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Mbappé lleva a Francia a cuartos tras vencer a Paraguay

En Filadelfia no se jugó solo al fútbol. Se sobrevivió. Bajo un calor asfixiante, con 39 grados cayendo a plomo y un rival dispuesto a embarrarlo todo, Francia se abrió paso a codazos ante una Paraguay áspera y calculadora. Bastó un penalti de Kylian Mbappé para firmar el 1-0 y sellar el billete a los cuartos de final del Mundial, donde espera Marruecos.

No fue una noche para el lucimiento. Fue una noche para ensuciarse las manos, como reconoció el propio capitán francés. Y Francia aceptó el reto.

Francia baja al barro

El aviso llegó antes del pitido inicial: Aurelien Tchouameni, fuera a última hora por lesión muscular. Manu Koné entró en el once junto a Adrien Rabiot y, desde ahí, Les Bleus entendieron rápido el tipo de batalla que les esperaba. Paraguay se plantó con un 5-4-1 de manual, líneas juntas, cero concesiones y una idea clara: alargar el partido, reducirlo a detalles, a golpes sueltos.

El balón fue francés casi desde el primer minuto, pero el partido no. Francia mandó en la posesión, movió de lado a lado, intentó acelerar por fuera con Ousmane Dembélé y por dentro con las llegadas de Rabiot y Koné. Nada. Paraguay se defendió con rigor, cerró pasillos, ganó duelos y dejó que el reloj hiciera su trabajo.

El calor hizo el resto. El ritmo cayó, el juego se espesó y las ocasiones brillaron por su ausencia. Ni un solo disparo a puerta en toda la primera parte. Rabiot, Koné y Dembélé probaron desde media distancia, siempre sin puntería. Al otro lado, solo Julio Enciso asomó tímidamente, más como amenaza latente que como peligro real.

Para Francia, el duelo empezó a parecer un examen de paciencia.

El penalti que cambió todo

Tras el descanso, el campeón del mundo en 2018 cambió de gesto. No de plan, pero sí de intención. El toque dejó paso a algo más vertical, más directo, más urgente. El mensaje era evidente: ya no bastaba con controlar, había que romper el muro.

La entrada de Désiré Doué por Bradley Barcola terminó siendo la llave. El joven francés encaró, buscó el uno contra uno y, en una de esas arrancadas, encontró el contacto decisivo. Diego Gómez llegó tarde dentro del área y lo derribó. El estadio contuvo la respiración.

Ilgiz Tantashev dejó que el VAR hablara. Revisión, tensión, segundos eternos bajo ese calor sofocante. Al final, el veredicto: penalti.

Mbappé agarró el balón como lo que es, el hombre de las grandes noches. Carrera corta, mirada fija, Orlando Gill vencido hacia un lado y el francés hacia el otro. Minuto 70, 1-0. Séptimo gol de Mbappé en este torneo, su 19º en 19 partidos de Mundial, ya a la altura de Lionel Messi en esta edición y solo uno por detrás del argentino en la tabla histórica.

El marcador por fin hacía justicia al dominio francés. El partido, en cambio, seguía siendo una trinchera.

Paraguay, al límite hasta el final

Lejos de desmoronarse, Paraguay se aferró a su plan hasta el último suspiro. Provocadora, al límite en cada choque, estirando cada falta alrededor del área, buscando convertir los minutos finales en un caos controlado. Francia, que había sufrido poco, empezó a sentir el peso del resultado.

Mike Maignan, espectador de lujo durante casi todo el encuentro, tuvo que aparecer justo al borde del 90. Primera intervención del guardameta francés en todo el partido, un recordatorio de que en este tipo de eliminatorias un solo despiste puede costarlo todo.

Los últimos instantes fueron un ejercicio de resistencia. Mbappé tuvo en sus botas la sentencia por partida doble, pero Gill le negó el segundo con dos paradas consecutivas que mantuvieron viva la esperanza paraguaya. Cada despeje, cada duelo aéreo, cada segundo ganado en la banda se celebraba como un gol por parte de los franceses.

No hubo lujo. No hubo goleada. Hubo oficio.

Un reencuentro con sabor a revancha

Paraguay se marchó como en 1998: eliminada por Francia tras un ejercicio de resistencia llevado al extremo, esta vez sin gol de oro, pero con la misma sensación de haber apostado todo a un plan minimalista que se quedó corto.

Para Francia, el premio es mayúsculo. La victoria la cita de nuevo con Marruecos, réplica de aquella semifinal de hace cuatro años. Entonces, el equipo de Didier Deschamps se impuso con jerarquía. Ahora llega con otra versión: menos brillante por momentos, pero igual de competitiva, capaz de ganar también cuando el traje de gala se queda en el vestuario.

En Filadelfia, bajo un sol implacable y ante un rival que quiso arrastrarla al barro, Francia demostró que sabe ensuciarse. En un Mundial largo y cruel, esa puede ser la diferencia entre volver a casa o seguir soñando. Marruecos ya espera la respuesta.