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Enzo Le Fée se redime en el Gtech: penalti y empate para Sunderland

Enzo Le Fée volvió al punto de penalti en el Gtech Community Stadium y esta vez no tembló. Minuto 82, 1-0 abajo, el recuerdo todavía fresco de aquel ridículo panenka fallado la temporada pasada en el mismo escenario. El francés respiró hondo, engañó a Caoimhin Kelleher y rescató un empate 1-1 para un Sunderland que se negó a caer de rodillas ante Brentford.

El contraste con enero no pudo ser mayor. Entonces, el equipo de Régis Le Bris salió vapuleado. Esta vez, salió con cicatrices, sí, pero también con un punto y una actuación que habla de personalidad.

Un primer tiempo de dominio… y frustración

Sunderland mandó en la primera parte con una autoridad que sorprendió a la grada local. A los ocho minutos, Dan Ballard creyó adelantar a los visitantes con un remate raso y preciso al rincón. Silenció el estadio. Pero no al VAR.

Tras una revisión larga, casi teatral, la tecnología dictó sentencia: Kevin Danso, en su debut, estaba en fuera de juego y bloqueaba la visión de Kelleher. Gol anulado. Aviso para Brentford.

El golpe no frenó a los de Le Bris. Al contrario. Granit Xhaka se adueñó del centro del campo, imponiendo físico y criterio, mientras las carreras de Thomas Meunier y Nilson Angulo destrozaban la espalda de la defensa local. Brentford no encontraba respuestas, solo parches.

Para colmo, Keith Andrews perdió a su capitán Nathan Collins antes del minuto 20, tras un choque con Noah Sadiki. Un problema grave para un equipo que ya sufría. Y pudo ser peor de inmediato: Le Fée cazó un balón suelto en el área y reventó el poste con un derechazo desde diez metros. Kelleher solo pudo mirar.

Sunderland olía sangre. Meunier tuvo otra ocasión clara, pero su disparo de primeras fue directo a las manos del recién entrado Jannik Schuster. Una oportunidad malgastada que empezaba a dibujar un guion peligroso: dominio sin premio.

Brentford se fue al descanso casi aliviado. Había sobrevivido a base de rebotes, postes y decisiones arbitrales. No podía seguir así.

El giro de Andrews y el latigazo de Janelt

Andrews reaccionó con decisión en el descanso. Tres cambios de golpe. Una sacudida al sistema y al ánimo. Y funcionó.

De repente, fue Sunderland quien se vio acorralado. Sin salida, sin líneas de pase, obligado a retroceder cada vez más cerca de su área. El balón, ahora, era de Brentford. La presión, también.

El gol llegó poco antes de la hora de juego. Nordi Mukiele pareció solucionar un centro peligroso con un buen despeje de cabeza, pero nadie en camiseta azul acudió al segundo balón. Vitaly Janelt sí. El alemán avanzó sin oposición hasta la frontal, armó la pierna y conectó una volea perfecta, directa a la escuadra. Imparable.

El Gtech despertó. Sunderland acusó el golpe. Durante varios minutos, el 2-0 pareció cuestión de tiempo.

Keane Lewis-Potter tuvo la sentencia en sus botas. Se encontró con un balón franco en el área, pero su volea salió mordida, botó en el césped y se marchó por encima del larguero. Más tarde, Anthony llegó a marcar, pero el árbitro le castigó por arrebatar el balón de las manos del portero Robin Roefs. Otra ocasión desperdiciada.

Brentford jugaba con fuego. Sunderland, tocado pero no hundido, seguía vivo.

El penalti, la polémica y la catarsis de Le Fée

El tramo final se convirtió en una cuestión de nervios. Kelleher sostuvo a los suyos con una buena estirada a un libre directo de Wilson Isidor, que ya avisaba de lo que estaba por venir.

A falta de diez minutos, el partido dio un nuevo giro. Isidor cayó en el área con las manos de Lewis-Potter sobre él. El colegiado señaló penalti. La decisión pareció generosa, una de esas acciones grises que encienden a un banquillo y resignan al otro. Pero la pena máxima no se movió del marcador.

Y allí, de nuevo, Enzo Le Fée. Mismo estadio, mismo punto de cal, otro año, otra historia. Esta vez no hubo frivolidades. Carrera corta, mirada fija, disparo seco. Kelleher a un lado, el balón al otro.

Gol. Empate. Y una liberación evidente para el centrocampista, que saldó una vieja deuda con este campo y con sí mismo.

Brentford, que había acariciado los tres puntos tras el descanso, se quedó con la sensación de haber dejado escapar una victoria que parecía encarrilada. Sunderland, que había dominado el primer acto y sufrido en el segundo, se marchó con un punto y la impresión de haber crecido en madurez.

Un empate que no decide nada en la tabla, pero sí deja una pregunta en el aire: ¿cuánto puede impulsar a Sunderland una noche en la que transformó un viejo fantasma en un nuevo punto de partida?