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Marco Werner: Éxitos y Desafíos en RB Leipzig

Los números protegen a Marco Werner. El contexto, no tanto.

Tras la desastrosa 2024/25 —la peor temporada de RB Leipzig en Bundesliga, sin billete europeo— el club se rehizo con él en el banquillo hasta quedarse a solo dos puntos del mejor registro liguero de su historia, el de 2016/17. De la nada al casi todo en un año.

La estadística es contundente: 1,95 puntos por partido en 38 encuentros. Cifra de entrenador grande. Y eso, en medio de una sacudida de vestuario que habría hecho temblar a más de uno.

Se fueron los tres máximos goleadores del curso anterior: Benjamin Sesko, Xavi Simons y Lois Openda. También dijeron adiós dos pilares de largo recorrido, Yussuf Poulsen y Kevin Kampl. Un esqueleto arrancado de cuajo. Leipzig empezó la temporada con una identidad por rehacer y con el listón, desde la dirección, peligrosamente alto.

Werner no se escondió. Reagrupó al equipo, se ganó —según distintas informaciones— el respaldo del vestuario y elevó el nivel de varios futbolistas que parecían atascados. Christoph Baumgartner dio un paso adelante, Nicolas Seiwald se hizo más presente y el gran fichaje, Yan Diomande, se convirtió en el símbolo del nuevo proyecto.

El rendimiento estaba ahí. El relato, sin embargo, se torció pronto.

Resultados sólidos, dudas crecientes

Pese a la mejora evidente respecto al curso anterior, el malestar en Leipzig ya asomaba en febrero. No fue una derrota cualquiera la que encendió las alarmas, sino el 0–2 ante Bayern München en los cuartos de final de copa. Una eliminación asumible por rival y contexto, pero que destapó tensiones internas.

Oliver Mintzlaff, director ejecutivo de Red Bull, calificó la actuación frente a Bayern como “respetable” y “decente” ante un equipo dominante esta temporada. El elogio duró poco. El giro fue inmediato: la diana pasó a ser la Bundesliga.

En liga, Leipzig solo había sumado cuatro puntos ante Mainz, St. Pauli y Köln. Un botín pobre, inaceptable para la cúpula. Mintzlaff fue directo: “En la liga, eso no está ni cerca de lo que queremos. Hago responsable al equipo de ello”. El mensaje, aunque sin citarle, salpicaba de lleno a Werner y a su cuerpo técnico.

El club había repetido durante meses que, tras la profunda reconstrucción de la plantilla, el único objetivo realista era clasificarse para cualquier competición europea. Discurso prudente, casi de contención. Mintzlaff lo dinamitó en una frase: “¡Quiero estar en la Champions League!”. Y remató calificando esa meta de “alcanzable”, no por fe ciega, sino porque, a su juicio, “al equipo no le falta experiencia, sino la capacidad de ofrecer lo que tiene dentro durante 90 minutos en cada partido de Bundesliga”.

La presión cambió de nivel. Pocos días después, Bild informaba de que Werner empezaba a estar “bajo creciente presión” en RB y que el ambiente en torno al entrenador se volvía “cada vez más gélido”.

El mérito deportivo frente al frío del consejo

Lo paradójico es que, con el paso de las jornadas, Werner acabó cumpliendo el listón que la propia cúpula había fijado como mínimo… y también el que Mintzlaff había elevado públicamente. Con una plantilla reconstruida, sin sus tres grandes goleadores del curso anterior, Leipzig se metió en Europa y rozó su mejor puntuación histórica en Bundesliga.

Desde fuera, el veredicto parece sencillo: objetivo cumplido, proyecto en crecimiento, entrenador reforzado. Dentro, la lectura es menos complaciente.

Según informaciones de Sky, dentro del llamado “Global Team” hay un escepticismo profundo sobre el futuro de Werner. Se habla de “un poco de suerte aquí, un poco de azar allá, demasiado factor Diomande, ningún plan de juego totalmente convincente”. Traducido: el resultado se respeta, el camino genera dudas.

Werner, pese a los números, teme por su cargo. Y no es una sensación gratuita. Si la dirección deportiva encabezada por Schäfer no logra convencer al poderoso consejo de Red Bull, con Mintzlaff al frente, de que el técnico es el hombre adecuado para consolidar este nuevo Leipzig, la silla del entrenador puede empezar a tambalearse de verdad.

Leipzig ha encontrado de nuevo el camino hacia arriba. La pregunta es si lo recorrerá con el mismo hombre al mando del banquillo.