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Colombia se impone a Ghana en Kansas City

En Kansas City, Colombia se siente en casa

Colombia ya no se esconde. En una noche pesada, pegajosa, de esas que vacían los pulmones, el equipo de Néstor Lorenzo venció 1-0 a Ghana en Kansas City y se metió en los octavos de final del Mundial. Un golpe silencioso pero firme de una selección que ha pasado de tapada a amenaza muy seria.

El único gol lo marcó Jhon Arias a los 14 minutos, empujando a la red un centro quirúrgico de Luis Suárez. A partir de ahí, el resto fue oficio, concentración y una madurez que explica por qué este equipo sigue invicto y ya tiene cita con Suiza en Vancouver.

Un cambio obligado, una sociedad inesperada

El partido apenas empezaba a tomar temperatura cuando llegó el primer giro. Jhon Córdoba pidió el cambio a los ocho minutos, aparentemente por una molestia en la ingle. Golpe duro en teoría, porque era la referencia fija en ataque.

Lorenzo miró al banco y mandó a la cancha a Luis Suárez. No estaba en el guion que él fuera protagonista tan pronto. Lo fue.

Seis minutos después, el recién ingresado atacó el costado, levantó la cabeza y dibujó un centro perfecto al segundo palo. Allí, solo, como si el tiempo se hubiera detenido, apareció Arias. Control mental, cero nervios. Colocó el pie y guió la pelota al rincón bajo, inalcanzable. Ventaja merecida. Gol de equipo que sabe a lo que juega.

Kansas City, sucursal de Barranquilla

El escenario terminó de inclinar la balanza. El partido era en Estados Unidos, pero se sintió a miles de kilómetros de allí. Más cerca de Barranquilla que de cualquier ciudad del Medio Oeste.

Decenas de miles de camisetas amarillas tiñeron las gradas. Una marea que no paró de cantar, bailar y agitar sombrero vueltiao para espantar el calor sofocante de 30 grados. Cada ataque colombiano levantaba un rugido. Cada recuperación, una ovación. Cada pase, una celebración mínima.

“Vamos Colombia, esta noche tenemos que ganar”, tronaba una y otra vez desde las tribunas. No era una súplica. Era una orden. El equipo la obedeció.

Ghana, 60 puestos por debajo en el ranking, jugó como visitante absoluto. Sin aire, sin espacio, sin silencio.

Colombia manda, Ghana resiste

En lo futbolístico, la diferencia fue clara. Colombia jugó con autoridad. Mandó en el ritmo, en la posesión y en la intensidad.

Luis Díaz fue un tormento constante. En el primer tiempo se quedó cerca con un disparo al lateral de la red. En el segundo, celebró lo que creyó el 2-0 tras empujar un centro de Arias, pero el festejo se cortó en seco: fuera de juego. La bandera lo devolvió a la realidad.

El equipo de Lorenzo no se conformó con el 1-0. Siguió presionando arriba, buscando el segundo tanto que cerrara la noche. Allí emergió la figura de Lawrence Ati-Zigi. El arquero de Ghana sostuvo a los africanos con varias atajadas de alto nivel en el tramo final, cuando Colombia olía sangre y la hinchada celebraba hasta los toques más simples, disfrutando del dominio.

Del otro lado, Antoine Semenyo fue el principal argumento ofensivo de Ghana. Se movió, buscó espacios, trató de ganar duelos. Nunca encontró una ocasión franca. La zaga colombiana, seria y bien parada, le negó cualquier disparo limpio. Esa disciplina defensiva explica buena parte del momento del equipo.

Una campaña que deja de ser sorpresa

Colombia ya había avisado en la fase de grupos. Terminó primera en el Grupo K, sin derrotas ante Portugal, Uzbekistán y DR Congo. Lo hizo sin estridencias, pero con una solidez que ahora empieza a ser imposible de ignorar.

Con este triunfo se convierte en la cuarta selección sudamericana en meterse en octavos, junto a la sorprendente Paraguay —que dejó fuera a Alemania— y las siempre examinadas Brasil y Argentina, ambas obligadas a sufrir para seguir con vida.

El techo histórico de Colombia en un Mundial está en los cuartos de final de 2014. Hoy, el equipo parece preparado para discutir ese límite.

El próximo examen será el martes, en Vancouver, frente a Suiza. Otro escenario neutro que, visto lo visto en Kansas City, difícilmente lo será tanto si el amarillo vuelve a tomar las tribunas.

La pregunta ya no es si Colombia puede competir con cualquiera. La verdadera duda es hasta dónde está dispuesta a llevar esta racha invicta en un Mundial que, de a poco, empieza a mirarla con respeto.