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Francia contra Marruecos: el Mundial revive una vieja herida

El primer cruce de cuartos de final del Mundial 2026 ya tiene cartel, y es de los que pesan: Francia contra Marruecos, reedición de las semifinales de la última Copa del Mundo. Jueves 9 de julio, todo preparado para que vuelva a abrirse una cicatriz que nunca terminó de cerrarse.

Marruecos llega con historia bajo el brazo. Se ha convertido en la primera selección africana en alcanzar los cuartos de final en dos torneos distintos, un hito que confirma que lo de 2022 no fue un accidente, sino la construcción de un proyecto. Su billete lo selló con autoridad: 3-0 a Canadá, un marcador que habla de jerarquía y oficio en un escenario donde antes solo soñaba con competir.

Al otro lado espera una Francia que sufrió mucho más. Se impuso 1-0 a Paraguay, un resultado corto, trabajado, casi áspero. Un partido de barro, decidido por el de casi siempre: Kylian Mbappé.

Mbappé, récord tras récord… y un mensaje

El gol de Mbappé no fue uno más. Con ese tanto alcanzó los 19 goles en Copas del Mundo, una cifra que lo coloca en un territorio reservado a unos pocos elegidos. Hay un dato que lo separa de todos: suma ya 11 goles en fases eliminatorias, el mayor registro en la historia del torneo. Cuando el margen de error es mínimo, aparece él.

El duelo ante Paraguay fue, hasta ahora, el examen más duro para los de Didier Deschamps. El conjunto sudamericano se plantó con un plan clarísimo: cortar el juego, morder en cada duelo, reducir al mínimo el espacio para las estrellas francesas. Patadas, faltas tácticas, agarrones. Un partido jugado al límite, donde la fluidez del ataque bleu apenas encontró aire.

La tensión se notó en cada choque, en cada protesta. Saltaron chispas entre jugadores y también entre los banquillos. El encuentro se fue calentando a medida que Paraguay lograba su objetivo principal: incomodar, enfriar, desesperar.

Hasta que llegó la jugada que lo cambió todo.

Un penalti, un cuarto seguido y una Francia más áspera

En la segunda parte, Désiré Doué forzó un penalti clave. No fue solo una acción aislada, sino la grieta que Paraguay llevaba todo el partido intentando evitar. Esa decisión arbitral marcó la diferencia y abrió la puerta a algo que ya es costumbre: Francia estará en cuartos de final por cuarta Copa del Mundo consecutiva.

Mbappé transformó la ocasión y, con ello, reforzó su dominio en este Mundial. Comparte el liderato de la tabla de goleadores con Lionel Messi, ambos con siete tantos en el torneo. En un escenario donde cada detalle pesa, el francés vuelve a demostrar que su impacto en los grandes partidos no tiene equivalente en la era reciente.

Tras el encuentro, el capitán no se escondió. Habló claro sobre el tipo de batalla que acababa de disputar Francia y lanzó una advertencia que ya divide tertulias y redes: si hay que bajar al barro, bajarán.

“Si tenemos que ensuciarnos las manos, nos las ensuciaremos. Paraguay pensó que íbamos a venir de esmoquin, a jugar bonito, al ataque. Sabemos jugar sucio también, y así jugaron ellos”, declaró Mbappé ante los medios. Un mensaje directo, sin maquillaje, que retrata a una Francia menos estética, pero más pragmática y feroz.

Paraguay apostó por aguantar, por desgastar, por estirar el partido hasta una tanda de penaltis donde todo se iguala. El plan se sostuvo durante muchos minutos, pero se vino abajo en el punto fatídico. Ahí, la diferencia de jerarquía se hizo evidente.

Marruecos en el horizonte: revancha, carácter y historia

Ahora, el foco se desplaza inevitablemente hacia Marruecos. Una selección que vuelve a irrumpir en la élite mundial y que ya sabe lo que es mirar a los ojos a Francia en una semifinal. El recuerdo de aquel cruce anterior sigue fresco en ambos vestuarios.

Mbappé afronta el reto con la misma obsesión que lo ha acompañado desde el inicio del torneo: volver a una semifinal y acercarse a algo que nadie ha logrado en la historia moderna del fútbol de selecciones, disputar una tercera final consecutiva de Copa del Mundo con el mismo país.

Francia llega con cicatrices, pero también con un mensaje: no solo sabe ganar desde el talento. También sabe sufrir, resistir y responder a los partidos que se juegan más con los dientes que con los pies.

Marruecos, con su condición de pionero africano y un bloque en plena madurez competitiva, aparece como mucho más que un invitado incómodo. Es un rival que ya ha demostrado que puede derribar jerarquías.

El escenario está montado. Un gigante europeo que no renuncia a nada. Un aspirante que ya no se ve como sorpresa, sino como candidato. Y en medio, Mbappé, empeñado en reescribir lo que parecía inalcanzable. ¿Hasta dónde le alcanzará esta vez?