jornadadeportiva full logo

Iraola y su dilema de rotaciones en Liverpool: aprender quién es robusto

Andoni Iraola mira el calendario y ve un embudo. Champions, Premier, ahora Carabao Cup. Y en medio, un dilema que marcará su primera gran temporada en Anfield: hasta dónde puede exprimir a sus futbolistas sin romperlos.

Preguntado por si puede alinear siempre su once más fuerte en la Carabao Cup, el técnico de Liverpool fue tajante: no.

“Puedes decidir y poner a los mismos jugadores en cada partido. El problema es que llegará un momento en que estarán realmente cansados. Y el riesgo de lesión será mayor”, advirtió.

Hay futbolistas que aguantan ese ritmo sin pestañear. “Son muy robustos, su rendimiento no cambia demasiado”. Otros, en cambio, se resienten mucho más con partidos cada tres días.

Iraola admite que está en fase de descubrimiento dentro de su propia plantilla. “Tengo que aprender quién está listo para jugar cada tres días y quién necesita descanso para que su nivel no se vea afectado. Pensaba que lo tenía bastante claro con algunos, pero con otros es nuevo, incluso para ellos, porque no han jugado tantos partidos. Estamos aprendiendo”.

Y el calendario no le da tregua: este martes, Tottenham visita Anfield en la Carabao Cup, un cruce de alto riesgo para un técnico que aún calibra hasta dónde puede girar la rueda de las rotaciones.

Un sorteo incómodo y una duda incómoda

En las primeras rondas de la EFL Cup, los equipos de Premier suelen respirar. Rivales de categorías inferiores, minutos para suplentes, escaparate para la academia. No esta vez.

Liverpool se ha cruzado con Tottenham. Y aunque los de Londres viven un inicio de curso duro, no dejan de ser un rival directo de la élite inglesa. Rotar demasiado, aquí, no es un experimento: es una apuesta fuerte.

Hay quien pide un once potente para sacudirse la frustración del sábado, tras el 0-0 ante Fulham. Otros miran el calendario, ven la Champions y una Premier que ya ha dejado escapar puntos en casa, y piden cabeza fría: priorizar piernas frescas ahora para no pagarlo en invierno.

La disyuntiva es clara: ¿reacción inmediata con un equipo casi titular o gestión a largo plazo en un curso que ya exige respuestas cada tres días?

Una Copa con peso en Anfield

La Carabao Cup no es un torneo menor en Liverpool. Es parte del ADN del club.

Liverpool es el equipo más laureado en la historia de la League Cup, con 10 títulos. El idilio empezó en 1980-81, la primera de cuatro coronas consecutivas que cerraron en 1984. Aquella racha marcó una época.

Después llegó un largo silencio hasta 1995, cuando un doblete de Steve McManaman ante Bolton en Wembley devolvió el trofeo a las vitrinas de Anfield.

El nuevo milenio abrió otra etapa dorada. En 2001, bajo la dirección de Gerard Houllier, el club volvió a levantar la copa. La séptima llegó solo dos años más tarde, de nuevo con Houllier en el banquillo, derrotando a su gran rival, Manchester United, en la final.

En 2012, en su segunda etapa al mando, Kenny Dalglish firmó otro capítulo inolvidable: victoria ante Cardiff City en los penaltis.

Hubo que esperar una década para el siguiente. En 2022, ya con Jurgen Klopp, Liverpool ganó un duelo dramático ante Chelsea resuelto en una tanda de penaltis histórica: 11-10. Dos años después, en 2024, Klopp volvió a imponerse a Chelsea en la final y elevó el contador hasta 10.

La pregunta es directa: ¿será Iraola el hombre que lleve a Liverpool al título número 11?

Un arranque en casa que incomoda

La realidad más inmediata no invita a la euforia. Dos partidos de Premier en Anfield. Dos empates.

Por tercera vez en 63 años, Liverpool no ha ganado ninguno de sus dos primeros encuentros ligueros en casa. No es el escenario que Iraola imaginaba cuando aterrizó en el banquillo.

El contraste con la Champions es evidente. Tras una actuación muy convincente a mitad de semana ante Atletico Madrid, llena de urgencia, ritmo y colmillo, el 0-0 del sábado frente a Fulham dejó una sensación plana. Más aún ante un rival con dudas, que había encajado siete goles en sus tres primeros partidos de liga.

El equipo se vio cansado. En lo físico y en lo mental. Parecía otro Liverpool, muy distinto al que superó a un conjunto de Diego Simeone que viene de alcanzar las semifinales de la Champions la temporada pasada.

Era la primera prueba seria para el plan de Iraola con dos partidos por semana. Y el examen dejó más preguntas que respuestas.

Liverpool sigue invicto y nadie habla de crisis, pero seis puntos de los primeros cuatro partidos de Premier saben a poco. Sobre todo por los cuatro puntos perdidos en Anfield ante Nottingham Forest y Fulham, sumados a otro empate en Newcastle. La única victoria liguera llegó en el campo de Ipswich.

Un tridente millonario que aún no despega

Iraola alineó por primera vez en liga al trío ofensivo de 364 millones de libras: Alexander Isak, Bradley Barcola y Florian Wirtz.

Sobre el papel, un ataque temible. Sobre el césped, un proyecto en construcción.

Liverpool tuvo ocasiones, sí, pero generó mucho menos de lo esperado. Isak volvió a dejar un dato llamativo: solo 16 toques en 90 minutos, la segunda cifra más baja para un jugador de campo de Liverpool desde que hay registro. La más baja también es suya: 14 toques ante Forest hace dos semanas.

Wirtz, brillante ante Atletico Madrid, apenas dejó destellos. Pareció una sombra del futbolista que deslumbró en Europa entre semana. Barcola e Isak mostraron algún detalle prometedor, pero la conexión entre ambos todavía está verde. Es una sociedad que necesitará tiempo y paciencia.

El problema es que el calendario no concede demasiado de lo uno ni de lo otro.

Rotar o morir: la adaptación que no puede esperar

Iraola lo sabe: con al menos siete partidos más de Champions por delante y la visita de Tottenham en la Carabao Cup, Liverpool tiene que aprender a sobrevivir en la selva de los dos partidos por semana.

Ante Fulham, el técnico movió piezas. Entraron Kostas Tsimikas, Ryan Gravenberch y Victor Munoz por Milos Kerkez, Alexis Mac Allister y Rio Ngumoha. Más tarde, Mac Allister y Cody Gakpo saltaron desde el banquillo para intentar cambiar el ritmo. También Kerkez, Ngumoha y Jeremie Frimpong tuvieron minutos. El plan buscaba piernas frescas y un giro de guion. No llegó el gol.

Fulham, dirigido por Alvaro Arbeloa, que jugó 98 encuentros con Liverpool entre 2007 y 2009, llegó a Anfield sin puntos y bajo presión. Se marchó con un empate valioso y la sensación de que pudo ser algo más si hubiera afinado en el área rival.

Liverpool, en cambio, se quedó con la imagen de un equipo espeso y el recordatorio de que no basta con cambiar nombres. Hay que encontrar una forma de competir cuando las piernas pesan y la cabeza va medio segundo por detrás.

El mensaje para Iraola es claro: el margen de aprendizaje se acorta. La Carabao Cup asoma, Tottenham espera y la temporada no va a bajar el ritmo. ¿Quiénes serán, de verdad, sus jugadores “robustos” cuando Anfield empiece a exigir títulos y no solo buenas intenciones?