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Everton logra una victoria ajustada y Newcastle se reafirma

En Goodison Park no hubo paseo. Hubo alivio. Everton venció 1-0 a Ipswich en un partido que se le hizo mucho más largo de lo previsto, incluso jugando contra 10 hombres.

David Moyes lo resumió sin adornos al micrófono de BBC Sport: hubo “buenos momentos y no tan buenos momentos”. Su equipo generó ocasiones claras, pero falló el golpe definitivo. Ipswich resistió, se cerró bien y nunca pareció un rival cómodo. El 1-0 supo más a trabajo cumplido que a exhibición.

La superioridad numérica, lejos de relajar, apretó a Everton. Jugar contra 10 siempre trae una trampa: si no matas el partido, el reloj se vuelve enemigo. Moyes lo reconoció. Si hubiera llegado el segundo gol, el encuentro habría cambiado de tono. No llegó. Ipswich se agarró al resultado, se mantuvo en pie y, con ese margen mínimo, se permitió empujar a los locales en el tramo final.

La polémica apareció con el gol anulado a Everton. Moyes no escondió su frustración, pero tampoco cargó con violencia contra el colegiado. Habló de lo que más irrita a cualquier entrenador: la falta de uniformidad. “Nos encantaría tener consistencia”, reclamó. Admitió que Brennan Johnson estaba en fuera de juego, pero dejó la duda clave en el aire: ¿realmente impidió al portero? Para él, el guardameta no habría podido detener el cabezazo en cualquier caso. El gol, sin embargo, no subió al marcador.

En el otro área, Thierno Barry sí vio premiado su intento. ¿Quiso exactamente lo que salió? Moyes fue sincero: no lo sabe, no lo ha vuelto a ver. Pero el matiz importa poco para un delantero. “Los atacantes aceptan los goles como vengan”, recordó el técnico. Lo que cuenta es que la pelota entró y que Barry suma confianza, minutos y argumentos para seguir en el once.

Moyes insistió en la idea de grupo. Un vestuario cerrado, compacto, pensado para resistir semanas como esta, en las que se exige pelear en copa y en liga al mismo tiempo. “Queríamos que fuera así y lo usaremos a nuestro favor”, explicó. El técnico habló de “una semana bastante buena” y felicitó a sus jugadores. No fue brillante, pero sí sólido. En Goodison, hoy, eso valió oro.

Newcastle responde al golpe y se agarra a su identidad

En St James’ Park, la historia fue distinta, pero el pulso emocional, parecido. Newcastle se levantó tras la derrota ante Leeds y derrotó 2-1 a Hull con una actuación de dos caras: un primer tiempo dominante y un cierre a base de resistencia y carácter.

Matthias Jaissle, todavía en pleno aterrizaje como técnico del club, salió satisfecho. Habló de “reacción increíble” tras el tropiezo anterior. Su equipo arrancó con furia, marcó el ritmo y pudo sentenciar con un tercer gol antes del descanso. No lo hizo. Y lo pagó con un final áspero, de piernas pesadas y área propia convertida en trinchera.

La clave, para el alemán, estuvo en la actitud. Nueve bajas condicionaban el plan, el banquillo y las alternativas. Con ese contexto, la primera parte fue casi perfecta: Newcastle mandó, jugó en campo rival y desbordó a Hull. El tercer gol, ese que “podría haber matado el partido”, nunca llegó. Y el choque cambió de tono.

Con el paso de los minutos, la energía se diluyó. Hull creció, el físico empezó a pasar factura y el encuentro se convirtió en un ejercicio de supervivencia. Ahí apareció lo que más enorgulleció a Jaissle: la defensa del área propia. Once camisetas negras y blancas metidas atrás, bloque compacto, despejes, segundas jugadas, todos “comprometidos y luchando por los tres puntos”, como subrayó el entrenador.

No fue un final vistoso. Fue un final útil.

Jaissle no esconde el contexto: habla de “gran transición” dentro del club, de desafíos que ya se intuían desde fuera y que ahora vive desde dentro. Aun así, se declara “realmente satisfecho” con el arranque, con la entrega del vestuario y con la forma en que el grupo se ha abrazado a la idea de viaje común.

El siguiente paso está claro: parar, revisar, recuperar efectivos. “Ahora es momento de reflexionar y, ojalá, de recuperar jugadores lesionados”, apuntó. Porque si Newcastle muestra esta intensidad con nueve ausencias, ¿qué techo tendrá cuando el técnico disponga, por fin, de todas sus piezas?