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Jordan Henderson sufre lesión en celebración tras victoria de Inglaterra

Jordan Henderson encendió todas las alarmas en el Estadio Azteca al necesitar atención médica de urgencia y ser retirado en camilla… durante las celebraciones de una de las victorias más grandes de Inglaterra en los últimos tiempos.

Acababa de terminar un 3-2 de locura ante México, un triunfo histórico en un coloso que casi siempre se le ha atragantado a los ingleses. Los jugadores, desatados, se fueron directos hacia el fondo donde estaban sus aficionados y, como si se tratara de un concierto, entonaron a pleno pulmón Wonderwall. Era una postal perfecta. Hasta que dejó de serlo.

Entre abrazos, saltos y cánticos, de pronto se vio movimiento extraño junto a las vallas publicitarias. Un jugador en el suelo. Gestos de preocupación. En segundos quedó claro: el que necesitaba ayuda era Henderson.

El centrocampista de Brentford, que no había disputado ni un minuto y aun así había visto tarjeta amarilla desde el banquillo en los instantes finales, terminó lesionado en pleno festejo. Las repeticiones de vídeo lo delataron: intentó saltar por encima de las vallas de publicidad, calculó mal y sufrió una fea caída, con el brazo o la muñeca golpeando de forma aparatosa.

La escena cambió de tono de inmediato. El equipo médico de Inglaterra corrió hacia él mientras varios jugadores y miembros del cuerpo técnico formaban un círculo para darle privacidad. Otros compañeros miraban con el gesto helado, sin saber si aquello era solo un susto o algo más serio.

Harry Kane, aún con la adrenalina del partido, trató de rebajar la tensión en una entrevista posterior, en la que, con voz aguda por los gritos del encuentro, bromeó: “Jordan Hendo simplemente se cayó ahí. Creo que está bien”. El capitán sonreía, pero las imágenes contaban otra historia: Henderson terminó en camilla y fue trasladado hacia el vestuario, aparentemente con oxígeno, a la espera de un diagnóstico más preciso. De momento, la gravedad real de la lesión sigue en el aire.

Era el colofón surrealista a una noche absolutamente caótica en México.

Primera Parte

Sobre el césped, Inglaterra había firmado una primera parte de impacto. Jude Bellingham, imperial, golpeó dos veces en apenas 98 segundos para silenciar al Azteca y colocar un 2-0 que olía a gesta. México reaccionó antes del descanso y recortó distancias, pero Jordan Pickford sostuvo a los de Thomas Tuchel con varias intervenciones decisivas para conservar la ventaja.

La velada, sin embargo, no iba a ser sencilla. Jarell Quansah vio la tarjeta roja tras una revisión en el VAR y dejó a Inglaterra con diez, obligado a resistir en un escenario que se volvía cada vez más hostil. Cuando Harry Kane transformó un penalti para el 3-1, parecía que el partido se inclinaba de forma definitiva. Parecía.

El propio Kane, en el otro área, cometió un penalti que Raúl Jiménez convirtió, encendiendo de nuevo el estadio y forzando un final de infarto. Con los dos banquillos al límite, las protestas se multiplicaron, las decisiones arbitrales se discutieron una a una y la tensión se desbordó en la zona técnica.

Once minutos de añadido alargaron la agonía. Inglaterra se defendió como pudo, despejando centros, cerrando líneas y aferrándose a cada segundo. Cuando por fin sonó el pitido final, el suspiro colectivo fue casi tan fuerte como el rugido inicial del Azteca.

Entonces llegó la catarsis: jugadores y aficionados unidos, Wonderwall de fondo, brazos al cielo. Y, en medio de la euforia, el susto con Henderson, una imagen que contrastaba de forma brutal con la alegría desatada alrededor.

Inglaterra se marcha de México con una victoria para el recuerdo, un vestuario en plena efervescencia… y la incógnita de cuánto le costará, en lo físico, esa última y desafortunada caída a uno de sus veteranos.