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Cuando FIFA anunció que el Mundial 2026 incluiría 48 selecciones, muchas voces recibieron la noticia con escepticismo. El temor principal giraba en torno a que la fase de grupos se volviera tediosa y que la calidad del fútbol disminuyera. Sin embargo, a medida que avanza el torneo en Estados Unidos, Canadá y México, esta nueva estructura ha provocado un nivel impresionante de sorpresas.

A diferencia de Qatar 2022, que parecía un desfile controlado para los equipos grandes, esta edición muestra una falta total de respeto por el orden establecido. Ya no importa la reputación histórica, y esa incertidumbre constante es lo que hace atractivas las rondas eliminatorias.

Los favoritos tropiezan, los menos esperados avanzan

Con 48 participantes, la tradición de los bombos se diluye. Los pesos pesados llegaron pensando en una etapa inicial cómoda, pero se toparon con rivales organizados y con estilos muy distintos. Este formato ha abierto la puerta a países que, aunque poco conocidos, han trabajado en silencio y ahora castigan cualquier exceso de confianza.

Un ejemplo claro fue Brasil. Un equipo lleno de figuras de la Champions League fue eliminado en octavos tras perder 2-1 contra Noruega en Nueva Jersey. Los sudamericanos parecían desconcertados ante la presión intensa y directa de un Noruega liderado por Erling Haaland, que resultó imparable para su defensa.

Por otro lado, Paraguay mostró otra forma de sorpresa en Boston, cuando venció a una Alemania con problemas y sin brillo. A pesar de caer 4-1 ante Estados Unidos en la fase de grupos, los paraguayos resistieron con un bloque defensivo férreo y llevaron a los alemanes a penales, ganando 4-3. Esa resistencia demuestra que en eliminación directa la defensa rígida sigue siendo un arma poderosa.

Cabo Verde, la gran revelación

El país africano, con poco más de medio millón de habitantes, se convirtió en la historia más destacada del torneo. Empató sin goles con España y llevó a los campeones vigentes, Argentina, hasta la prórroga en una apasionante ronda de 32. Aunque perdió 3-2, su recorrido demostró que este formato permite a selecciones pequeñas mostrar que la jerarquía tradicional puede romperse.

Un desgaste físico inédito

El aumento de partidos ha cambiado la dinámica física del Mundial. Antes, los favoritos podían dosificar esfuerzos en la fase de grupos. Ahora, con la ronda de 32, el camino es más largo y exigente, dejando a los grandes al borde del agotamiento.

En Atlanta, la fatiga fue evidente en el encuentro entre Argentina y Egipto. Los africanos sorprendieron con un plan agresivo y se adelantaron por dos goles. Pero el cansancio mental y físico de los argentinos quedó expuesto cuando Messi falló un penal en la primera mitad. Con cambios tácticos de Scaloni, lograron remontar 3-2 en el último minuto, pero pareció más una lucha por sobrevivir que una exhibición de calidad superior.

Los grandes resisten con esfuerzo

Aunque el formato generó caos, decir que los gigantes desaparecieron sería un error. Francia, por ejemplo, avanzó con facilidad, recordándonos por qué son favoritos. España y Argentina también superaron las fases iniciales, manteniendo la élite viva.

Al mirar los cuartos de final, estos equipos comparten escenario con selecciones inesperadas. Las apuestas reflejan que Francia es la principal candidata al título, seguida por España y Argentina. Inglaterra, tras un partido ajustado contra México, aún tiene opciones según las casas de apuestas como NetBet. En cambio, Noruega o Marruecos aparecen como outsiders con pocas probabilidades.

Un Mundial que mezcla tradición e innovación

Este Mundial 2026 ha logrado un equilibrio interesante. Los grandes continúan protagonizando, pero deben luchar duro frente a equipos como Cabo Verde, Paraguay o Egipto. Esa mezcla de imprevisibilidad y calidad es lo que mantiene viva la pasión por el torneo. La historia y los nombres importantes valen poco cuando comienza el partido.