Dean Huijsen: La nueva promesa del Real Madrid
En una noche torcida para el Real Madrid, con derrota y dudas, apareció una certeza con el dorsal 4 a la espalda: Dean Huijsen sí está preparado.
El equipo se estrelló una y otra vez contra el muro verdiblanco y contra un inspirado Vieites, sin filo arriba, sin claridad en los metros finales. Pero atrás, en plena tormenta, el central llegado desde Málaga se adueñó de la zaga con una autoridad poco habitual para su edad. En un partido que dejó caras largas, su actuación se convirtió en una de las escasas razones para salir de La Cartuja con algo de optimismo.
El peso del 4 y una mentalidad nueva
En el club lo repiten: Huijsen no es el mismo que arrancó la temporada. El diario “Marca” subraya ese cambio de mentalidad, una dureza competitiva mayor, una fiereza que no se negocia. No es casualidad. Heredó el 4 de David Alaba, un número que para él arrastra nombres mayúsculos: Sergio Ramos, Fernando Hierro. No es solo una cifra en la espalda, es un listón.
Él mismo lo dejó claro al inicio del curso: “Lo que tengo claro es que voy a darlo todo cada día, sea en los entrenamientos o en los partidos”. En La Cartuja, pese al marcador, honró palabra por palabra esa promesa.
Cerrar a Cucho, apagar a Antony
Su misión principal tenía nombre y apodo: Juan “Cucho” Hernández. Y la cumplió con nota alta. El colombiano apenas pudo recibir cómodo en el área. Cada intento de pase hacia él encontraba la pierna, el cuerpo o la anticipación de Huijsen.
Betis buscó a su referencia ofensiva entre líneas, tratando de sacarlo de la cueva. El central blanco leyó esos movimientos con frialdad, cortó balones con una precisión quirúrgica y, cuando hubo que correr hacia atrás, ganó por velocidad. Ni un gesto de pánico, ni una mirada de duda.
El partido también le puso delante a Antony en un duelo cargado de tensión. El brasileño, uno de los jugadores más desequilibrantes del conjunto andaluz, se topó con un Huijsen que no reculó ni un metro. Choques, miradas, duelos al límite. El joven central no se escondió.
Más que un muro: personalidad con balón
Lo que terminó de elevar su actuación por encima del aprobado no fue solo su defensa. Fue la personalidad con la pelota. Junto a Arda Güler, se convirtió en lo mejor del Real Madrid: valentía para ofrecerse, calma en la recepción, criterio en cada decisión.
No se limitó a despejar. Inició juego, rompió líneas con pases medidos, eligió cuándo arriesgar y cuándo pausar. Parecía un veterano disfrazado de canterano.
Y hasta rozó el papel de héroe inesperado. En el minuto 11, tras subir a rematar un córner, obligó a Vieites a sacar una mano decisiva en un remate a bocajarro. En esa misma acción, su cabezazo terminó estrellándose en el larguero. Centímetros que cambian historias.
Ya en la segunda parte, robó arriba, en campo rival, y generó una ocasión que estuvo cerca de convertirse en asistencia para Kylian Mbappé. Si esas dos jugadas acaban dentro, hoy se hablaría de una noche consagratoria.
Una pareja en construcción con Konaté
A su lado, Ibrahima Konaté cumplió sin llegar a su nivel. El francés sacó adelante su trabajo defensivo, pero se le vio menos seguro, tanto con balón como sin él. Correcto, sí, pero lejos de la contundencia de su compañero.
La diferencia de sensaciones entre ambos fue evidente. Huijsen aparece ya asentado, creciendo partido a partido. Konaté, en cambio, necesita minutos, ritmo, continuidad con la camiseta blanca para alcanzar su techo.
La buena noticia para el Real Madrid es que, en una línea defensiva señalada en las últimas temporadas como el talón de Aquiles del equipo, Huijsen se ha convertido en la gran ganancia. Un central que, en noches como esta, devuelve confianza a la retaguardia.
Persiguiendo a sus referentes… y a la selección
Cada actuación sólida acerca un poco más a Huijsen a la categoría de líder defensivo. Actúa como si el 4 pesara, pero no le aplastara. Al contrario: lo impulsa. Sus partidos empiezan a recordar, en carácter y presencia, a los de las leyendas que él mismo toma como espejo.
En el horizonte tiene un objetivo muy concreto: recuperar su sitio en los planes de Luis de la Fuente tras quedarse fuera de la lista del Mundial que acabó levantando España. No lo esconde, lo persigue a base de actuaciones como esta.
Cada balón que roba, cada duelo que gana, cada noche complicada en la que se agiganta, lleva el mismo mensaje: está listo para algo más. La pregunta es cuánto tardará en convertir esa sensación en un estatus indiscutible, tanto en el Real Madrid como en la selección.






