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De la Fuente y la final: España lista para el desafío

De la Fuente respira: Yamal llega al límite, pero llega

Luis de la Fuente salió del vestuario con una sonrisa contenida, de esas que mezclan alivio y ambición. España acababa de tumbar 2-0 a Francia en semifinales del Mundial y el país entero contenía la respiración por una imagen: Lamine Yamal, cojeando en varios tramos del partido.

El seleccionador fue directo. Nada de dramatismos.

Según los primeros informes médicos, el joven del Barcelona no sufre ninguna lesión de gravedad y estará listo para la final del domingo. Las molestias que se le vieron sobre el césped no pasan, por ahora, de un susto. Buenas noticias para una selección que se ha acostumbrado a vivir al ritmo de su zurda.

El que sí preocupa algo más es Pedro Porro. El lateral del Tottenham terminó con problemas musculares y tuvo que ser sustituido por Marcos Llorente en el minuto 85. De la Fuente lo explicó con naturalidad: sobrecarga, fatiga, el peaje de un torneo que exprime a todos. El cuerpo técnico seguirá su evolución en las próximas horas, pendiente de cualquier señal que ponga en riesgo su presencia en el último partido.

Un triunfo que no fue casualidad

Más allá del parte médico, el técnico quiso poner el foco en lo que acababa de conseguir su equipo: desactivar a los campeones del mundo de 2018 y plantarse en una final que confirma la madurez de un grupo que ya no sorprende, se impone.

De la Fuente habló con orgullo de la evolución táctica y física de la selección. Insistió en que lo vivido ante Francia no fue un golpe de fortuna, sino el reflejo de un trabajo profundo y de un talento que viene de lejos, de la estructura del fútbol español, de años de formación y de una ética diaria que se ve en cada partido.

Reconoció que esta España le sigue sorprendiendo por su techo, que todavía no ve. Que el margen de mejora es enorme. Recordó incluso el primer partido del torneo, ese que habrían querido ganar para firmar otro récord más. No sucedió, pero el equipo llega ahora en “estado de forma fantástico”, tanto en el juego como en lo físico. Y eso, a estas alturas, vale oro.

España en la cima… pero sin relajarse

El seleccionador no escatimó elogios hacia sus futbolistas. Habló de ellos como un grupo que ha alcanzado la cúspide del fútbol de selecciones. Un bloque que entiende el juego como pocos, que se adapta, que compite, que no se arruga cuando el escenario exige carácter.

Para De la Fuente, los jugadores españoles son los que mejor interpretan el fútbol en el mundo. No lo atribuye a una generación espontánea, sino al trabajo acumulado de entrenadores y clubes, a un modelo que ha ido puliendo talento hasta convertirlo en una seña de identidad.

Pero en su discurso no hubo ni rastro de complacencia. “Estamos felices, pero no satisfechos” fue la idea que sobrevoló cada frase. El mensaje es claro: lo conseguido es enorme, lo que viene es todavía más duro. La final no se celebra, se gana. Y si no se gana, al menos se compite hasta el límite.

La mirada del técnico se detiene en el camino, no en la foto del día. Valora el viaje, las etapas superadas, la forma en que el grupo ha ido creciendo partido a partido. De ahí, dice, nace la fortaleza mental que hoy sostiene a España en la élite.

Una llamada desde la Zarzuela y un país en la calle

La dimensión del logro quedó subrayada por un gesto simbólico: la llamada del Rey Felipe VI al vestuario para felicitar al equipo. No fue un simple protocolo. Para el seleccionador, que lo relató con emoción contenida, es un honor que la jefatura del Estado siga de cerca el día a día de la selección, que se interese, que anime, que esté presente en un momento así.

De la Fuente se detuvo en otra imagen: la de un país volcado en las calles, generaciones enteras compartiendo una misma ilusión, enganchadas a un equipo que compite con una actitud “ejemplar”. Esa conexión con la grada, con la gente, forma parte también de la obra que quiere dejar este grupo.

El reto final

Ahora, el horizonte se estrecha: una sola noche, un solo partido, un título mundial en juego. España se enfrentará en la final a Inglaterra o Argentina, con el recuerdo de 2010 flotando en el ambiente y la posibilidad real de repetir aquella gesta.

El seleccionador lo tiene claro: hay que disfrutar este momento, pero sin perder de vista que “el paso más difícil” es el último. El que separa a los equipos notables de los inolvidables. Y esta España, por juego, carácter y ambición, parece decidida a pertenecer al segundo grupo.