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PSG celebra el inicio goleador de Ferran Torres

El alivio de Paris Saint-Germain llegó pronto. Apenas habían pasado cinco minutos cuando Ferran Torres cazó el primer balón serio del partido y lo convirtió en oro. Una combinación rápida entre Joao Neves y Ousmane Dembele abrió la defensa rival y el delantero español, frío y letal, cruzó un disparo raso imposible para el portero. 1-0 y un suspiro colectivo en el banquillo.

Seis goles en cinco partidos. Esa es la carta de presentación de Torres en su arranque con el club parisino. Un ritmo de estrella, pero también el símbolo de un ataque que empieza a reconocerse. Luis Enrique lo subrayó tras el encuentro: le fascinó la conexión entre Ferran y Dembele, ese ida y vuelta que desordena defensas y da sentido al plan ofensivo.

La victoria, sin embargo, no anestesió al técnico. El entrenador admitió que el equipo aún está lejos de la versión dominante que persigue. Reconoció que, cuando PSG se quedó sin balón, el rival encontró demasiadas grietas y generó problemas que pudieron costar caros. La exigencia es clara: el equipo debe mandar más, jugar con más autoridad y no vivir tanto al filo.

Reflexiones de Dembele

Dembele, uno de los protagonistas de la noche, también miró hacia dentro. Habló de su evolución, de un camino hecho a base de trabajo silencioso. Recordó su etapa compartida con Ferran Torres en Barcelona y no escatimó elogios: para él, el español es un nueve brillante, siempre bien colocado, siempre disponible para el pase definitivo. Esa química, pulida en otro vestuario, ahora sostiene al campeón francés en un momento delicado.

El extremo francés fue más allá al repasar su carrera. Insistió en que nunca se sintió “el elegido”, que todo lo que ha conseguido llegó tras años de esfuerzo constante. Dijo que el curso pasado fue una recompensa a ese sacrificio y que afronta esta temporada con calma, sin grandes declaraciones, con la misma idea fija: trabajar en silencio, lejos de los focos, como el alumno del fondo de la clase que no levanta la voz, pero no deja de sumar.

No todo fueron buenas noticias para PSG. A los 38 minutos saltaron las alarmas con la lesión muscular de Achraf Hakimi, obligado a abandonar el campo. Fabian Ruiz entró en su lugar, pero el golpe anímico se notó. El equipo perdió profundidad por banda y el encuentro se volvió más espeso, más incómodo.

Segunda Parte

En la segunda parte, Brest olió la duda y se lanzó a por el empate. Kamory Doumbia estuvo a centímetros de arruinar la noche parisina: primero estrelló un disparo en el poste y, más tarde, obligó a Matvey Safonov a una estirada decisiva con un cabezazo potente que llevaba marchamo de gol. Cada llegada visitante tensaba aún más el ambiente.

PSG llegó a celebrar lo que parecía el 2-0, pero la euforia duró un suspiro. Un gol en propia puerta de Bradley Locko quedó anulado por una falta previa de Warren Zaire-Emery. El estadio pasó de la explosión a la frustración en cuestión de segundos, con la sensación de que el partido se negaba a quedar sentenciado.

El desenlace quedó en manos de Safonov. El guardameta ruso, ya decisivo antes, firmó otra parada clave en el minuto 88 ante Pathe Mboup, que se plantó con opción clara para rescatar un punto para Brest. Su intervención, firme y contundente, selló los tres puntos y evitó que el encuentro se convirtiera en otro capítulo de dudas para el campeón.

PSG se marcha con la victoria, con la certeza de haber encontrado en Ferran Torres un goleador en plena ebullición y en Dembele a un socio cada vez más influyente. Pero también con una advertencia nítida: si no consigue el control y la autoridad que reclama su entrenador, ¿cuánto tiempo más podrá vivir al límite sin pagar el precio en la lucha por el título?