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El futuro de Jack Grealish en el City: Maresca abre la puerta

Enzo Maresca apenas se ha sentado en el despacho grande del Etihad y ya tiene sobre la mesa uno de los primeros asuntos delicados de su mandato: el futuro de Jack Grealish. El italiano no cerró la puerta a que el internacional inglés continúe en Manchester City, pese al interés insistente de Everton por recuperarlo.

El contexto no es menor. Grealish, fichado por 100 millones de libras, viene de una cesión en Everton en la que, antes de romperse, dejó huella. Dos goles ganadores en los minutos finales, seis asistencias y la sensación de que, por fin, había encontrado un escenario donde mandar con el balón en los pies. Todo eso se frenó en seco en enero, en el 1-0 en casa de su exequipo Aston Villa, cuando una fractura por estrés en el pie le cortó la temporada.

Desde entonces, Grealish vivió a caballo entre la camilla y el gimnasio en Finch Farm. No volvió a jugar, pero se quedó en la ciudad deportiva de Everton hasta que el préstamo expiró el mes pasado. El vínculo con el vestuario de los ‘Toffees’ se mantuvo, y en Goodison Park —y en Hill Dickinson Stadium, su hogar provisional— no esconden que quieren verle de azul otra vez.

Mientras tanto, el jugador ya ha regresado a su club de origen. En Manchester City continúa la recuperación y se acerca, paso a paso, al regreso a los entrenamientos completos. Y allí se ha reencontrado con un rostro familiar.

Maresca conoce bien a Grealish. Fue asistente de Pep Guardiola antes de emprender su camino como primer entrenador en Leicester City y Chelsea. Ahora, ya como heredero directo del banquillo que marcó una era, el italiano se ha encontrado con un viejo conocido en un contexto nuevo: él como jefe, Grealish como interrogante.

En su primera rueda de prensa como técnico del City, Maresca fue claro, pero dejó espacio a la interpretación. «En este momento, está aquí. Es jugador del Man City», subrayó. No hubo guiños, ni promesas, pero sí una declaración de principios: «Siempre he dicho lo mismo. En cualquier club al que llego, me gusta saber qué jugadores pertenecen al club. Es mi deber intentar entrenarlos».

El mensaje se endurece y se humaniza a la vez cuando habla del propio futbolista: «Jack está aquí. Tengo una buena relación con Jack desde que me fui. Además, seguimos en contacto, y la razón es que tiene un gran corazón y es un tipo muy bueno. Por eso». Y, después de esa defensa pública, la frase que mantiene viva cualquier escenario: «Y luego veremos qué pasa».

Ahí se abre el juego. En Everton existe el deseo firme de repetir la historia. En el club están convencidos de que, del lado del jugador, también hay voluntad de volver. La conexión con la grada, el rol protagonista y la confianza que encontró antes de la lesión pesan mucho.

Pero hay una condición innegociable: primero, Grealish debe estar sano. Hasta que el mediapunta no complete su recuperación y vuelva a entrenar con normalidad, no habrá movimientos serios. Y cuando eso ocurra, entrará en escena la postura del City.

Desde el Etihad, la preferencia es clara: si sale, mejor un traspaso definitivo que otra cesión. No quieren eternizar el limbo deportivo de un futbolista de 30 años que aún conserva mercado y cartel. Eso choca con la situación económica y deportiva de Everton, que vería con mejores ojos otra temporada a préstamo.

Maresca, mientras tanto, se reserva la última palabra. Tiene por delante la pretemporada, tiempo para ver a Grealish de cerca, medir su estado físico, su encaje táctico y su respuesta competitiva. Si el italiano percibe que puede recuperar la mejor versión del jugador, la ecuación cambia. Si no, la puerta de salida se abrirá un poco más.

Entre el deseo de Everton, la necesidad de decidir del City y la ambición personal de Grealish, el verano se presenta como un pulso silencioso. ¿Será el inicio de una segunda vida en Manchester o el regreso definitivo al club donde volvió a sentirse importante? La próxima vez que el inglés pise el césped a pleno rendimiento empezará a escribirse la respuesta.