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De Zerbi reacciona tras la derrota del Tottenham ante Aston Villa

Roberto De Zerbi salió del césped con el gesto torcido y la mirada perdida. Se fue directo al túnel, sin mirar atrás. Detrás de él, una banda sonora conocida: los abucheos. El Tottenham se marcha al parón de selecciones sin una sola victoria en la Premier League y con solo dos puntos. La derrota por 3-2 ante Aston Villa no fue solo un golpe en la tabla. Fue un golpe a la paciencia del técnico italiano.

“Estoy muy decepcionado, triste y frustrado por la actuación”, lanzó De Zerbi después del partido. No levantó la voz, pero cada frase fue un dardo. “No podemos perder el partido de esta manera, no podemos encajar el segundo gol, no podemos perder el equilibrio solo porque vamos perdiendo”.

El encuentro se le escapó al Tottenham en esos minutos en los que la cabeza pesa más que las piernas. De Zerbi lo sabía. Lo había intentado frenar. “Hablé con nuestros cuatro atacantes en el minuto 51, les pedí que usaran la cabeza, toda la segunda parte estuve diciendo a la gente que estuviera tranquila. Pero el segundo gol fue increíble.”

El segundo gol que lo desató todo

El tanto que encendió la furia del italiano llegó en el minuto 67. Jackson corrió al espacio, leyó a la perfección un saque largo del sobresaliente Zion Suzuki y castigó a una defensa que se quedó mirando. Un pelotazo, una carrera, un gol. Demasiado sencillo para un equipo que se prepara a nivel de élite.

Ahí tocó una fibra especialmente sensible en De Zerbi, que insistió en que no fue una sorpresa táctica, sino una desconexión imperdonable. “Sabíamos que esta temporada Aston Villa está jugando un 86% más de balones largos que la pasada y lo hablamos en muchas reuniones”, recordó. La estadística no era un detalle menor, era parte del plan de partido. No se ejecutó.

El técnico enlazó enseguida esta derrota con otra herida reciente: la caída en casa ante Newcastle. El patrón le obsesiona. “Ahora tenemos que explicar otro partido como el contra Newcastle, donde jugamos bien la primera parte, llegamos al minuto 60 bien… y luego perdemos”. El problema ya no es un accidente. Es un hábito.

Señalados el físico, la cabeza… y un cambio

De Zerbi no se quedó solo en la pizarra. Fue más allá. Cuestionó la mentalidad y también el estado físico de sus jugadores. Y apuntó directamente a un nombre propio: Mohammed Kudus. El ghanés entró desde el banquillo y, según su entrenador, rompió el hilo del equipo.

Sin rodeos, el italiano explicó que el cambio alteró el equilibrio del conjunto. No lo culpó del resultado, pero sí de haber descompensado una estructura que hasta entonces, según su lectura, se mantenía viva en el partido. En un equipo que ya tiembla cuando el marcador se tuerce, cualquier detalle táctico se convierte en una grieta.

“Nosotros no podemos perder el equilibrio solo porque vamos perdiendo”, repitió. La frase sonó a diagnóstico y a advertencia.

Silencio antes del parón

Con el vestuario todavía caliente, De Zerbi tomó una decisión poco habitual: no hablar con sus jugadores. Nada de discursos de rabia, ni de arengas antes de que cada uno volara con su selección. “No hablé con los jugadores hoy porque no quería decir nada”, admitió.

La pausa de tres semanas llega en un momento incómodo. Los que se marchan con sus selecciones lo harán con la mochila emocional de un arranque pobre. Los que se quedan, con trabajo extra. “Los jugadores que van con la selección tienen que jugar y trabajar y los otros; seguro que tenemos que trabajar más porque no me gustó el final de este partido”, avisó.

De Zerbi no quiso pintar todo de negro, pero tampoco se refugió en excusas. “No podemos decir que todo es malo, pero no es suficiente”. La frase define bien el estado del Tottenham: lejos del desastre absoluto, pero aún más lejos de un equipo fiable.

Emery recupera el sello de Aston Villa

En el otro banquillo, Unai Emery vivió una tarde muy distinta. Para Aston Villa, este 3-2 supone la primera victoria de la temporada en la Premier League y algo todavía más importante: la sensación de volver a reconocerse.

“Los jugadores lo hicieron bien porque creyeron”, resumió Emery. No fue un partido brillante con balón durante los 90 minutos, pero sí uno que encajó con la idea que el técnico ha instalado en el club en los últimos años.

“Necesitábamos construir un equipo que pudiera jugar de esta manera, que pudiera defender con resiliencia y jugar con pasión cuando nuestros rivales atacaban”, explicó. No habló solo de los centrales o del portero. Habló de todos. “Necesitábamos defensas, necesitábamos al portero, necesitábamos a todos comprometidos en esa dirección. Necesitábamos sentirnos fuertes primero, luego ya podríamos intentar jugar con nuestra estructura y nuestra habilidad. Esta es la manera competitiva.”

La victoria, con Jackson aprovechando el juego directo y Zion Suzuki imponiéndose desde atrás, refuerza esa idea de bloque resistente, solidario, capaz de sufrir y golpear cuando el rival se descompone. Justo lo contrario de lo que mostró el Tottenham.

Mientras el parón internacional congela la tabla durante tres semanas, la pregunta queda flotando sobre Londres norte: ¿será este toque de atención el punto de inflexión que necesita el equipo de De Zerbi, o solo el preludio de una temporada que puede hacerse muy larga?