Inglaterra y el dilema de Rice y Anderson en el once
La conversación en Inglaterra gira en torno a un mismo punto: ¿pueden convivir Declan Rice y Elliot Anderson en el mismo once sin que el equipo pierda filo ofensivo?
La tentación es clara. Muchos quieren a una Inglaterra más atrevida, con dos mediapuntas, dos “dieces” pisando área, en lugar de dos mediocentros de corte más posicional. Pero la realidad es que Rice y Anderson están entre los mejores centrocampistas de la Premier League. Y dejar a uno fuera no es una decisión sencilla.
Rice aporta un motor inagotable, una zancada que sostiene y corrige. Anderson, una gama de pases que rompe líneas y acelera el juego. El matiz está en lo que se les pide. Semana tras semana, en sus clubes, ambos se acostumbran a iniciar la jugada, no a terminarla. Se sientan por delante de la defensa, dan el primer pase, ordenan. No son, por naturaleza táctica, los que llegan al remate.
La idea de juntarles ahí, en paralelo, es lógica: ofrecer una doble red de seguridad para que los laterales se suelten, trepen por las bandas y se sumen al ataque sin mirar tanto atrás. Sobre el papel, encaja. Sobre el césped, si al minuto 60 el plan no rompe el muro rival, hay que mover ficha.
Ahí entra el riesgo. Un seleccionador siempre camina en la cuerda floja con los cambios. Si acierta con el momento y la pieza, es genio. Si desordena el equipo y lo parte, pasa de controlar el partido a perderlo por tener demasiada gente volcada arriba. Y ante DR Congo, ese error se paga.
Este rival ofrece mucho más que Panamá. Se ha ganado el derecho a estar aquí. Inglaterra no puede lanzarse sin red ni tampoco jugar con el freno de mano echado. Hay que atreverse a dar ese pase que rompe, aunque no siempre salga. Insistir. Llamar una y otra vez a la puerta del área.
Se espera otro bloque bajo, otra selección replegada, con Inglaterra acumulando posesión y paciencia. Ahí se echa en falta algo distinto: más disparos desde fuera del área, un gol desde media distancia que cambie el guion cuando el área está congestionada. Frente a selecciones como Ghana y Panamá hubo fases demasiado previsibles. Esta vez el enfoque debe variar.
Y no es solo una cuestión táctica. Es mental. Es un partido a vida o muerte: pierdes y estás fuera. Vestir la camiseta de Inglaterra siempre pesa, pero en una fase de eliminación directa de un Mundial, ante un rival que “en teoría” deberías superar, la presión se multiplica. Sobre el papel, Inglaterra es favorita. En la realidad, esas noches pueden devorarte.
La memoria de Francia 2016, de aquel batacazo contra Islandia en un escenario similar, sigue presente. Se suponía que Inglaterra iba a ganar. No lo hizo. Esa experiencia enseña una lección simple y brutal: no hay margen para la desconexión. Hay que entrar al campo con una concentración absoluta.
DR Congo no llega de paseo. Su rendimiento en la AFCON dejó huella. Entre sus nombres destaca Yoane Wissa, referencia clara en el frente ofensivo. Es el tipo de delantero que no da respiro a los centrales, que les obliga a estar permanentemente alerta, a corregir, a girar, a no relajarse ni un segundo.
Su etapa en Newcastle no ha despegado como él habría deseado, pero en este Mundial se ha encendido. DR Congo se apoya en él, le mira cuando necesita un desahogo o una chispa. Y no está solo.
Detrás tiene una pieza clave: Axel Tuanzebe. Su velocidad le saca de situaciones comprometidas y permite que su equipo se mantenga alto, agresivo, sin hundirse en su propio campo. No impresiona a primera vista por zancada, pero cubre metros con una facilidad engañosa y combina eso con fuerza y rigor.
Ante una Inglaterra que ataca con movimientos profundos, desmarques continuos y mucha movilidad entre líneas, Axel tendrá un papel enorme. Sus lesiones recientes han frenado su progresión, pero su profesionalidad diaria —en el gimnasio, en la preparación de partidos, en cómo se cuida— le ha devuelto a este escenario. Cuando cruza la línea de cal, se transforma en lo que todo entrenador quiere: un líder silencioso, un central que habla, ordena y corrige a la línea defensiva.
Su trayectoria lo avala. No llegas al primer equipo de Manchester United si no tienes nivel. Creció en su cantera, subió cada peldaño hasta la élite. Ese camino no perdona a los mediocres. Axel escucha, aprende, se adapta. Puede jugar como central o como lateral derecho con la misma solvencia, una versatilidad que cualquier seleccionador agradece.
Y aun así, en ese costado derecho DR Congo tiene otro muro: Aaron Wan-Bissaka. Quitarle el puesto no es tarea sencilla. Su defensa uno contra uno es, sencillamente, excepcional. Quienes le han sufrido lo saben: parece que le has superado y, de repente, aparece una pierna interminable, un tacle perfecto, limpio, a tiempo. En el vestuario de City le llamaban “Go-Go Gadget” por algo.
Wan-Bissaka se reconoce en ese duelo directo. Como los viejos especialistas, disfruta midiéndose a los mejores extremos del mundo, retándoles una y otra vez. Si Marcus Rashford entra en el once, el duelo promete. Se conocen de sobra de su etapa conjunta en Man Utd. Conocen sus fintas, sus amagos, sus debilidades. Será una batalla de detalles.
Inglaterra llega con talento, recursos y la etiqueta de favorita. También con cicatrices y recuerdos de noches en las que esa etiqueta se convirtió en peso. La victoria es posible, incluso probable. Pero nadie dentro del vestuario puede permitirse pensar que será un trámite. Porque este cruce, lejos de ser sencillo, huele a trampa desde lejos. Y ahí es donde se ve de qué está hecha una selección que dice querer ir hasta el final.





