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Chelsea y su dilema defensivo: goles a favor y desajustes atrás

Todo el mundo habla del ataque que Xabi Alonso está montando en el Chelsea. Y con razón. Cada jornada, al menos un gol. Nadie ha encontrado la forma de frenar a JP Morgan y compañía. Pero el problema está en el otro área.

Puedes marcar siempre. Lo que no puedes es vivir eternamente al borde del desastre porque no mantienes una sola portería a cero. Ya no es un bache puntual ni cosa del nuevo técnico: son 20 partidos seguidos de Premier League encajando. Veinte. Para un club que se mira en el espejo de los grandes, es una cifra que duele.

La llegada de Emi Martínez, campeón del mundo y multi ganador del trofeo Yashin, parecía el golpe sobre la mesa. Un portero de élite para ordenar el caos. Pero si los que están delante no hacen lo básico, da igual el nombre del guardameta. En demasiadas acciones, podría haber sido Robert Sánchez y nadie habría notado la diferencia.

El 1,32 de xG que Hull generó en Stamford Bridge retrata bien la película: no fue un asedio constante, pero sí un peligro real y recurrente. Y lo más preocupante: no necesitaron jugadas brillantes para amenazar. Muchas ocasiones llegaron regaladas, servidas en bandeja por errores propios, malas vigilancias y desajustes que se repiten.

Arriba, el potencial es evidente. Es un equipo que ilusiona con balón, que intimida cuando acelera. Pero si Alonso quiere pelear por algo más que partidos locos y marcadores abultados, tendrá que tirar de las lecciones aprendidas bajo José Mourinho: equipos compactos, líneas juntas, una agresividad defensiva que hoy no se ve. El Chelsea ya sabe cómo hacer daño. Ahora necesita aprender, de verdad, a no hacérselo a sí mismo.

Liverpool tropieza en su primer examen de fondo

En Anfield se celebró con fuerza el miércoles: Andoni Iraola firmó ante el Atlético de Madrid la primera victoria de su carrera en la Champions League. Ese triunfo parecía cuestión de tiempo esta temporada. La incógnita estaba en otro lado.

El gran interrogante del curso para este Liverpool era cómo iba a gestionar Iraola una agenda recargada. Brilló en Rayo Vallecano y Bournemouth sin el peso de Europa. Ahora, el calendario aprieta. Y este 0-0 ante Fulham fue el primer test serio de resistencia. Suspendido.

El Liverpool nunca encontró el ritmo que exige su entrenador. Entró al partido frío, lento, sin esa electricidad habitual. Cuando intentó subir una marcha, ya estaba atrapado en un duelo espeso, incómodo. Fulham no solo se llevó su primer punto de la temporada: por momentos pareció tan cerca de ganar como el propio equipo local.

La racha de Iraola como técnico del Liverpool sigue invicta y, a nivel personal, su serie sin perder se alarga desde la primera semana de enero, enlazando su etapa en los Cherries con esta nueva aventura. Pero los datos recientes en Anfield son tozudos: dos partidos de Premier en casa, Nottingham Forest y Fulham, solo dos puntos. Muy poco para un aspirante.

En rueda de prensa, al ser preguntado si el cansancio explicaba el rendimiento, Iraola fue claro: «Al final, esta es la explicación más fácil, para mí, para ti, para todos: nuestros jugadores estaban cansados. Creo que hay una falta de frescura, definitivamente. No podemos esconderlo. Creo que es el peor cambio de un partido a otro, unas 60 y pico horas entre los encuentros, después de un partido muy grande el otro día. Pero esto va a pasar más veces, quizá con un día más, quizá».

El mensaje es evidente: el calendario no va a aflojar. Le tocará a Iraola encontrar respuestas tácticas, rotaciones y soluciones de vestuario para que el Liverpool no se quede corto cuando las piernas ya no den para sostener su idea.

Tottenham: millones invertidos, pero sin gol

En el norte de Londres, el problema es mucho más simple de describir… y mucho más difícil de resolver: Tottenham no marca. Y sin gol, no hay victorias. Así de crudo.

El equipo acumula 400 minutos sin ver puerta en la Premier League. Cero triunfos en liga esta temporada. Y no es por falta de talento creativo. Ante Everton, el campo estaba lleno de futbolistas capaces de generar ocasiones, de filtrar el último pase, de agitar defensas cerradas. Pero el que tiene que empujarla, el que debe vivir en el área, no apareció. O, como mínimo, no fue encontrado.

Dominic Solanke se ha vuelto imprescindible casi por descarte. Es el único nueve puro que tiene Roberto De Zerbi. Si está sano, tiene que jugar. No es una cuestión de gustos, sino de necesidad. El sistema pide un referente y solo hay uno.

Sin embargo, la realidad del partido contra Everton fue dura para él. Entre la falta de ritmo tras sus últimos problemas físicos y un equipo que no supo conectarle, Solanke ofreció muy poco como nueve. Apenas 19 toques en todo el encuentro. Menos que el propio portero, Kinsky. Una estadística que retrata el vacío ofensivo del Tottenham.

El club ha gastado millones para armar un proyecto ambicioso, moderno, atractivo. Pero sin un goleador que convierta la posesión en puntos, todo ese plan se queda cojo. La pregunta ya no es solo cuándo llegará el primer gol en liga, sino si este Tottenham tiene, dentro de su actual plantilla, a alguien capaz de asumir ese rol de killer que defina su temporada.