El cambio de mentalidad en City que lo llevó al campeonato
El verdadero cambio en City no está en el escaparate de trofeos, sino en el vestuario. Lo que Jonas Jeglertz logró en su primera temporada al mando no admite matices: tomó a un equipo que llevaba años siendo “candidato eterno” a romper la hegemonía de Chelsea en la WSL y lo convirtió, por fin, en campeón.
Durante varias campañas, City tuvo plantilla para ganar la liga. Era la apuesta recurrente de analistas y exjugadoras. Pero siempre faltaba algo. Un tropiezo en las últimas jornadas. Un derrumbe inesperado. Una lesión clave en el peor momento. La narrativa era la misma: talento de sobra, título esquivo.
Un cambio de lenguaje… y de mentalidad
Ahí entra Jeglertz. No solo en la pizarra, también en la cabeza del grupo. Alex Greenwood lo resumió con una frase que ha hecho carrera dentro del club: un “cambio de cultura”. No se trataba solo de hablar de títulos, sino de cómo se hablaba de ellos. Del lenguaje interno. De atreverse a verbalizar la ambición sin incomodidad.
“Es un poco incómodo a veces”, admitía Greenwood, “pero cruzar ese obstáculo ha cambiado muchas mentalidades en este edificio”. Esa incomodidad se ha convertido en combustible.
Mary Fowler lo ve igual, pero desde otro ángulo. Para ella, el problema de temporadas anteriores era claro: “Quizá nos quedamos cortas porque faltaba algo en la mentalidad, en creer de verdad que éramos capaces de ganar”. Ahora que ya han levantado la WSL y han roto una sequía de cuatro años sin títulos, la sensación es distinta. “Ahora que lo hemos hecho, sientes: ‘Eres muy capaz y puedes hacerlo otra vez’”.
Ese “otra vez” es la palabra clave que se respira en la ciudad deportiva tras las vacaciones de verano. Jeglertz se ha encontrado un entorno más exigente, no más relajado. No hay rastro de autocomplacencia.
“Ya lo veo en las jugadoras”, contaba a GOAL. “Tienen una confianza genial, tranquila, pero curiosa por saber cómo damos el siguiente paso. ¿Qué hacemos para ser un poco mejores? Eso ya está ahí, y es algo que necesitamos mantener todo el año”.
Fichajes con ADN ganador
Para alimentar ese ecosistema competitivo, City no ha fichado por fichar. Ha incorporado campeonas. Gente que sabe lo que es repetir éxito, no solo alcanzarlo una vez.
Niamh Charles llega desde una auténtica máquina de ganar como Chelsea, con cinco títulos consecutivos de la WSL y siete copas domésticas en seis años en Londres. No es solo un currículum, es una forma de vivir el día a día.
“Eso significa que tiene un poco de líder dentro”, valora Jeglertz. “Es algo que vamos a poder usar en los entrenamientos y en cómo se gana de un año a otro”.
Beth Mead aporta otro tipo de peso específico. Ha ayudado a Inglaterra a conquistar dos Eurocopas seguidas y formó parte del Arsenal que derrotó a Barcelona en la final de la Champions League 2025. Es una jugadora acostumbrada a escenarios grandes, a presión máxima.
“Se le ve en los ojos, sigue con muchas ganas de formar parte de esto y de aprender más”, apunta el técnico.
En términos de cultura, mentalidad y entorno, City parece blindado para defender su corona. La gran incógnita está en otro lado: la profundidad de la plantilla ante un calendario más exigente.
La Champions cambia las reglas
El año pasado hubo un detalle que no se puede pasar por alto: City no jugó Champions League. Mientras Chelsea, Arsenal y Manchester United lidiaban con viajes, rotaciones y noches europeas, el campeón de la WSL tuvo semanas más limpias, más margen para preparar partidos y recuperar piernas.
Esta temporada, eso se acabó. La Champions vuelve al calendario y la demanda sobre el grupo se dispara.
Y ahí aparece la primera señal de alarma. Más allá de Mead y Charles, la única incorporación ha sido Carlotta Wamser, una pieza pensada para dar profundidad en ambos laterales. Nueve salidas del primer equipo y solo tres llegadas. No es precisamente una revolución.
“El fondo de armario está”, defendía el director deportivo O’Neill al final del curso pasado. “No se trata de transformar la plantilla, sino de añadir en las posiciones clave que necesitamos”. Sobre el papel, el plan es coherente. En la práctica, las primeras lesiones han puesto el discurso a prueba.
La más dura, la de Vivianne Miedema. Según información del Guardian, podría no volver hasta 2027. Un golpe tremendo para el plan ofensivo a medio plazo. El hecho de que City intentara reforzarse en el último día de mercado, sin conseguir cerrar ninguna operación, delata que dentro del club también sienten la preocupación.
El lateral izquierdo se ha cubierto con Charles y Wamser tras la salida de Leila Ouahabi. El frente de ataque ha sumado a Mead tras la marcha de Kerolin a Barcelona. El resto del crecimiento tiene que venir desde dentro.
Apuestas internas y cuentas pendientes
Risa Shimizu, que estuvo cedida en Liverpool la temporada pasada, tendrá que aportar minutos de calidad en los laterales. Se esperan versiones mucho más influyentes de Sydney Lohmann y Grace Clinton, dos futbolistas que llegaron el verano pasado con grandes expectativas y se quedaron cortas, entre molestias físicas y oportunidades desaprovechadas.
Mary Fowler es otro nombre subrayado en rojo. Esta será su primera temporada completa tras una grave lesión de ligamento cruzado. Desde su regreso en febrero dejó destellos de lo que puede ser: una jugadora capaz de romper partidos por sí sola.
En la delantera, la palabra clave es versatilidad. Mead, Fowler, Lauren Hemp, Aoba Fujino e Iman Beney pueden ocupar diferentes roles, incluido el de nueve para varias de ellas. Con ese abanico, el club ha considerado innecesario fichar a una delantera centro para vivir a la sombra de Khadija Shaw todo el año.
Por detrás, la academia también empuja. Sacha Lewis, Amelia Oldroyd y Aoibhe Brennan han firmado sus primeros contratos profesionales este verano. Mayzee Davies, internacional absoluta con Gales y profesional desde el año pasado, asoma como posible pieza de rotación en esta campaña.
Y en la cúspide de la jerarquía, los nombres que sostienen la estructura siguen ahí: Shaw, Greenwood, Hemp, Kerstin Casparij, Jade Rose, Yui Hasegawa… un once titular que compite con cualquiera en la WSL y que, cuando Miedema vuelva, tendrá todavía más pólvora.
¿Basta con esto para repetir?
Ahí está la pregunta que sobrevuela el proyecto. El año pasado, City firmó un registro de lesiones casi perfecto, algo inusual en un calendario tan exigente. ¿Se puede repetir esa suerte ahora que regresa la Champions? ¿O el riesgo de un bache físico es inevitable?
“Aprendimos y estaremos absolutamente listas la próxima temporada”, prometió O’Neill. Jeglertz, por su parte, siempre ha defendido que la plantilla era demasiado grande el curso pasado. Para él, la ampliación del calendario es una oportunidad, no una amenaza.
“Tenemos demasiadas buenas jugadoras para tan pocos partidos”, dijo en mayo. “El año que viene será diferente porque habrá más encuentros. La plantilla está construida para eso”.
El discurso encaja, pero hay posiciones en las que un par de lesiones podrían ser devastadoras. Y otras en las que la preocupación crecerá si las futbolistas llamadas a dar un salto —como Lohmann, recién operada de la cadera, o la propia Clinton— no responden a la altura del reto.
No ayuda que City arranque el curso con varias jugadoras tocadas y con la certeza de que Miedema empezará la temporada desde la grada. Es un margen de error muy estrecho para un equipo que aspira a todo.
Cultura frente a profundidad
Hay algo, sin embargo, que juega a favor de City en comparación con sus rivales directos. Puede que haya equipos con más fondo de armario, pero muchos de ellos arrastran dudas sobre su cultura competitiva o su cohesión en el campo. Ahí, el campeón parte con ventaja.
Construir una dinastía al estilo Chelsea en esta nueva era de la WSL, con más inversión, más talento repartido y más competencia que nunca, parece poco realista. Pero la capacidad de City para pelear por los grandes trofeos, y levantarlos, sigue intacta.
El curso pasado fue el mejor equipo de Inglaterra con diferencia. No por un gol en el último minuto ni por un tropiezo ajeno, sino por rendimiento sostenido. La confianza y la fe que ha dejado ese título, unidas a las nuevas caras con ADN ganador, apuntan a un escenario claro: City no está dispuesto a esperar otra década para volver a tocar la WSL.
La cuestión ya no es si puede ganar. Es si alguien será capaz de sacarlo de ese nuevo hábito.






