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Mauricio Pochettino y su verano tras el Mundial

Mauricio Pochettino reaparece con una sonrisa amplia, abrazos efusivos y anécdotas de verano. Pero mientras el resto cuenta vacaciones, el argentino trae bajo el brazo un Mundial en casa, un presidente omnipresente, un caso político con Folarin Balogun, un fenómeno de moda en la banda… y un contrato renovado hasta 2030 con la selección de Estados Unidos. Su verano fue otra cosa.

Un Mundial que lo cambió

El exentrenador del Tottenham llevó a Estados Unidos hasta los octavos de final del Mundial, donde el sueño del país anfitrión se estrelló contra Bélgica. El resultado cuenta solo una parte. Lo que a Pochettino le interesa es lo que dejó el torneo por dentro.

“Ahora somos mucho mejores entrenadores”, asegura, incluyendo a su mano derecha de siempre, Jesús Pérez. Lo dice sin grandilocuencia, como quien constata un hecho. El Mundial, admite, le reforzó el hambre por seguir aprendiendo, afinando detalles, corrigiendo decisiones. Habla de la obsesión por lo mínimo, de lo complicado que es acertar siempre, y del reto de trasladar una idea compleja a un grupo que se ve mucho menos que un equipo de club. “Todo tiene que ser perfecto”, remata.

Y luego estaba el ruido. No solo el de un Mundial en casa. El de un presidente, Donald Trump, que disfruta del foco como pocos. Pochettino mide cada palabra cuando se le menciona. Prefiere subrayar el apoyo y el respaldo que recibieron desde la Casa Blanca.

La tormenta política estalló con el caso Balogun. La suspensión de su sanción, la intervención de FIFA, la sensación de que el fútbol quedaba sepultado bajo maniobras y presiones. Pochettino ya lo dijo entonces: la “política y manipulación” terminaron por eclipsar el duelo ante Bélgica. Entendía la indignación, pero su papel, insiste, fue otro: “Si prestas atención al ruido, te vuelves loco”. Cuando llegó la carta de FIFA, el día antes del partido, confirmando que Balogun podía jugar, la decisión fue inmediata. No había más que hablar.

Balogun, la Premier que no fue

Balogun ha vuelto a los titulares en las últimas semanas por un motivo muy distinto: su traspaso de Monaco a Everton se cayó en las últimas horas del Deadline Day. Pochettino aún no ha hablado con él. Lo ha dejado respirar. Sabe que no es fácil digerir algo así.

Le habría gustado verlo en la Premier League. Lo dice claro. No pasó. El delantero sigue en Monaco y el seleccionador solo espera que encuentre estabilidad y confianza. Que se recomponga. Que llegue bien al siguiente tramo de ciclo con Estados Unidos.

El técnico, el traje y un país rendido

No todo fue política y tensión. También hubo moda. Y ahí Pochettino se convirtió, casi sin buscarlo, en icono. Su conjunto azul marino en la banda se volvió uniforme oficioso del torneo. Hubo titulares, memes, imitaciones. Incluso Wayne Rooney salió a comprar el mismo look.

“Lo vi. Le quedaba bien, como a un entrenador top”, cuenta entre risas. El detalle resume el verano: fútbol, poder, polémica y estilo. Todo a la vez.

Cuatro años más con Estados Unidos… ¿y luego?

Tras el Mundial, el carrusel habitual: rumores, llamadas, clubes sondeando. El nombre de Pochettino volvió a circular por Europa. Pero el ruido duró poco. La noticia llegó rápido: renovaba con Estados Unidos por cuatro años más.

Si cumple el contrato hasta 2030, serán seis años fuera del fútbol de clubes. ¿Es el final de su historia con la Premier League? Él no lo ve así. Al contrario.

“Tengo la ambición”, afirma. Su plan inmediato es claro: cuatro años con Estados Unidos. Después, abre la puerta: “¿Por qué no? Seguimos siendo jóvenes y creo que volver siempre es mi objetivo; ganar la Premier League, estar en la Premier League y construir un proyecto con posibilidades de ganar”.

Lo dice sin nostalgia, con deseo. “Amo el fútbol aquí. Tener otra oportunidad es uno de mis deseos y espero que ocurra”.

El regreso imposible a Tottenham

El tema le persigue: Tottenham. Hace unos 18 meses, en otra entrevista, habló de su sueño de regresar algún día. Entonces el club atravesaba un momento complicado bajo Ange Postecoglou. Desde entonces, Postecoglou se fue, Thomas Frank e Igor Tudor llegaron y salieron, y el equipo coqueteó peligrosamente con el descenso.

¿Llegó la llamada de auxilio? Pochettino mantiene la puerta abierta en el discurso, como siempre: “Siempre digo, un día, ¿por qué no?”. Pero sobre esta última crisis es tajante: “La gente habla y quizá recibimos algún acercamiento, pero nunca estuvo cerca”. Esta vez no hubo reencuentro.

En el carrusel de opciones apareció incluso AC Milan como posible destino. ¿Hubo algo real? Él marca la línea: “No estábamos abiertos durante el Mundial a hablar con diferentes clubes interesados”. ¿Interesados hubo? “Sí, siempre”, responde con naturalidad, como si fuera rutina. “Siempre hay diferentes opciones”, desliza, sin nombres ni detalles.

¿Alguna tentó de verdad? “Nunca dimos la oportunidad de que estuviera cerca. Siempre cerramos la puerta antes de que se acercara”. El Mundial, y Estados Unidos, eran la prioridad.

Cómo ve hoy a Tottenham y Chelsea

Cuando se le pregunta por el Tottenham actual, Pochettino sonríe. Sabe que el club vive en una montaña rusa permanente. “Están invirtiendo como otros clubes”, resume. Y entiende la lógica tras un par de temporadas duras.

El Tottenham de ahora apuesta fuerte por jugadores que ya conocen la Premier League. Nada que ver con aquel proyecto que él llevó a pelear la liga y a una final de Champions con un gasto muy inferior. ¿Qué habría hecho Pochettino con 300 millones de libras en su día? La pregunta le arranca una mueca pícara. Finge no saber ni qué significa esa cifra.

¿Cree que la nueva estrategia funcionará? “Nunca se sabe”, responde. Pide tiempo. “Como en todos los partidos, cuando tomas una decisión como entrenador puede salir bien o no. Es una estrategia diferente y una forma distinta de operar”. Y remata con algo que no necesita explicación: “Siempre deseo lo mejor para Tottenham porque está en mi corazón”.

El otro foco inevitable es Chelsea, donde estuvo hace dos años. El club ha cambiado el rol de “head coach” a “manager” y ha virado su política de fichajes hacia jugadores hechos para la Premier, alejándose de los proyectos a largo plazo, ahora bajo el mando de Xabi Alonso.

Pochettino evita comparaciones directas, pero reconoce un patrón: ve ambición en ambos clubes y admite que, fichando perfiles ya adaptados a la liga, la exigencia sube al máximo. “Comprando jugadores así puedes esperar luchar, ser candidato a la Premier League”.

La derrota reciente de Chelsea ante Arsenal ha puesto un freno al entusiasmo inicial, pero el argentino reclama calma con Alonso. “Por supuesto que están decepcionados tras la derrota contra Arsenal, pero creo que necesitamos dar tiempo a Xabi en su primera temporada después de tres partidos en la Premier League”. El mensaje vale también para Tottenham: “Creo que necesitamos tiempo, y por supuesto para Tottenham lo mismo”.

Arsenal, el rival a batir

En medio de este tablero, Pochettino no duda al señalar quién manda hoy en Inglaterra. Para él, Arsenal va en cabeza. “Mikel [Arteta] es el mejor entrenador de la Premier League hoy”, asegura. Conoce su plan, su estructura, su idea. Y lanza un aviso: “Sabiendo lo que tiene que hacer, va a ser difícil ganarles”.

Mientras tanto, Pochettino sigue en Estados Unidos, con cuatro años por delante para moldear una selección que ya le ha cambiado como entrenador. Después, su mirada vuelve inevitablemente a Inglaterra. La pregunta no es si quiere regresar. Esa ya la respondió. La cuestión es quién se atreverá a ponerle un proyecto en las manos cuando llegue 2030.