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Kylian Mbappé brilla en la batalla contra Paraguay

Kylian Mbappé salió del infierno de Filadelfia con una sonrisa de hierro y otro gol decisivo en la mochila. Bajo un aviso de calor extremo, con el termómetro rozando los 38 grados, el capitán de Francia volvió a marcar el rumbo de Les Bleus: séptimo tanto del torneo, esta vez desde el punto de penalti en el minuto 70, y empate con Lionel Messi en la carrera por la Bota de Oro.

No fue una tarde para el brillo. Fue una tarde para resistir.

Francia deja el esmoquin en el vestuario

El duelo ante Paraguay se jugó al límite, casi siempre al borde de la chispa que enciende un incendio. El plan sudamericano fue claro desde el primer minuto: cortar el ritmo, frenar a golpes, sacar del partido a Mbappé y al resto del talento francés a base de faltas y provocaciones.

Mbappé, lejos de esconderse, se metió de lleno en la batalla. Encajó patadas, soportó empujones, respondió con miradas y alguna palabra al aire, especialmente en sus continuos choques con Matias Galarza. Pero cuando el árbitro señaló el penalti, la escena cambió por completo: silencio, respiración honda y ejecución perfecta. Frialdad absoluta en el momento clave.

Después, el capitán dejó un mensaje que sonó casi como un aviso al resto del torneo. Sabían el tipo de partido que les esperaba. Afirmó que esta Francia también sabe “ensuciarse las manos”, que puede jugar “feo”, que quien piense que el campeón de 2018 llega “en esmoquin” se equivoca. No es un equipo de gala permanente; es una selección que también disfruta en el barro.

Calor, tensión y un final encendido

El ambiente fue sofocante, dentro y fuera. El calor apretaba, pero el partido hervía aún más. Paraguay llevó al límite cada disputa, cada balón dividido, cada protesta. Francia, que venía de firmar 13 goles en sus cuatro encuentros anteriores, tuvo que cambiar el traje: menos toque, más colmillo, más oficio.

La tensión no se apagó ni con el pitido final. En el centro del campo se formaron corrillos, empujones, reproches cruzados. En medio de ese caos, una imagen lo resumió todo: el portero paraguayo Orlando Gill lanzó el balón a la espalda de Mbappé durante los intercambios posteriores al encuentro. Después, ya en frío, reconoció que intentó darle la mano al francés, que este no le hizo caso y que perdió los nervios. Un gesto que retrata la frustración de un equipo que lo dio todo para desquiciar al rival… y se quedó sin premio.

El otro rostro de Les Bleus

Rayan Cherki, que entró en los minutos finales, puso palabras a lo que Francia había mostrado sobre el césped. Recordó que la selección de Didier Deschamps no es solo técnica y táctica, que no vive únicamente de la estética. Insistió en que hay un fondo de carácter, de dureza competitiva, que aparece cuando el torneo entra en su zona caliente.

Lo dijo sin rodeos: sabían que ese no sería el día para lucir su mejor fútbol. Y subrayó que la selección francesa es “algo más que fútbol”, que si alguien decide ir “a la guerra” contra ellos, ya conoce la respuesta que puede encontrarse. En Filadelfia, esa respuesta fue un equipo que no se descompone ni cuando el partido se convierte en un combate.

Deschamps aplaude la madurez

Desde la banda, Deschamps vio otra versión de su grupo. No la de los marcadores abultados y el fútbol alegre de los últimos cuatro partidos, con esos 13 goles que habían asustado al resto. Esta vez, el seleccionador elogió a sus jugadores por mantener la cabeza fría frente a un rival al que acusó de utilizar “todos los trucos del libro”.

Reconoció que el final habría sido más cómodo si hubieran aprovechado alguna ocasión más en la recta final. Pero valoró por encima de todo la concentración en un contexto incómodo, con el rival estirando al máximo cada recurso para romper el ritmo y el público sudamericano empujando cada choque.

William Saliba lo resumió en una frase seca, casi militar: “Luchamos una batalla. Ganamos la batalla”. Nada de adornos. Exactamente lo que fue el partido.

Francia sale de este cruce sin goleada, sin lucimiento, pero con algo que pesa igual o más en un gran torneo: la certeza de que también sabe sobrevivir cuando el fútbol se convierte en guerra. Y con Mbappé, otra vez, marcando el paso en medio del fuego.