Cristiano Ronaldo: El fenómeno que desafía los límites del fútbol
Cuando el acuerdo con Sporting se cerró en 2003, en Old Trafford sabían que fichaban talento. Mucho talento. Pero casi nadie imaginaba que aquel extremo flaco, de regate eléctrico y pendientes brillantes, acabaría convertido en un fenómeno global que rompería todas las fronteras del fútbol moderno.
Hoy, con 41 años, Cristiano Ronaldo sigue corriendo como si el reloj fuese un adversario más. Lo hace en la Saudi Pro League, con la camiseta de Al-Nassr, donde ha añadido otro título doméstico a una vitrina que ya lucía campeonatos con Manchester United, Real Madrid y Juventus. Cada gol que marca obliga a reescribir los libros de récords; cada temporada que alarga su carrera desafía la lógica del deporte de élite.
El objetivo que persigue ahora roza lo inhumano: acercarse a los 1.000 goles oficiales. Una cifra de videojuego en una trayectoria que ya incluye cinco Balones de Oro y varias Champions League. Nada de eso llegó gratis. Nada de eso llegó sin golpes, sin caídas, sin aprender muy pronto a levantarse y mirar siempre hacia la cima.
El niño al que se le pegaba en los entrenamientos
Eric Djemba-Djemba, uno de aquellos compañeros de vestuario en los primeros pasos de Cristiano en Manchester, lo recuerda con una claridad casi física. Habló con GOAL, en declaraciones recogidas gracias a Betinia NJ, y dibujó la escena de los entrenamientos en Carrington: un chaval que no dejaba de pedir el balón… y un vestuario veterano que no regalaba ni una concesión.
“Estoy tan feliz por él porque quiere estar ahí, siempre quiere ser el primero, siempre quiere estar ahí ganando el partido, ganando el entrenamiento”, recordó el camerunés.
Los días eran duros. Muy duros. Gary Neville entraba fuerte. Roy Keane, más. Las patadas volaban. El joven portugués acababa en el suelo una y otra vez.
“Recuerdo los entrenamientos, la gente podía entrarle fuerte todo el tiempo –Gary Neville, Roy Keane, le entraban–, pero él estaba ahí, lloraba, pero se levantaba, seguía corriendo, y estoy feliz por él, se lo merece”, añadió Djemba-Djemba.
Ahí empezó a forjarse el jugador que no se rinde, el competidor que no acepta otra cosa que no sea ganar. El talento estaba, pero el carácter se templó a base de choques en la Premier y lágrimas en el césped de entrenamiento.
Un “robot” con fecha abierta
A los 41, el debate ya no es cuánto le queda, sino hasta dónde quiere llegar. Djemba-Djemba lo tiene claro: el límite está mucho más lejos de lo que dicta la norma para un futbolista profesional.
“Creo que puede llegar a los 44, 45, Cristiano puede hacerlo, tiene energía para eso”, afirmó. Y remató con una etiqueta que se ha repetido tantas veces que casi parece literal: “Es increíble. No sé cómo lo hace, pero es un robot, ¡es increíble! Creo que Cristiano puede llegar hasta los 44, fácilmente”.
El excentrocampista matiza, eso sí, el escenario. Alargar el cuerpo hasta los 44 es una cosa; sostener a la vez la exigencia de un club y de una selección nacional, otra muy distinta. Las dobles ventanas de partidos, los viajes, los torneos cortos de máxima intensidad… el peaje físico se multiplica.
Por eso duda de que pueda estirar tanto la cuerda en ambos frentes. Pero cuando se trata de Ronaldo, cualquier pronóstico suena frágil. Su carrera se ha construido precisamente sobre la costumbre de desmentir límites.
¿Un último baile mundialista en casa?
La idea que sobrevuela, sin embargo, es demasiado poderosa como para descartarla. Un séptimo Mundial. Y no uno cualquiera: el de 2030, el que tendrá a Portugal como una de las sedes junto a España y Marruecos.
Djemba-Djemba no necesita pensarlo demasiado. Si Cristiano llega a 44 años todavía en activo, ve claro el guion.
“Creo que si Cristiano llega a los 44, y en cuatro años el Mundial está en Portugal, si Cristiano sigue jugando, pienso que sería una buena última competición para que termine su carrera en Portugal con el Mundial”, explicó.
La imagen se dibuja sola: Ronaldo, capitán o no, pero presente en la convocatoria, jugando su último gran torneo ante su gente, cerrando el círculo donde empezó todo, con la camiseta de su país.
“Estoy seguro de que en Portugal dirán que sí al seleccionador para llevarle, para que esté en la plantilla. Yo lo haría por él, le llevaría en la plantilla para decirle gracias por todo lo que hizo por su país”, remató el exjugador.
El fútbol no suele conceder finales perfectos. Pero Cristiano ha convertido lo improbable en rutina desde aquel primer día en Manchester. La pregunta ya no es si puede desafiar otra vez a la historia, sino cuántas veces más piensa hacerlo antes de colgar, por fin, esas botas que llevan dos décadas cambiando el juego.






