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Cole Palmer y su sorprendente regreso a la selección de Inglaterra

Ver a Cole Palmer destrozar defensas de la Premier League esta temporada invita a una pregunta incómoda: ¿en qué estaba pensando Thomas Tuchel? Ese toque de primeras, casi de callejón, para habilitar a Joao Pedro ante Fulham. Su propio disparo raso, quirúrgico, bajo el cuerpo de Bernd Leno. El cambio de ritmo antes de envolver el balón desde 20 metros y batir a Bart Verbruggen contra Brighton. La inteligencia para flotar en los márgenes del campo, esperar el descuido de la zaga de Hull y volver a regalar un gol a Joao Pedro.

Y, entonces, el pensamiento inevitable: ¿cómo no llevó Tuchel a este jugador al Mundial?

La respuesta es sencilla y demoledora: este Cole Palmer no existía la temporada pasada. Su bajón llegó en el peor momento posible. Venía de firmar 42 contribuciones de gol con Chelsea en 2023/24 y otras 32 en 2024/25. Cifras de estrella. Pero en 2025/26 se desplomó hasta solo 14 participaciones en gol, con apenas dos en los últimos 12 partidos del curso.

Nunca se recompuso del todo de la lesión de pubis que le destrozó el arranque de temporada. Tuchel no dejó fuera del Mundial a este Palmer que hoy deslumbra; dejó fuera a un futbolista irreconocible, muy lejos del que había marcado cuatro goles a Brighton el año anterior o del que había desarmado al PSG en la final del Club World Cup, justo en el estadio de New Jersey que un año después acogería la final del Mundial.

Si aquel Palmer de primavera hubiera estado sobre el césped, nadie duda de que habría tenido billete rumbo a Norteamérica. Tuchel incluso le abrió una puerta en marzo, durante el parón de selecciones, para que desafiara su mal momento de club. Pero Palmer se apagó en el 1-0 ante Japón en Wembley: sin confianza, sin ese primer control de velcro, con el gesto de alguien que sube las escaleras y olvida a qué iba.

¿Se arrepintió Tuchel de dejarlo fuera este verano? “No”, respondió. “Estuve muy contento con la elección de la plantilla. Tuve muchas noches sin dormir antes. Pero ni una sola por la selección final, porque estuve más de siete semanas con este grupo de jugadores y no fueron otra cosa que fantásticos”.

Ahora la puerta vuelve a abrirse. Palmer regresa a la selección para los próximos partidos de Inglaterra en la Nations League 2026/27, ante España, Croacia y Czechia. Tuchel lo explicó con frialdad de seleccionador y con la evidencia de los números: “Ha recuperado sus cifras. Ha recuperado las asistencias. Ha recuperado los goles decisivos. Por eso está en la lista, y creo que tiene un punto que demostrar”.

Y no solo ha recuperado los números. Ha recuperado el descaro. Se nota en ese balanceo particular cuando vaga entre líneas buscando la grieta, en la manera en que manda a un defensa por el camino equivocado con un simple amago de hombro, en esos pequeños sprints que desmienten su apariencia lánguida.

Cuesta encontrar hoy un futbolista parecido. Extremidades larguiruchas, codos y rodillas angulosos, pero siempre en equilibrio, como un insecto palo en misión especial. No encaja en el molde clásico del ‘10’ de élite. Ahí reside parte del magnetismo. Su creatividad tiene algo poco inglés: una capacidad para resolver problemas sobre la marcha, a pie de jugada, que lo convierte en un recurso distinto, casi imprescindible, para esta Inglaterra.

Su regreso no ha sido un regalo. Ha dejado fuera a nombres de peso. Phil Foden se cae de la lista pese a un inicio de temporada luminoso, empañado por la expulsión en el derbi de Manchester. Joshua King, del Fulham, estuvo sobre la mesa, pero no pasó el corte. Morgan Gibbs-White ha sido sobresaliente todo el año con Nottingham Forest y aun así sigue mirando la selección desde fuera.

Gibbs-White estuvo “especialmente cerca”, admitió Tuchel. “Vemos la forma en la que está Morgan y cómo terminó la temporada, muy, muy fuerte, siendo el jugador clave para que Forest no descendiera. Le vemos dar un paso adelante ahora. Pero no tiene sentido convocar tres, cuatro o cinco números 10. Eso no ayuda a nadie”.

La frase sonó a consuelo para uno y a advertencia para otro. Porque la llamada de Palmer llegó con un mensaje directo, que Tuchel se encargó de remarcar saliéndose del guion. “Una cosa es ser convocado, como en el caso de Cole, recuperar el billete para estar en la selección. Pero otra cosa es rendir con Inglaterra. Especialmente Cole: tiene que dar un paso al frente cuando venga y mostrar este tipo de cifras y este tipo de actuaciones para ganarse el puesto, para quedarse la camiseta, para justificar la decisión”.

Ahí está su siguiente frontera. Palmer solo ha marcado dos goles y repartido una asistencia en 14 partidos con Inglaterra. Podrá alegar que solo ha sido titular en seis de ellos. Ahora ya no tiene coartadas: llega en forma, sin molestias, con la cabeza despejada. Quizá por eso Tuchel duerme tranquilo con la decisión de haberlo dejado fuera del Mundial. El jugador que vemos hoy es, en buena medida, producto de aquel vacío: tiempo, frustración, rabia y una motivación que no se fabrica en ningún entrenamiento.

“El talento de Cole Palmer no hace falta discutirlo”, remató Tuchel. “Pero tiene que demostrarlo. Hay pasos que dar. El primero es ser convocado. El segundo es pelear y rendir al máximo nivel con esa camiseta”.

La siguiente jugada ya no está en la pizarra del seleccionador. Está en los pies, y en la cabeza, de Palmer.