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Odegaard brilla en el Arsenal: ¿el camino hacia la Champions?

El Arsenal se quedó a un solo partido del doblete soñado la temporada pasada: Premier League y Champions League. Lo logró casi todo con un Martin Odegaard a medias, lastrado por lesiones, dudas y un impacto muy por debajo de su propio estándar.

Ahora la historia suena distinta.

Odegaard, versión total

Con 27 años y el brazalete en el brazo, el noruego ha arrancado el curso como si quisiera recuperar todo el tiempo perdido de golpe. Arteta lo sabe, el vestuario lo nota y la grada lo siente: el capitán está jugando el mejor fútbol de su carrera.

La pregunta cae por su propio peso. Si el Arsenal fue campeón de la Premier y perdió la final de la Champions por penaltis ante Paris Saint-Germain con un Odegaard disminuido, ¿hasta dónde puede llegar este equipo con su líder en plena explosión, mandando en Inglaterra y en Europa?

La primera respuesta llegó en Nápoles.

El Arsenal dominó al Napoli en su estreno en la Champions League. Mandó en el balón, en el ritmo y en las ocasiones. Aun así, el marcador se resistía. Hasta que Odegaard decidió que era suficiente. Un zurdazo, a quince minutos del final, limpió las telarañas de la portería y sentenció el 1-0. Un golpe seco, de futbolista que sabe que el partido le pertenece.

Con Odegaard así, el Arsenal parece capaz de superar cualquier examen.

De la duda a la autoridad

La temporada pasada fue un pequeño calvario para él. Problemas de rodilla y de hombro le dejaron en apenas 36 partidos en todas las competiciones: solo un gol y siete asistencias. En la Premier, apenas 24 encuentros en el año en que el Arsenal rompió una espera de 24 años para volver a levantar el título.

El verano cambió el guion. Odegaard dejó pistas de recuperación con Noruega, que alcanzó los cuartos de final del Mundial antes de caer ante Inglaterra. Pero lo que está mostrando ahora va un peldaño más arriba.

En la Community Shield, en Cardiff ante Manchester City, ya encendió la alarma. Su último gol en el 3-0 fue una declaración de intenciones: dejó sentado a Gianluigi Donnarumma y empujó la pelota a puerta vacía con una frialdad insultante. Más que un tanto, una firma.

Después llegó el 3-0 ante Coventry City, con otro gol. Y, sobre todo, la remontada ante Chelsea en el Emirates: 2-1 y otra vez él como protagonista, manteniendo el pleno de victorias.

El tanto frente al equipo de Mauricio Pochettino fue puro manual de mediapunta de élite. Desmarque al espacio, carrera medida, lectura perfecta del engaño de Kai Havertz y un disparo contundente ante Emiliano Martínez. Sin florituras, solo precisión.

Ese gol y el de Nápoles retratan al mismo jugador: talento desbordante, físico por fin al máximo y un equipo que ahora sí se comporta como un campeón convencido.

Un Arsenal más maduro

La victoria en Italia no era un simple trámite. El calendario europeo no perdona: en el horizonte asoman un duelo en casa ante Real Madrid y una visita a Bayern Munich. Nápoles era una piedra seria en el camino.

El Arsenal la apartó con paciencia y cabeza. El conjunto italiano se protegió con un bloque bajo, casi calcado a las viejas pizarras de Max Allegri, pero el equipo de Arteta no se desesperó. Siguió moviendo el balón, atacando espacios, acumulando llegadas. Y cuando las ocasiones claras se fueron desperdiciando una tras otra, apareció el capitán.

Los números cuentan la historia: 26 disparos, el registro más alto del Arsenal en un partido de Champions desde que hay datos (2003-04). Nunca el Napoli había recibido tanto castigo en ese periodo. Odegaard fue quien rompió la puerta que sus compañeros llevaban golpeando toda la noche.

Arteta lo resumió con claridad: el noruego está entrando mucho más en zonas de remate y, cuando lo hace, decide partidos. Eso es exactamente lo que el técnico reclama de sus futbolistas ofensivos: que sean determinantes.

El capitán con cuentas pendientes

Odegaard juega como alguien que siente que debe algo. No al club, ni a la afición, sino a sí mismo. Sabe que el Arsenal vivió una temporada histórica, pero también que su aportación no estuvo a la altura de su propio listón.

Nedum Onuoha, exdefensa de la Premier y analista en Match of the Day, lo explicó sin rodeos: el noruego quiere tener un impacto mayor en el equipo este año. Y apunta más alto: la Champions.

El Arsenal ha rozado la Copa de Europa dos veces. Cayó ante Barcelona en 2006 y se quedó a los penaltis frente a PSG la campaña pasada. El trofeo se ha convertido en su gran obsesión.

Onuoha lo ve claro: el conjunto de Arteta tiene “asuntos pendientes” en la Champions y Odegaard quiere ser el primer capitán en levantar ese título con el club. Cuando el noruego está en forma, el nivel del Arsenal sube un escalón. No es solo cuestión de goles o asistencias: es el ritmo, la manera de atacar, la cantidad de compañeros que entran en juego cuando él tira de los hilos.

Cuando Odegaard se apaga, el Arsenal puede seguir ganando. Cuando brilla, el equipo parece otra cosa. Más fluido. Más imprevisible. Más peligroso.

En Nápoles, además del gol, dejó una exhibición silenciosa: trabajo incansable, ayudas defensivas, liderazgo en cada presión. Un capitán que no se limita a señalar el camino, lo recorre el primero.

Onuoha destacó su creatividad desde la derecha, su cuidado del balón y esa constante búsqueda del pase que rompe líneas. Y subrayó algo que muchas veces pasa desapercibido: también cumple en defensa.

El Santo Grial, otra vez a la vista

Arteta fue directo tras el triunfo en Italia. Dijo que eso es lo que necesita: jugadores con mentalidad para decidir partidos, personalidad para asumir riesgos y valentía para aparecer en las zonas calientes. “Fue un gol increíble”, sentenció sobre el zurdazo del noruego.

El técnico sabe que la Champions ha sido una barrera casi infranqueable para el Arsenal. Dos finales perdidas, demasiadas noches de frustración. Pero este equipo ya no se conforma con competir. Quiere conquistar.

Con Odegaard “suave como la seda”, como describen en Inglaterra, el Arsenal se parece peligrosamente a lo mismo: un conjunto fino, seguro, que juega como campeón y se comporta como tal.

La Premier ya ha comprobado lo que significa tener a este Odegaard al mando. Europa está empezando a verlo.

La cuestión ahora es simple y brutal: si el capitán mantiene este nivel, ¿quién se atreve a apostar en contra de que el Arsenal, por fin, alcance su Santo Grial?