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Celtic gana en el último minuto con un penalti polémico

El fútbol escocés necesitaba un final así. Caótico, discutido, decidido en el minuto 100 y con un penalti que se seguirá discutiendo en pubs y tertulias durante años. Kelechi Iheanacho, frío como el acero, convirtió desde los once metros para firmar el 3-2 de Celtic en el campo de Motherwell y empujar la Scottish Premiership hacia un último capítulo de infarto.

Un título arrebatado en la última jugada… por ahora

Mientras en Tynecastle los jugadores de Hearts celebraban un convincente 3-0 ante Falkirk y se preparaban mentalmente para ser campeones en Celtic Park, el destino tramaba otra cosa en Fir Park. Con el reloj superando ya los 99 minutos, el árbitro John Beaton acudió al monitor a instancias del VAR. Un largo saque de banda al área, un salto, un brazo arriba, un posible contacto con la mano de Sam Nicholson… y la decisión que lo cambia todo.

Beaton señaló el punto de penalti. Nicholson, acusado de mano dentro del área tras disputar un balón aéreo con Auston Trusty. Iheanacho, recién salido desde el banquillo, se plantó ante Calum Ward. Un amago, un disparo seco, portero a un lado, balón al otro. 3-2. Y una invasión de césped de los aficionados desplazados de Celtic, conscientes de que ahora dependen de sí mismos: si ganan en casa el sábado, retienen el título.

Hearts, que han liderado el campeonato durante buena parte de la temporada, pasan de rozar el trofeo a verse obligados a puntuar en el estadio del campeón para destronarlo. Antes del penalti, un empate de Celtic en Motherwell les habría obligado a ganar en Glasgow por tres goles para voltear la diferencia de tantos. Ahora, les basta con no perder. El giro es brutal.

La jugada que incendia el país

El penalti no solo decidió un partido. Abrió una grieta en la interpretación del reglamento que separa a entrenadores, exjugadores y analistas.

En la acción, Nicholson salta con Trusty para despejar el saque de banda. El codo del jugador de Motherwell está levantado, pero se eleva aún más por el contacto con el hombro del defensa de Celtic. Su mano termina cerca del rostro. La cuestión clave: ¿el balón golpea la mano o la cabeza?

Desde la banda de comentarios, el exdelantero de Celtic Chris Sutton lo veía claro: brazo arriba, si el balón toca la mano, es penalti. En el estudio, el escepticismo dominaba. Kris Boyd, exdelantero de Rangers, ponía el acento en la trayectoria del balón: a esa velocidad y con ese desvío, defendía, parece un cabezazo más que un toque con la mano.

John Robertson, leyenda y exentrenador de Hearts, se movía en el filo: la mano está arriba, si la pelota la toca, hay infracción. Pero no se mostraba seguro de que hubiera contacto. Paul Hartley, excentrocampista de Hearts, fue más contundente: para él, es un despeje de cabeza que acaba en saque de banda, con apenas protestas de los jugadores de Celtic. “Han tenido suerte”, resumió.

Desde el banquillo de Celtic, la lectura era muy distinta. Martin O'Neill habló de una decisión “bastante clara”, mano y además codo en la acción. Más allá de la polémica, se deshizo en elogios hacia Iheanacho, decisivo en sus apariciones y autor de otro momento clave en una temporada de remontada.

En el otro lado, Jens Berthel Askou no se contuvo. El técnico de Motherwell calificó la decisión de “impactante” y “una vergüenza para el juego”. Insistió en que, incluso si hubiera un mínimo roce con la mano, llega provocado por el contacto en el salto, lo que, a su juicio, nunca debería derivar en penalti. Miró una y otra vez las repeticiones y no encontró, según su interpretación, ningún punto del reglamento que justificara la sanción. Para él, el partido merecía otro final.

Un partido que fue montaña rusa

Antes del desenlace, Celtic coqueteó seriamente con el desastre. Con apenas media hora disputada, Elliot Watt adelantó a Motherwell con una volea desviada que descolocó a Viljami Sinisalo. Al mismo tiempo, Hearts ya mandaba 2-0 ante Falkirk. El título se alejaba.

En ese contexto apareció Daizen Maeda. El japonés, todavía en estado de gracia tras su doblete ante Rangers, firmó el 1-1 justo antes del descanso con una definición precisa. Un gol que no solo igualó el marcador, también devolvió algo de calma a un Celtic que empezaba a notar el peso del momento.

Tras el descanso, el campeón salió con otro aire. A los 58 minutos, Benjamin Nygren soltó un disparo tremendo desde la frontal, imposible para Ward. 1-2. El guion parecía enderezarse.

Entre medias, las áreas ya habían sido un campo minado para Beaton. Celtic reclamó penalti cuando Ward salió a destiempo y se llevó por delante a Maeda al intentar despejar un balón largo. La jugada siguió, Arne Engels elevó el balón por encima de ambos y lo estrelló en el larguero. El árbitro dejó seguir, sin sanción.

Poco después, Motherwell también pidió pena máxima. Callum Slattery se resbaló en el área y chocó con Callum McGregor justo antes del gol de Nygren. De nuevo, Beaton no señaló nada. Cada decisión iba cargando de tensión un partido que ya hervía.

Motherwell, lejos de rendirse, se lanzó con todo a por el empate. Un disparo de Tom Sparrow se desvió y se fue al larguero. Sinisalo tuvo que intervenir con reflejos felinos para negar el gol a Elijah Just. El asedio acabó encontrando premio: Tawanda Maswanhise vio su primer intento bloqueado y el segundo repelido por el portero, pero el rebote cayó en los pies del recién entrado Liam Gordon, que empujó el 2-2.

En ese momento, con Rangers y Hibernian empatando 1-1, la grada local empezó a cantar sobre un posible viaje europeo. El cuarto puesto, y con él una plaza para la Conference League, estaba al alcance de la mano.

Hasta que llegó ese saque de banda, el salto de Nicholson, la revisión del VAR, el penalti de Iheanacho y un Fir Park en estado de shock.

Dos carreras, un mismo abismo

El impacto de ese gol va mucho más allá de la parte alta de la tabla. Para Motherwell, la derrota deja abierta una batalla feroz por Europa. Llegarán a la última jornada con solo un punto de ventaja sobre Hibernian en la lucha por la cuarta plaza y el billete continental. Y, para colmo, deberán jugarse todo precisamente en el campo de Hibs.

En la cima, la ecuación es brutalmente simple y a la vez emocionalmente devastadora para quien falle. Un punto separa a Celtic y Hearts. El campeón recibe al aspirante en Celtic Park. Si los de O'Neill ganan, completan una remontada que hace apenas unas semanas parecía improbable. Si Hearts saca al menos un empate, pondrá fin a una espera de 66 años para volver a levantar el título liguero.

Después de un penalti en el minuto 100 que ha dividido al país, la Scottish Premiership se encamina a un último día en el que no habrá margen para el error, ni para las dudas. Solo quedará responder a una pregunta: ¿quién tendrá la sangre fría de Iheanacho cuando el reloj marque el límite?