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Mason Mount y su nuevo rol en el Manchester United

Mason Mount levanta la mano en un Manchester United que busca dueño para el centro del campo.

El marcador dice 5-0 ante Rosenborg, un amistoso de pretemporada en Trondheim, pero el resultado es casi lo de menos. Lo importante, para Manchester United, tuvo nombre y apellido: Mason Mount.

Unos días después de que medio continente relacionara al club con media docena de nuevos centrocampistas, fue uno de los “viejos” quien envió el mensaje más claro antes del nuevo curso. Tres años después de su llegada por 60 millones desde Chelsea, Mount ya no es novedad en Old Trafford. Es rutina. Y, hasta ahora, rutina en la periferia.

Lesiones, cambios de dibujo, competencia feroz. El cóctel le ha dejado en un papel secundario. Con 27 años, solo 25 titularidades en Premier League la última temporada y un futuro que, desde fuera, parecía borroso. El club ha rechazado sondeos por él este verano, pero su lugar exacto en el plan de Michael Carrick seguía sin definirse.

En paralelo, el mercado se ha movido. United ya ha invertido 85 millones en el centro del campo con las llegadas de Andrey Santos y Youri Tielemans, y mantiene vivo el sueño de Aurelien Tchouameni como tercer fichaje para esa zona. Un objetivo mayúsculo. Y caro.

Un rol nuevo en un United nuevo

Carrick ha diseñado su segunda temporada al mando con una idea troncal: control. No busca un mediocentro destructor clásico, sino futbolistas capaces de mandar con la pelota, sostener el ritmo y sobrevivir a la presión con técnica y lectura.

Pocos centrocampistas ingleses manejan el balón con la finura de Mount. En Trondheim, tras un arranque de pretemporada algo discreto, dejó claro que un rol más retrasado en el 4-2-3-1 no solo está a su alcance. Puede ser, a estas alturas de su carrera, su mejor versión.

No se trata de imitar a Casemiro. De hecho, Mount ya había ocupado su lugar en dos partidos al final del pasado curso, ante Sunderland y Brighton, y nadie le confundió con el brasileño. Pero en este United esa comparación ya no es relevante. El puesto pide otras cosas.

Ante Rosenborg, Mount jugó una hora en el 5-0 y, esta vez, no solo brilló con la pelota. También dejó un par de acciones defensivas que explican por qué Carrick le ve como algo más que un mediapunta creativo.

En los primeros minutos, colocado por delante del área propia, leyó un pase horizontal en la frontal, dio un paso al frente y lo interceptó. Robo limpio, transición inmediata, el equipo lanzado al contragolpe. Más tarde, ya con el partido encarrilado, retrocedió hasta meterse dentro de su propia área para cortar un centro raso cuando los noruegos buscaban un gol que les devolviera al partido. Trabajo silencioso, pero decisivo.

Sociedad con Andrey Santos y mando con balón

Por segundo encuentro consecutivo, Mount formó pareja en el doble pivote con Andrey Santos, el fichaje de 50 millones. Y, a mitad de la primera parte, los dos ofrecieron la jugada que mejor resume lo que Carrick pretende de su medio campo.

Todo nació de una falta en banda derecha. Mount no esperó. Sacó rápido, con un golpeo largo y preciso, un cambio de orientación medido al pie de Patrick Dorgu en la otra banda. El partido se abrió de golpe. Ya en campo propio, Santos encadenó una serie de pases cortos, sencillos pero limpios, hasta encontrar de nuevo a Dorgu, que acabó estrellando su disparo en la base del poste.

Sin esa primera decisión de Mount, sin ese envío tenso y agresivo, la jugada no habría existido. Control, sí. Pero control para acelerar cuando el espacio aparece.

Su presión también destacó para esta fase de pretemporada. Saltó a tiempo, apretó arriba, marcó líneas de pase. No se limitó a correr: dirigió. Se notan los kilómetros de Champions League y su peso como internacional con Inglaterra.

Líder dentro y fuera del campo

Hay otra faceta que juega a favor de Mount en esta carrera por un sitio en el once. El liderazgo. No es un veterano de 34 años, pero se comporta como una referencia para los jóvenes.

Tras el gol de Shea Lacey, uno de los nombres propios de la cantera, la imagen fue reveladora. Mientras el estadio aún celebraba, Mount caminó con el chico hacia el centro del campo, hablándole, señalando movimientos, corrigiendo detalles tácticos. Un gesto pequeño, pero muy significativo.

No es algo aislado. Dentro del vestuario, Mount se ha convertido en uno de los grandes aliados de los canteranos. Les abre la puerta del primer equipo, les acompaña en los primeros entrenamientos, les explica códigos y exigencias. Esa presencia le ha dado un peso importante en el día a día del grupo.

Ahora falta el último paso: que ese liderazgo se vea también cada fin de semana sobre el césped.

¿Refuerzo galáctico o segunda vida para Mount?

El dilema para United es evidente. Si Tchouameni se convierte en una oportunidad real, el club irá a por él. Pero si el francés se mantiene fuera de alcance, no sería descabellado redirigir ese dinero a otras necesidades y concederle a Mount la responsabilidad que lleva tiempo reclamando con su actitud.

En Trondheim, mientras los jóvenes remataban la goleada, el mensaje ya había quedado escrito en el aire frío de la noche noruega: hay un centrocampista de 27 años, ya asentado en el vestuario, dispuesto a recuperar su sitio en el escaparate.

La pelota está en el tejado del club. Y en un verano de millones, nombres rutilantes y sueños de mercado, quizá la solución que necesita el medio campo del United ya estaba en casa.

Mason Mount y su nuevo rol en el Manchester United