou se llevó la mano a la pierna, se detuvo en seco y encendió todas las alarmas. El marroquí no pudo seguir y Simone Inzaghi se vio obligado a cambiar el plan sobre la marcha: dentro Mohammed Al-Owais, sin red, sin margen para prepararse.
El golpe psicológico fue inmediato. El equipo aún intentaba digerir la baja de su guardián titular cuando el encuentro se le empezó a desmoronar.
Koulibaly abre la herida
Neom olió la fragilidad y fue directo al cuello. Al-Hilal no encontraba referencias atrás, la zaga se mostraba imprecisa y el nuevo portero no transmitía la misma calma. El desconcierto se hizo visible muy pronto.
En el minuto 15, la noche de Al-Hilal dio otro giro brusco. Un centro al área parecía rutinario, pero Kalidou Koulibaly midió mal y cabeceó hacia su propia portería. Autogol. Ventaja temprana para Neom. Y una montaña todavía más alta para Al-Owais, obligado a reaccionar en un contexto envenenado.
El tanto llegó justo cuando el conjunto de Inzaghi trataba de recomponerse del mazazo de Bounou. En lugar de asentarse, se encontró por detrás ante un rival que había saltado al campo cargado de confianza y que, con el marcador a favor, se sintió aún más cómodo.
El error de Al-Owais agranda el desastre
La inseguridad no se detuvo ahí. Cada balón dividido parecía una amenaza. Cada pase atrás, un riesgo. La línea defensiva, liderada por Koulibaly, no encontraba sincronía con Al-Owais.
En el 44’, el castigo se duplicó. Al-Owais salió a destiempo, se lanzó hacia delante sin medir, y dejó el espacio a su espalda completamente expuesto. La jugada se ensució, el balón viajó entre rebotes hasta el área de Neom, pero la confusión de Al-Hilal fue total. Amadou Koné, más despierto que nadie, aprovechó el caos y firmó el 2-0.
Lo que había empezado como un contratiempo con la lesión de Bounou se convirtió en una crisis en toda regla. El sustituto no logró acercarse al nivel de seguridad del marroquí y la defensa, ya tocada por el autogol de Koulibaly, terminó por entregar a Neom una ventaja enorme antes del descanso.
Un rival que no perdona cuando se adelanta
Los números explicaban mejor que cualquier discurso el tamaño del problema. Según datos de Opta, Neom había ganado los tres partidos en los que había marcado primero en las cinco primeras jornadas de la Roshn League esta temporada.
Ese 2-0 no era solo un marcador adverso. Era un muro estadístico. Al-Hilal se veía obligado a remar contra un equipo que había demostrado en este arranque de curso que sabe cerrar los partidos cuando golpea primero.
Y el contexto dolía aún más si se miraba la tabla. Al-Hilal había llegado a la sexta jornada con pleno de victorias: cinco partidos, cinco triunfos, 15 puntos y una sensación de autoridad indiscutible. Frente a Neom, todo ese impulso se vio puesto a prueba de la forma más cruda: sin su portero estrella y penalizado por errores individuales que regalaron el control del choque al conjunto local.
Un marcador poco habitual para un gigante
Irse al descanso perdiendo 0-2 no es una escena que se repita a menudo con Al-Hilal en la Pro League. La última vez que el gigante saudí se vio dos o más goles abajo al intermedio fue ante Al-Fateh, en mayo de 2025. Aquella noche, también caía 2-0 al descanso… y terminó firmando una remontada memorable para imponerse 4-3.
El precedente existe. La capacidad de reacción también. Pero esta vez, la pregunta es otra: ¿cuántas veces puede sobrevivir un aspirante al título a noches en las que se queda sin su líder bajo palos y se dispara en el pie en su propia área?






