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Jackie Bachteler: De la UCI al banquillo en Turf Moor

Jackie Bachteler se sentará el domingo por primera vez en el banquillo de Turf Moor como entrenadora del Burnley. Hace nueve meses, ni siquiera sabía si volvería a caminar con normalidad. Mucho menos dirigir un equipo.

La estadounidense, de 37 años, llegó al club en diciembre para trabajar con el primer equipo femenino y la academia masculina. Era el salto que llevaba años persiguiendo en su carrera como entrenadora. Nuevo país, nuevo reto, la ilusión a tope.

Tres semanas después estaba en urgencias, conectada a vías, con oxígeno y rodeada de médicos que corrían hacia su camilla. Sepsis. Una palabra que no conocía y que, de golpe, puso su vida al límite.

El domingo, cuando Burnley reciba a Sunderland en la Women's Super League 2 (14:00 BST), Bachteler no solo pensará en el resultado. Será World Sepsis Day. Y ella es la prueba viviente de lo que significa sobrevivir.

“Pensé: ‘aquí se acaba todo’”

Bachteler dejó San Diego para instalarse en Lancashire en diciembre de 2025. Nuevo clima, nuevo entorno, horarios cambiados. Al principio lo achacó todo al jet lag y a la exigencia del trabajo. Un resfriado, nada más. Eso creía.

Hasta que un día entró en la ciudad deportiva y, de pronto, “toda la habitación empezó a girar”. Intentó salir a tomar aire, pero le costaba respirar. El cuerpo le lanzó una señal clara: algo iba muy mal.

Pidió al instante ver a un médico del club. El doctor del equipo masculino estaba allí y la examinó. La tensión arterial se desplomó, los niveles de oxígeno bajaron en picado. No había tiempo que perder: ambulancia y camino al hospital. En la cabeza, un único pensamiento.

“Para ser honesta, pensé que me iba a morir. Tenía esa sensación en el cuerpo de ‘esto es todo’. Sabía que algo no estaba bien”, contó a BBC Sport.

En urgencias le dieron tratamiento para los pulmones e intentaron mandarla a casa. Pero insistió. Sabía que no era un simple susto. Pidió más pruebas.

Le volvieron a tomar la tensión. Se hundió. Dejó de poder caminar. Mareos, confusión, manchas en la piel. Entonces llegó el momento que no se olvida: análisis de sangre y, de repente, cuatro o cinco médicos corriendo hacia ella. Dos vías intravenosas, fluidos, antibióticos, mascarilla de oxígeno. Y una palabra: UCI.

Sola en la UCI, con la familia atrapada a miles de kilómetros

La ingresaron en cuidados intensivos durante varios días. Le sacaban sangre cada 20 minutos, revisaban órganos, controlaban cada signo vital. El cuerpo luchaba, pero la mente no entendía del todo qué estaba pasando.

Su familia, en Estados Unidos, no pudo viajar. Su esposa, en Finlandia, quedó atrapada por una tormenta de nieve. Ni abrazos, ni manos que apretar, ni rostros conocidos al lado de la cama. Solo enfermeras, médicos y el pitido constante de las máquinas.

“En mi tercer día en el hospital intenté levantarme y no pude. Las enfermeras me dijeron que no caminara y, cuando oyes eso, se encienden todas las alarmas”, recuerda.

Tratamiento pulmonar tras tratamiento pulmonar. Bolsas de suero, antibióticos, ayuda incluso para ir al baño. La vida reducida a lo básico. Respirar. Aguantar. Esperar.

“Estuve muy cerca de enfrentarme a mi propia mortalidad. Te da otra perspectiva de la vida”, admite.

Aprender a caminar de nuevo y parar el fútbol

Superar la infección fue solo el primer paso. Después llegó otra batalla: recuperar el cuerpo. Jackie tuvo que aprender a caminar de nuevo. La entrenadora que vivía en los campos, que se definía por su energía, se vio obligada a parar por completo.

Su carrera quedó en pausa. Hasta julio, cuando Burnley la llamó de vuelta, esta vez como nueva entrenadora del primer equipo femenino. Una apuesta fuerte del club por alguien que todavía no está al cien por cien.

Porque la sepsis no se fue sin dejar huella. Bachteler sufre síndrome post-sepsis: mareos frecuentes, fatiga extrema, niebla mental, pérdidas de memoria, temblores cuando se exige demasiado.

En un amistoso de pretemporada, hace apenas unas semanas, el cuerpo volvió a mandarle un aviso.

Hacía un calor sofocante, el sol de cara al banquillo. Se levantó en la segunda parte y la sensación fue inmediata. “Como cuando has bebido demasiado vino, te levantas y dices: ‘¡guau!’”. Mareo brutal. Terminó de dar instrucciones, habló con el equipo y luego se fue directa a la cafetería del recinto.

“Les dije: ‘¿Puedo sentarme en vuestro congelador?’ Solo necesitaba calmarme. Después empecé a llorar porque mi sistema nervioso sigue recuperándose y está siendo realmente, realmente duro”.

“Si me hubiera ido a casa ese día, no estaría aquí”

Bachteler no duda al señalar a los médicos del Burnley. Dice que le salvaron la vida. La pusieron en contacto con un especialista respiratorio y han seguido de cerca cada paso de su recuperación. El apoyo interno ha sido constante.

Jugadoras, cuerpo técnico, personal del club. Mensajes, comprensión, espacio para delegar. Ella define a su staff como “fenomenal”. Ha aprendido a repartir tareas, a escuchar a su propio cuerpo antes de forzarlo.

La familia también ha sido un pilar, aunque el impacto emocional ha sido devastador para todos. Recuerda una escena en mayo, cuando sus padres viajaron desde Estados Unidos. Fueron a un típico Sunday dinner. Mucho ruido, muchas voces. Demasiado.

Se mareó tanto que tuvo que salir del restaurante. De camino de vuelta, empezó a temblar. No sabía dónde estaba. Sus padres la miraron, rompieron a llorar. “Creo que fue incluso más duro para ellos”, confiesa. Se emociona cada vez que habla de su familia en este contexto.

Cuando su esposa por fin pudo verla en el hospital, también lloró al descubrir cuánto peso había perdido. Jackie siempre fue atlética, muy en forma. De repente, no podía bajar unas escaleras sin que la sostuvieran.

Hoy sigue con terapia respiratoria para mejorar la función pulmonar. Convive con el cansancio, la niebla mental, los temblores, los mareos. Pero está de vuelta.

“Estoy definitivamente en buen camino. Soy como un 70-80% Jackie otra vez y eso es gracias al club, a los médicos de aquí y al NHS. Pero estuvo muy cerca. Si me hubiera ido a casa aquel día cuando urgencias intentó mandarme de vuelta, hoy no estaría sentada aquí”.

El fútbol, en su sitio: “Ahora lo peor que puede pasar es perder un partido”

Cada día que sale del trabajo, Bachteler lo hace con una idea fija: ha recibido una segunda oportunidad. Y el fútbol, sin dejar de ser su pasión, ha cambiado de tamaño en su vida.

“Una derrota es una derrota. Creo de verdad en lo que hago y en la gente con la que lo hago. Ahora lo peor que va a pasar es que perdamos un partido”, afirma.

Ese cambio de perspectiva acompaña cada decisión en el banquillo, cada charla con sus jugadoras, cada sesión de entrenamiento. El resultado importa, pero ya no lo es todo. No después de haber rozado la muerte.

Un partido, un altavoz: usar el fútbol para hablar de sepsis

El domingo, en Turf Moor, la escena será potente. Burnley frente a Sunderland en la segunda categoría del fútbol femenino inglés, World Sepsis Day y una entrenadora que casi no vive para contarlo. Bachteler quiere que ese cruce de caminos sirva para algo más que tres puntos.

“Me di cuenta de que es una de las principales causas de muerte. Ni siquiera sabía qué era la sepsis antes. Pensaba que era algo que oías en ‘Grey’s Anatomy’”, admite.

No entendía la gravedad, ni lo mucho que se pasa por alto en diagnósticos médicos. Le impactó la cantidad de personas afectadas. La llama “asesina silenciosa”. Ahora quiere ponerle voz.

Espera que el partido se convierta en herramienta. Que ayude a otros a reconocer los síntomas, a no sentirse solos. Recuerda un dato que la marcó: más del 50% de los supervivientes sufre síndrome post-sepsis.

Y ahí estará ella, en la banda, dirigiendo. “Estar de pie en el campo, haciendo algo que amo, que he soñado hacer cada día, y saber que eso casi no habría sido posible hace un año… Es un poco poético que sea en el World Sepsis Day”.

Poético, sí. Y también una pregunta abierta: ¿hasta dónde puede llegar un equipo dirigido por alguien que ya ha ganado el partido más difícil de todos?

Jackie Bachteler: De la UCI al banquillo en Turf Moor