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Barcelona cae ante Alavés y dice adiós al récord de 100 puntos

El campeón se bajó de la nube en Vitoria. Tres días después de conquistar LaLiga y pasearse en un autobús descapotable por Barcelona, el equipo de Hansi Flick cayó 1-0 ante un Alavés desesperado por salir del pozo y dijo adiós al sueño de alcanzar los 100 puntos, el listón histórico del campeonato.

Necesitaba ganar los tres partidos que le quedaban. No superó ni el primero.

Un campeón relajado, un necesitado al límite

El contexto lo explicaba casi todo. Barcelona llegaba con el título recién asegurado, el Clásico todavía fresco en las piernas y en la cabeza, y una semana de celebraciones que se notó en la intensidad. Alavés, en cambio, se jugaba la vida. Y en este tipo de noches, el hambre pesa más que el pedigrí.

Flick rotó. Entre los cambios, un debut: Álvaro Cortés, central de 21 años, titular en el eje de la zaga. El técnico alemán, más pendiente de gestionar cargas que de perseguir marcas, dio minutos a jóvenes y agitó el once que había ganado al Real Madrid para certificar la segunda Liga consecutiva.

El guion fue reconocible: Barcelona acaparó el balón, se instaló en campo contrario, intentó abrir por fuera. Marcus Rashford, muy activo, aportó chispa desde la banda y dio algo de ritmo a un equipo que, por momentos, jugó a medio gas. Pero el dominio fue estéril. Posesión, sí; colmillo, poco.

Alavés, mientras tanto, se aferró al partido con todo. Bloque junto, líneas apretadas, agresividad en cada duelo. Quique Sánchez Flores sabía que su equipo no podía regalar ni un metro. No lo hizo.

El golpe justo antes del descanso

Cuando parecía que el descanso llegaría sin sobresaltos, el partido se abrió en una sola jugada. Un córner, una segunda jugada mal defendida y un castigo que pesó como una losa.

Antonio Blanco ganó el duelo aéreo y devolvió de cabeza el balón hacia el corazón del área. La zaga azulgrana se quedó a medio camino, sin reacción. Ibrahim Diabaté sí reaccionó. Control, disparo seco y gol, ya en el añadido de la primera parte, superando a Wojciech Szczesny.

El estadio explotó. No era solo un 1-0 ante el campeón. Era un gol que, en ese instante, sacaba al Alavés de la zona de descenso y lo elevaba hasta la 15ª plaza. Media temporada comprimida en un remate.

Szczesny evita el segundo, el Barça no encuentra el primero

El inicio de la segunda parte confirmó que el tanto no había sido un accidente. Alavés salió con la misma ferocidad. Diabaté volvió a aparecer, esta vez con un disparo potente que Szczesny desvió con una buena mano, evitando el 2-0.

Barcelona, en cambio, se atascó. Mucho pase, poca profundidad. Flick lo asumió después: el partido le dejó más lecturas positivas en la gestión de minutos y en el rendimiento de los jóvenes que en el resultado. Pero sobre el césped, la sensación fue de falta de colmillo. Apenas generó ocasiones claras.

El equipo catalán se estiró como pudo, pero cada ataque moría antes de tiempo. Centros sin rematador, paredes que no rompían líneas, disparos que no llegaban. Alavés se hizo fuerte en su área, defendió cada balón como si fuera el último y fue encontrando espacios para salir.

La oportunidad para sentenciar llegó en las botas de Jon Guridi. El mediocampista se plantó con ángulo, cruzó el disparo, superó a Szczesny… y se topó con el poste. El suspiro colectivo en Mendizorroza fue casi tan sonoro como el grito del gol de Diabaté.

Flick mira al futuro, Alavés se agarra a la vida

Flick no escondió el contexto: “No fue un partido fácil, ellos lucharon duro, pero es normal, se están jugando seguir en LaLiga”, admitió. Señaló el gol encajado en el último minuto del primer tiempo, pero prefirió subrayar “las cosas positivas”, en especial el papel de los jóvenes y la gestión de esfuerzos tras una semana emocionalmente cargada.

Para Barcelona, el gran objetivo ya está cumplido. El récord de los 100 puntos se escapa, pero el técnico alemán parece haber elegido otro camino: preparar el futuro inmediato, dar rodaje a la nueva generación y llegar con energía al final del curso.

Para Alavés, en cambio, la noche puede marcar un antes y un después. El triunfo saca al equipo de Quique Sánchez Flores del abismo y lo coloca, al menos de forma provisional, en una posición de relativa calma. No es una salvación matemática, pero sí un mensaje: este equipo no piensa bajar la cabeza.

En Vitoria, el campeón se permitió un respiro. Alavés, en cambio, se jugó el cuello y salió vivo. Y en mayo, cuando la tabla aprieta y los puntos pesan el doble, suele imponerse quien tiene más miedo a perderlo todo.