Kyra Cooney-Cross regresa a la élite tras la pérdida de su madre
El marcador dirá que Arsenal empató 0-0 ante Crystal Palace y que sigue quinto en la tabla de la Women's Super League. Pero el resultado fue lo menos importante en Londres. La tarde giró en torno a una futbolista, a una ausencia y a una carta de una madre que ya no está.
Kyra Cooney-Cross volvió a jugar un partido de liga con Arsenal por primera vez desde finales del año pasado. La centrocampista de las Matildas regresó al césped tras un paréntesis tan largo como doloroso, concedido por el club para que pudiera acompañar a su madre, Jess, en sus últimos meses de vida.
A comienzos de año, el 8 de enero, Cooney-Cross había revelado en redes sociales que a su madre le habían diagnosticado un cáncer de vías biliares en fase 4, terminal. El 10 de julio llegó la noticia que nadie quería leer: Jess había fallecido. Para entonces, la futbolista ya se encontraba en Australia, donde permaneció tras la Asian Cup, con permiso de ausencia indefinida confirmado por la entrenadora de Arsenal, Renee Slegers, el 28 de marzo.
Un regreso arropado por su “otra” familia
El domingo, antes de que el balón empezara a rodar, el estadio se detuvo un momento. Aplausos largos, sentidos. Aficionados en pie. Compañeras que se acercaban a abrazarla. Arsenal abrió los brazos a Cooney-Cross como a alguien que vuelve a casa después de atravesar una tormenta.
Ella respondió desde el programa oficial de partido. No con tópicos, sino con algo íntimo. Una nota personal dirigida a la afición, escrita con la calma de quien ha llorado mucho y empieza, poco a poco, a encontrar palabras.
Agradeció “la oleada de amor y apoyo” que ella y su familia han recibido en estos meses. Aseguró que ese cariño no la abandonará nunca. Y dejó claro que Londres ya no es solo un destino profesional: “Volver al Reino Unido ha sido más fácil porque tengo una familia aquí”, escribió, en referencia al entorno que ha encontrado en Arsenal.
El último mensaje de Jess
Cooney-Cross contó que su madre era especialista en enviarle mensajes antes de los partidos. Pequeñas charlas motivacionales a través del teléfono. Consejos, recuerdos, empujones emocionales. Esta vez, sin embargo, decidió compartir uno de esos textos con todos. Lo presentó como un mensaje de Jess “para todas nosotras”.
En él, su madre la llevaba de vuelta a la infancia. Le pedía que recordara cómo se sentía cuando era pequeña, cuando solo existía el balón y las risas con las amigas, cuando se retaba a sí misma jugando contra chicos o adultos simplemente por diversión. Entonces no se trataba de demostrar nada a nadie. Solo de sentir. De libertad. De creatividad. De la alegría de exigirse un poco más.
El mensaje insistía en esa idea: jugar porque se ama el balón en los pies, el ritmo del juego. Entrenar porque sienta bien moverse, desafiar al cuerpo, sentirse fuerte. Desde ahí, decía Jess, es como se empieza a hacerlo de nuevo por una misma.
No había táctica ni pizarras en esas líneas. Solo la esencia del fútbol y de una relación madre-hija construida alrededor de un deporte que ahora también sirve de refugio.
Una frase final que lo dice todo
Cooney-Cross cerró su texto con una dedicatoria breve, sin adornos, que pesó más que cualquier gol que pudiera haberse marcado esa tarde.
“Es por ti, mamá. Con amor”, firmó.
El empate dejó a Arsenal en la misma posición en la tabla. A Kyra, en cambio, la dejó un paso más cerca de recuperar su lugar en el juego. Y, sobre todo, de seguir escribiendo su carrera con las palabras de Jess siempre presentes, aunque ahora lleguen desde otro lugar.






