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Arsenal comete errores graves ante el Betis en pretemporada

En plena pretemporada, con las piernas pesadas pero las ideas teóricamente claras, Arsenal se regaló una noche de errores en Dublín. Real Betis ganó 3-1, sí, pero el marcador contó solo una parte de la historia. La otra se escribió en el vestuario, con Mikel Arteta hablando de jugadores “encendidos” y de una rabia que, según él, debe convertirse en gasolina para lo que viene.

Un arranque que descolocó a todos

Arteta repitió el once que había arrollado 4-1 a Girona unos días antes. Kai Havertz, Viktor Gyökeres y el nuevo fichaje Christos Tzolis volvieron a salir de inicio. Continuidad, automatismos, una prueba seria. Sobre el papel, todo tenía sentido.

En el césped, no tanto.

A los nueve minutos, Arsenal ya iba por detrás. Saque de esquina, Kepa Arrizabalaga sale, duda y no toca el balón. En el segundo palo aparece Rodrigo Riquelme y fusila. Gol sencillo, demasiado sencillo para un equipo que aspira a dominar la Premier League. Primera advertencia.

La segunda llegó poco después y con estruendo. Álvaro Valles, portero del Betis, regaló el balón a Tzolis en la frontal. Ocasión pintada de oro para el griego, pero la desaprovechó. Y el fútbol no suele perdonar. En la siguiente acción, Nelson Deossa armó la pierna desde unos 30 metros y soltó un disparo brutal a la escuadra. 0-2. El castigo, esta vez, fue desde larga distancia.

Arsenal, herido pero no hundido, se agarró al balón parado. Córner lanzado por Tzolis, mala salida de Valles y Piero Hincapié cabeceó para reducir diferencias. 1-2 y algo de aire. No era un gran partido de los de Arteta, pero el marcador volvía a estar vivo.

El tercer golpe y la bronca al descanso

Cuando el equipo parecía asentarse, llegó otro error grosero. Havertz, muy bajo de precisión, perdió un balón en la salida cerca de su propia área. Pablo Fornals, viejo conocido de la Premier, recogió el regalo y definió con calma ante un Kepa inmóvil. 1-3 al borde del descanso. Tres goles encajados, dos de ellos nacidos de fallos propios.

La charla en el vestuario no fue amable. Arteta lo admitió sin rodeos ante la prensa. El equipo, dijo, estaba “muy enfadado”, “muy molesto”, y él mismo les apretó. Nada de paños calientes en una noche de pretemporada. El técnico insistió en que esa furia es “lo que necesitamos”.

Arteta, eso sí, también matizó el contexto: utilizó 25 jugadores durante el encuentro. El once inicial era muy reconocible, pero el plan incluía rotaciones masivas. Entre ellas, una novedad importante: los primeros minutos de Gabriel desde la eliminación de Brasil en octavos de final del Mundial ante Noruega. Un regreso esperado, aunque dentro de un partido que se fue desinflando.

Un segundo tiempo sin filo

El entrenador español movió el banquillo a lo grande en el descanso. Cambios por bloques, ritmo fragmentado, química por construir. El partido se apagó. Ni Arsenal ni Betis encontraron ocasiones claras. El choque se convirtió en un ejercicio táctico, de carga física, sin la electricidad del primer acto.

Para Arteta, la lectura fue doble. Por un lado, decepción por el resultado: “Lo importante es ganarlo y no lo hicimos”, reconoció. Por otro, algunos momentos de juego que sí le dejaron satisfecho, sobre todo en la primera mitad con los titulares. Habló de “fantásticos momentos” con balón, pero fue tajante con lo que vio “en y alrededor del área propia”: estándares que no se cumplieron, detalles que un equipo grande no puede regalar.

Un aviso antes de lo serio

No fue un simple amistoso más en el calendario. Entre los errores de Kepa, la pérdida de Havertz que costó el tercer gol y la ocasión desperdiciada por Tzolis, Arsenal dejó una colección de imágenes que Arteta no quiere volver a ver cuando empiece la competición oficial.

El técnico, sin embargo, eligió darle la vuelta al mal trago: un “mal resultado a veces es bueno para crear aún más fuego en el estómago”. Si ese fuego se traduce en reacción inmediata o en dudas prolongadas, se sabrá muy pronto. Porque los amistosos se olvidan rápido, pero las grietas defensivas, si no se corrigen, suelen reaparecer cuando los puntos ya cuentan de verdad.