Al-Nassr y el gol en propia puerta que congeló la fiesta de Cristiano
La imagen que queda de la noche en Al‑Awwal Park no es un gol, ni una celebración. Es Cristiano Ronaldo, solo en el banquillo, mirando al césped con los ojos vidriosos mientras el resto del estadio se queda helado.
Al‑Nassr rozaba con los dedos la Saudi Pro League. El ambiente era de fiesta anticipada, de cuenta atrás hacia el título. Mohamed Simakan había adelantado a los locales en la primera parte y el 1‑0 parecía suficiente para dar un zarpazo casi definitivo al campeonato frente a Al‑Hilal. Pero el fútbol, una vez más, eligió el camino más cruel.
De la ovación al silencio
Al‑Nassr mandó durante gran parte del encuentro. Dominio territorial, ritmo alto, sensación de control. Cristiano, hiperactivo entre líneas y en el área, se dejó ver en casi todas las jugadas de peligro antes de ser sustituido en los minutos finales. Cuando el portugués abandonó el campo, el estadio se levantó. Ovación cerrada, gritos de admiración, móviles grabando el paseo del hombre que ha firmado 26 goles de liga esta temporada.
En las gradas, Georgina Rodríguez y los hijos del delantero seguían cada gesto. Todo apuntaba a una noche redonda. El reloj se estiraba hacia el añadido y la gente ya hacía cuentas: ventaja en la tabla, un partido por jugar, la liga prácticamente encarrilada.
Hasta que llegó el minuto 98.
El instante que lo cambió todo
Al‑Hilal, obligado por la urgencia, volcó el campo en el tiempo de descuento. Última jugada, todos arriba, incluso el portero rival atento a cualquier balón colgado. Un saque de banda largo cayó en el área de Al‑Nassr y ahí empezó el desastre.
Bento salió con decisión a despejar el peligro. No había margen para dudar. Pero el portero brasileño chocó con su compañero Inigo Martinez en el aire y su puño, en lugar de alejar el balón, lo envió hacia atrás, describiendo una parábola imposible sobre su propia cabeza.
El esférico viajó lento, casi a cámara lenta, hacia la portería vacía. Abdulelah Al‑Amri se lanzó en carrera desesperada, se estiró sobre la línea, pero ya era tarde. El balón había cruzado. Gol en propia puerta. 1‑1. Y un rugido de incredulidad que se convirtió en un silencio pesado en cuestión de segundos.
El estadio, que segundos antes soñaba con el título, se quedó sin voz. Los jugadores de Al‑Hilal celebraban un empate que sabía a vida. Los de Al‑Nassr miraban al suelo, incrédulos.
Cristiano, solo en el banquillo
El pitido final dejó una estampa dura. Las cámaras enfocaron de inmediato a Cristiano en el banquillo. Sentado, inmóvil, clavado en su sitio. El portugués, 41 años, rostro desencajado, miraba al césped sin decir una palabra. El hombre de los 127 goles en 146 partidos con Al‑Nassr desde su llegada en 2022 se quedó sin respuestas.
En la grada, su familia observaba la escena. Abajo, uno de los miembros del cuerpo técnico se acercó, le dio una palmada en el hombro, un gesto de consuelo breve. Cristiano se levantó despacio, negó con la cabeza y caminó hacia el túnel con la mirada baja. Nada de gestos teatrales, solo la expresión de quien sabe que se le ha escapado una oportunidad mayúscula.
Por ahora, la única conquista del portugués con el club saudí sigue siendo la Arab Club Champions Cup. La liga, el gran objetivo, se resiste.
Un título que se complica
El empate no derriba a Al‑Nassr, pero le quita el suelo bajo los pies. El equipo sigue líder, con cinco puntos de ventaja sobre Al‑Hilal. La diferencia, sin embargo, está en el calendario: a Al‑Hilal le quedan dos partidos; a Al‑Nassr, solo uno, frente a Damac la próxima semana.
La ecuación es sencilla y, al mismo tiempo, demoledora. Al‑Nassr tenía en la mano la posibilidad de dejar el título prácticamente sentenciado. En lugar de eso, ha abierto una rendija que su gran rival no dudará en intentar convertir en puerta grande.
Con un vestuario plagado de nombres de peso como Kingsley Coman, Joao Felix, Sadio Mané, Marcelo Brozovic o Inigo Martinez, el proyecto estaba diseñado para noches como esta, para cerrar ligas, no para dejarlas abiertas en el minuto 98 por un error propio.
La pregunta ahora es otra: ¿habrá sido este golpe un simple tropiezo en el camino hacia el título o el momento en que la temporada de Cristiano y Al‑Nassr cambió de dirección?






