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Anthony Gordon: el nuevo desafío de Barcelona tras su salida de Newcastle

En Newcastle han aprendido la lección a golpes. El verano pasado se aferraron a Alexander Isak hasta el último minuto, solo para acabar cediendo ante Liverpool cuando el daño ya estaba hecho en el vestuario de Eddie Howe. El sueco, con su petición de traspaso, descolocó al grupo y dejó una temporada marcada por la frustración.

Esta vez, el club no ha querido repetir el error. Ante otro delantero descontento, Anthony Gordon, la respuesta ha sido rápida y contundente: venta inmediata y por una cifra enorme. El negocio, desde el punto de vista puramente económico, es difícil de discutir. Gordon es un atacante trabajador, versátil, con talento… pero nada en su trayectoria con club o selección justifica un precio de 69 millones de libras.

El problema para Newcastle no es vender. Es qué hace después con ese dinero. Ya dilapidó lo ingresado por Isak y el margen para equivocarse se ha reducido de forma drástica. Sin Champions League como escaparate y con un 12º puesto en la Premier League que retrata a un equipo a la deriva, convencer a futbolistas de primer nivel será un reto mayor que hace un par de años.

La salida de Gordon, que sigue el mismo camino que Isak lejos de St. James’ Park, lanza un mensaje incómodo: el proyecto ya no intimida a la élite inglesa. Con unos propietarios saudíes que parecen cada vez menos implicados y una plantilla que pierde a sus mejores activos, Newcastle se ha bajado del vagón de los aspirantes. El movimiento es correcto en las cifras. En el contexto competitivo, huele a paso atrás. Nota: B-.

Barcelona, el viejo vicio de gastar más de la cuenta

Para Barcelona, la operación destapa viejos fantasmas. Tras años maniatado por el corsé financiero de LaLiga, el club había presumido de haber “ordenado la casa”. Y su primer gran gesto, una vez recuperado cierto margen de maniobra, es lanzarse a pagar 80 millones de euros por Anthony Gordon.

Sobre el césped, el fichaje tiene lógica. Gordon puede ocupar cualquier posición en el tridente ofensivo, trabaja sin descanso en la presión y encaja como un guante en la idea de Hansi Flick, que prioriza extremos que corran, cierren líneas de pase y sostengan el bloque alto. En ese sentido, ofrece cosas que Marcus Rashford no garantiza con la misma constancia.

El problema es el precio. No hay forma de disfrazarlo: Barcelona ha pagado por encima del valor real del jugador. Se recuerda que el inglés marcó 10 goles en la última Champions League, pero seis llegaron ante Qarabag y Union Saint-Gilloise, y la mitad desde el punto de penalti. Sus 12 goles en los últimos 60 partidos de Premier League se parecen mucho más a la realidad que se encontrará el aficionado culé: un atacante útil, intenso, pero lejos de ser un goleador de élite.

Puede ocurrir que Gordon firme un gran Mundial y el coste se vea con otros ojos. Puede también que su salario, menor que el que habría exigido Rashford, alivie algo el impacto global de la apuesta. Aun así, el mercado ofrecía alternativas más baratas y con un techo similar. La sensación es conocida: cuando Barcelona vuelve a tener dinero, vuelve también la tentación de gastarlo con más corazón que cabeza. Nota: C+.

Gordon, del ruido de la Premier al escaparate del Camp Nou

Para Anthony Gordon, esto es exactamente lo que soñaba. A pesar de dos años irregulares en la Premier League, con picos de brillantez y largos tramos de inconsistencia, el atacante inglés consigue el salto que llevaba tiempo persiguiendo: un gigante europeo, un vestuario lleno de estrellas, un estadio que multiplica la exigencia y la gloria.

Él mismo reconoció que los rumores con Liverpool, el club de su infancia, le habían “girado la cabeza” en su momento. Este verano, todo apuntaba a Bayern Munich, hasta que los alemanes frenaron en seco ante el precio. Barcelona, en cambio, ha decidido asumir el riesgo.

Ahí empieza el verdadero desafío. El posible aterrizaje de Julián Álvarez podría repartir focos y aliviar parte de la presión, pero no cambiará el fondo del asunto: el club azulgrana no ha pagado 80 millones de euros por un jugador de rotación. Gordon tendrá que demostrar, desde el primer día, que puede ser titular en un equipo que no espera a nadie.

El ejemplo de Rashford planea sobre el vestuario. El inglés firmó 28 goles y asistencias combinadas en su primera temporada en el Camp Nou y, aun así, ya se le considera prescindible ante la nueva hoja de ruta deportiva. Ese es el listón. Ese es el ecosistema en el que aterriza Gordon.

La recompensa, eso sí, es enorme. De asociarse con Anthony Elanga en Newcastle, pasará a compartir banda, entrenamientos y noches grandes con Lamine Yamal. El salto es tan brutal como el precio que ha pagado Barcelona. Ahora falta saber si Gordon estará a la altura de la camiseta… o del cheque. Nota: A.