¿Impulsará Gianni Infantino un Mundial con 64 equipos para 2026?
La gestión de Gianni Infantino al frente de la FIFA ha estado marcada por una constante: añadir más. Más torneos, partidos y dinero. Desde el nuevo formato del Mundial de Clubes hasta la ampliación del Mundial, pasando por precios inflados en las entradas y espectáculos al estilo Super Bowl que prolongan los descansos hasta casi media hora.
La idea de un torneo con 64 equipos ya no parece descabellada para Infantino, quien argumenta que ofrecer oportunidades a países pequeños es fundamental para incentivar su crecimiento futbolístico. Pero lo cierto es que esos países ya pueden clasificar si son lo suficientemente buenos, como mostraron este último Mundial naciones como Cabo Verde, Curazao o Jordania.
¿Quién impulsa esta propuesta?
El punto de partida fue el Mundial de 2030, que celebrará el centenario del primer torneo en Uruguay y se jugará principalmente en Marruecos, Portugal y España, aunque las primeras tres jornadas se disputarán en Uruguay, Argentina y Paraguay. La confederación sudamericana CONMEBOL, liderada por Alejandro Domínguez, pidió un torneo único con 64 equipos para aprovechar el programa de cuatro grupos adicionales y así que ningún país quede fuera.
Tras finalizar el Mundial 2026, Domínguez reiteró en redes sociales su deseo de expandir a 64 equipos el torneo de 2030, alegando que abrir el fútbol internacional fortalece la competición global.
No obstante, la idea no encuentra mucho eco fuera de Sudamérica. El presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, la calificó como negativa para el torneo y su proceso clasificatorio. Victor Montagliani, de Concacaf, advirtió que podría dañar el ecosistema futbolístico, mientras que Sheikh Salman bin Ibrahim Al Khalifa, de la AFC, opinó que la expansión puede generar caos.
¿Se perdería calidad en el Mundial?
Un Mundial con 64 equipos tiene ventajas claras: un formato más sencillo y más chances para naciones emergentes. Infantino destaca especialmente el avance de países como Cabo Verde, que sorprendió al empatar con España y Uruguay y llevar a Argentina a tiempo extra en octavos. Sin embargo, también hay realidades duras: Haití, Irak, Jordania, Panamá, Túnez y Uzbekistán no sumaron ni un punto. Este último Mundial dejó poco suspenso en la fase de grupos para las potencias.
Ampliar a 64 equipos probablemente dificultaría que selecciones top queden eliminadas temprano, algo que pasó con Bélgica, Alemania, España, Italia o Francia en torneos recientes. Además, surge la duda sobre cómo repartir las plazas extra. Según el ranking FIFA previo al torneo, algunos de los nuevos clasificados serían Indonesia, Omán, Emiratos Árabes Unidos, Dinamarca, Italia, Polonia, Honduras, Jamaica, Surinam, Bolivia, Venezuela, Nueva Caledonia, Burkina Faso, Camerún, Gabón y Nigeria.
Seis de esas selecciones están entre las 50 mejores del mundo, pero Asia y Concacaf mostraron un nivel más débil durante la competencia. África avanzó con nueve de diez, mientras Asia solo logró dos y Concacaf tres. Nueva Zelanda fue la única representante oceánica en el top 150.
Existe la posibilidad de que, para mantener el equilibrio competitivo, Europa reciba más cupos en futuras expansiones. Otros defienden que incluir más países ayuda al desarrollo global del fútbol, aunque dudamos si beneficiará a la calidad del torneo.
Los desafíos logísticos de ampliar el Mundial
Agregar cuatro grupos extras es relativamente simple en papel, pero significa más días y más partidos: 24 encuentros adicionales que necesitan al menos cinco días más de calendario.
El Mundial de 2026 aprovechó múltiples zonas horarias y estadios techados para extender las jornadas, algo difícil de replicar en un futuro con 48 o 64 equipos. El cambio climático también complica jugar durante el día, con olas de calor que afectan Europa y otras regiones sin estadios cubiertos.
Solo una vez hubo coorganización en un Mundial antes de 2026 (Japón y Corea 2002), y ahora se vuelve casi imposible que un solo país asuma la sede. Podrían surgir copatrocinios entre Reino Unido y Escandinavia o incluso países del Este europeo. En Asia o África, financiar un evento así es una cuestión compleja.
En 2026 hubo 16 sedes con aforos de entre 43,000 y 81,000 espectadores. Aumentar el número de equipos requiere más estadios, instalaciones de entrenamiento y hoteles, además de infraestructura para el transporte de miles de aficionados. No basta con dar más plazas; la logística debe estar a la altura.
¿Se trata de dinero?
Cuando Infantino fue elegido, prometió inyectar más recursos al fútbol. Hoy cada federación recibe hasta $8 millones en cuatro años, con apoyo extra para naciones pequeñas. Las confederaciones disponen de $60 millones para desarrollo y promoción.
Este flujo de dinero proviene en gran parte del Mundial. En 2017, FIFA estimaba que un torneo con 48 equipos generaría $6,500 millones. Con la expansión y 24 partidos más, la previsión para 2022 subió a $9,000 millones. Un Mundial con 64 equipos seguramente aumentaría aún más los ingresos por televisión, patrocinios y venta de entradas.
FIFA sostiene que su responsabilidad es hacer crecer el fútbol, y para eso apuesta a multiplicar el número de partidos. Los críticos creen que llega un momento donde sumar más participantes afecta negativamente la esencia del torneo.






