Rangers caen al playoff de Conference League tras derrota frente a Jagiellonia
La derrota global por 3-2 envía a los Light Blues al playoff de Conference League y deja el ambiente en Ibrox al rojo vivo. Derek McInnes ya había avisado: Rangers jugaba con fuego al no tapar las grietas de su defensa. Ahora, las llamas se acercan peligrosamente a un consejo de administración que vuelve a quedar en el punto de mira.
Andrew Cavenagh y su directiva estadounidense ya sintieron el calor el lunes, en una junta de accionistas en la que aficionado tras aficionado cargó contra un historial de fichajes que no convence a nadie. Soñaban con una remontada que borrara el 2-1 encajado en Polonia y calmara la furia creciente de la grada. No ocurrió. Y el déjà vu con el clima tóxico que rodeó el fallido fichaje de Russell Martin empieza a ser inquietante.
Un penalti que no bastó
McInnes se aferró a Lawrence Shankland como hombre talismán. El capitán, que el lunes cumplió 31 años, encontró su primer gol con la camiseta de Rangers a los 19 minutos, desde el punto de penalti. El regalo tardío llegó de la forma más insospechada: una mano absurda de Kobayashi, ex del Celtic, que extendió el brazo al intentar frenar un centro de su compatriota Yokota. Solo él sabrá qué se le pasó por la cabeza.
Shankland no perdonó. Gol soñado, toda una vida esperando ese momento en Ibrox. Las dos semanas que tardó en estrenar su cuenta se le habrán hecho tan largas como esos 31 años que lo separan de su propia irrupción en el fútbol profesional.
Pero el impulso se apagó. Tras el descanso, el equipo se enfrió. El ritmo cayó, la agresividad se diluyó y Rangers pagó el precio. Nik Prelec firmó el empate que valía oro para los polacos y que, en el global, devolvía la eliminatoria a su sitio: Jagiellonia al playoff de Europa League, los Light Blues relegados a la Conference League. Solo superar a Jablonec garantizará presencia en la fase de liga europea. No hay margen para otro tropiezo.
Ibrox estalla
Cuatro partidos con McInnes en el banquillo. Ninguna victoria. El veredicto de la grada fue implacable. Pitos, abucheos y una bronca generalizada al final del encuentro. El técnico también se llevó lo suyo, pero el verdadero blanco del enfado debería estar más arriba: una directiva estadounidense que ha gastado millones de dólares en un año para entregar, de momento, pura medianía.
Nueve fichajes nuevos esta temporada y la misma sensación: falta creatividad, falta control, falta una idea clara con balón. Nada cambiará hasta que Cavenagh y su equipo se tomen en serio el modelo de captación. Sin un plan deportivo sólido, el banquillo seguirá ardiendo y los entrenadores seguirán pagando la factura.
El incómodo espejo de Klopp
En este contexto, la comparación lanzada por el CEO Jim Gillespie en la junta de accionistas sonó casi a broma interna. Puso a McInnes en paralelo con Jürgen Klopp. No por el fútbol de “heavy metal”, desde luego, porque en Ibrox no se ha visto nada parecido esta temporada. Gillespie hablaba de liderazgo, de carisma, de gestión de grupo.
El problema es que la realidad ha golpeado con fuerza. Todo lo que podía torcerse, se ha torcido. Las lesiones de Youssef Chermiti y Tuur Rommens han dejado aún más desnudo a un vestuario falto de ideas y de voces de mando, pese a la llegada de tres ex capitanes. Para McInnes, el espejo de Klopp ahora mismo es más un peso que un halago.
Shankland, gol y dudas
El tanto de Shankland debería ser un punto de partida. Sin embargo, también destapa otro problema: la dependencia absoluta de que alguien le ponga balones en condiciones. El ex delantero de Hearts ha tenido un arranque duro y, si no llegan los perfiles creativos que necesita, su batalla en el área será a contracorriente.
La jugada del penalti nació de un destello de Yokota, uno de los pocos capaces de encarar y centrar con intención. Sin su atrevimiento, la chispa ofensiva sería casi nula. Es pronto, sí, pero la diferencia entre el japonés y otros fichajes de verano ya es evidente. Rangers necesita más jugadores a su nivel si quiere cambiar la narrativa de la temporada.
Naderi bajo la lupa
La lesión de Chermiti, fuera todo el curso tras romperse los ligamentos de la rodilla, deja un hueco enorme en la delantera. Ahí entra Ryan Naderi, fichado por 5 millones de libras desde Hansa Rostock el pasado enero. Tres goles desde entonces. Muy poco para calmar la inquietud de una afición que ya se pregunta si aquel movimiento de última hora tuvo sentido.
McInnes también duda. Tanto que ha puesto a la maquinaria de fichajes a estudiar un posible movimiento por Kevin Kelsy, delantero de Portland Timbers, dentro de la lista de candidatos para sustituir al lesionado Chermiti, fichado por 9 millones. Naderi, mientras tanto, sigue sin justificar su precio. Con 1,93 de altura, debería imponer respeto; demasiadas veces parece un boxeador grogui, más que un ariete dominante.
No es el único con la sombra de la competencia sobre la cabeza. La diferencia es que, mientras él necesita un giro radical en su rendimiento, Yokota ya se ha ganado el beneficio de la duda. Con McInnes admitiendo que sigue buscando un extremo derecho, el japonés se ha adelantado a cualquier recién llegado a base de descaro y centros peligrosos. Sin él, la inventiva ofensiva se quedaría prácticamente a cero.
Un once en constante movimiento
Si hay algo que define la era McInnes hasta ahora es la inestabilidad. El técnico no ha parado de mover piezas. Cinco cambios del empate ante Dundee United al primer duelo en Polonia. Seis más para la derrota del domingo frente a Hibs. Y ahora otros cinco retoques en el once inicial, esta vez con cambio de sistema incluido: del habitual dibujo a un 3-5-2.
El experimento no convenció. Djeidi Gassama ocupó el carril, pero el internacional mauritano nunca se ha caracterizado por su rigor defensivo. Rodrigo Conceicao, del Jagiellonia, encontró metros y más metros para castigar por su banda en los primeros compases. La fragilidad era evidente.
No sorprendió ver a McCrorie entrar tras el descanso y el regreso a la defensa de cuatro. El problema fue el peaje: con el cambio de forma llegó un cambio de ritmo. Rangers perdió velocidad, perdió agresividad hacia adelante. Esa marcha menos permitió a Jagiellonia asentarse, tocar más, ganar confianza. De ahí nació el gol de Prelec que selló la eliminatoria.
Ahora, con la Conference League como único refugio europeo inmediato y Jablonec en el horizonte, la pregunta es simple y brutal: ¿cuánto tiempo más puede vivir Rangers entre parches, cambios de sistema y promesas de reconstrucción antes de que la paciencia de Ibrox se agote del todo?






