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Kylian Mbappé: del golpe mundialista al desafío con Mourinho en el Real Madrid

El plan estaba escrito en letras doradas. Mundial en Norteamérica, fase final, Kylian Mbappé lanzado hacia su segunda corona global y, de paso, hacia su primer Balón de Oro. Parecía el momento perfecto para cerrar el círculo. España destrozó ese guion en semifinales y apagó, de golpe, una candidatura que venía con toda la inercia del torneo.

Para Mbappé, el golpe es doble. El Real Madrid se quedó sin grandes títulos en la temporada 2025-26, dentro y fuera de España, y el francés necesitaba un éxito con la selección para escalar en una carrera hacia el Balón de Oro que este año vuelve a mirarle de reojo. Habrá que esperar. Como mínimo, otros doce meses.

El calendario, sin embargo, le ofrece un nuevo escenario: 2027 asoma como el año en el que puede completar por fin una colección de medallas ya deslumbrante. En el banquillo del Santiago Bernabéu le espera un especialista en finales y en vestuarios de alto voltaje: José Mourinho. El francés necesita que el técnico portugués le abra la puerta que aún se le resiste, la de la Champions League, mientras observa cómo su antiguo club, Paris Saint‑Germain, encadena títulos continentales y agranda la frustración.

“100%. Creo que lo llevará dentro, estará destrozado porque haces un movimiento en tu carrera, marcas goles, haces todo eso y todo está hecho, el dinero está ganado, pero quieres que cuente”.

El ex ‘Invincible’ va directo al corazón del asunto. Mbappé no se fue a Madrid solo para sumar ceros en la cuenta, sino para escribir historia en el club que convirtió a Cristiano Ronaldo en mito. “Quieres ir a Madrid y convertirte en Dios allí, ganar un trofeo, ganar una Champions League como hizo Cristiano Ronaldo. Así que estará hundido y furioso y pensará: ‘No puedo esperar para empezar con Madrid y ojalá este año tengamos una gran temporada, ganemos La Liga y acabemos en el frente de la Champions League porque obviamente es una competición en la que el Real Madrid siempre es fuerte’”.

La ambición no se discute. Tampoco la expectativa. Aliadiere lo resume en una frase que encaja con el clima que se respira en Valdebebas: “Estoy seguro de que estará encendido para empezar esa temporada en llamas y llevar al Madrid al éxito”.

El escenario para ese incendio deportivo no puede ser más explosivo. Mourinho regresa al banquillo blanco para una segunda etapa en un club que ya conoce su carácter volcánico. Le espera un vestuario repleto de figuras con voz propia: Mbappé, Vinicius Junior, Jude Bellingham. Talento, ego, jerarquía. Y un solo balón.

Aliadiere, que no conoce personalmente a Mbappé pero sí su figura pública, traza un retrato claro del francés: “Solo veo lo que ve todo el mundo. Pero la forma en que lo analizo es que sabe lo bueno que es”. Y a partir de ahí, la conclusión es inevitable: “Ha logrado mucho en el juego y tiene un poco de arrogancia. Tiene un poco de ego, y José Mourinho también”.

Ahí se dibuja la línea fina sobre la que caminará el Real Madrid 2026-27. Si el equipo arranca fuerte, si las victorias se encadenan y el vestuario se alinea con el discurso del técnico, el curso puede convertirse en un espectáculo mayúsculo. Un Madrid dominante, con Mbappé desatado y Mourinho reivindicado, es un escenario que asusta a cualquiera.

Pero Aliadiere también recuerda el reverso de la moneda. “Si no y empieza mal y los resultados no llegan, sí, podría convertirse en un pequeño desastre”. La referencia que utiliza es tan directa como incómoda para el portugués: su etapa en Manchester United y el choque con Paul Pogba. “Recuerdo a Mourinho en el Man United, no podía manejar a Paul Pogba y Paul Pogba en ese momento era uno de los grandes nombres de Europa y simplemente no funcionaba”.

La advertencia está lanzada: Mbappé y Mourinho tendrán que entenderse desde el primer día, sin margen para guerras de ego. “Estoy seguro de que esos dos tendrán que arreglarlo de inmediato y llevarse bien y hacer que funcione y que todo esté encendido. De lo contrario, podría ser un desastre”.

El contexto competitivo no concede tregua. El Real Madrid apunta de nuevo al Clásico como termómetro de la temporada: hay que destronar a un Barcelona que se perfila como gran rival en la lucha por la Liga 2026-27. Y, al mismo tiempo, cortar la racha de un PSG que se ha acostumbrado a mandar en Europa y se interpone en el camino hacia la decimosexta Copa de Europa.

En ese doble frente, el papel de Mbappé es indiscutible. Sus números en el club blanco lo respaldan: 86 goles en 103 partidos con la camiseta del Real Madrid. Producción de superestrella, aunque todavía sin la Champions que el club y el jugador consideran innegociable.

La decepción con Francia no borra su impacto en la gran escena internacional. Al contrario, lo subraya. En el Mundial ha vuelto a hacer historia: ya suma 22 goles en 22 partidos en la competición, por delante de Lionel Messi, y ha conquistado su segunda Bota de Oro. Un registro que habla de un futbolista hecho para las noches grandes, para los focos más crudos.

La cuestión es si ese instinto demoledor encontrará por fin su eco en el escaparate que más pesa en la historia del Real Madrid. Con Mourinho de vuelta, el vestuario cargado de estrellas y el recuerdo fresco de los títulos europeos del PSG, la próxima temporada no ofrece términos medios: o es el año en que Mbappé se convierte en el dueño del Bernabéu… o el año en que la paciencia empieza a agotarse.