Raphinha busca relanzar su carrera en el Mundial 2026
Golpeado por las lesiones durante la temporada, discutido en algunos tramos en el Barcelona, pero inamovible en sus convicciones: Raphinha llega al reto de 2026 con la mirada fija en lo único que importa en Brasil. La sexta estrella.
A sus 29 años, el extremo no ha tenido un curso lineal en el club, pero cada vez que estuvo disponible volvió a ser uno de los atacantes más determinantes del equipo azulgrana. Cuando tuvo piernas, tuvo peso. Ahora cambia de escenario y de camiseta, pero no de responsabilidad.
El Mundial asoma y Raphinha ya se mueve en clave verdeamarela. La prioridad es una sola: ayudar a que la selección recupere un título que el país persigue desde 2002.
Fe en el talento… y foco en Vinicius
En la concentración de Brasil, el discurso es claro. Hay calidad. Hay experiencia. Hay jugadores capaces de decidir partidos cuando el margen de error se reduce a un par de acciones. Raphinha no duda al señalar a uno de ellos: Vinicius Jr.
El jugador del Barcelona no escatima elogios para la estrella del Real Madrid. Subraya su peso competitivo pese a su edad y lo coloca sin rodeos en el grupo de futbolistas que pueden inclinar una Copa del Mundo.
“Vini es joven, pero por su experiencia y sus logros, puede decidir un partido de Mundial y traer el sexto título”, afirma. Y acto seguido se incluye en ese mismo escalón: “Me incluyo en ese grupo”.
No es una frase al azar. Es una declaración de intenciones de un futbolista que se sabe importante, que ha respondido en grandes noches y que entiende que el Mundial se gana con jerarquía, no solo con talento.
Liderazgo, defensa y un torneo “corto y traicionero”
Raphinha insiste en un punto que a menudo se olvida cuando se habla de Brasil: la defensa. El brillo ofensivo suele acaparar el foco, pero él baja el discurso al barro de los detalles.
“Llegamos muy bien preparados. Tenemos que trabajar mucho nuestra defensa. Si defendemos bien, nuestras posibilidades de ganar son muy altas”, remarca.
Ahí aparece el concepto de liderazgo. Para el extremo, los más experimentados deben marcar el camino, sostener al grupo en los momentos en que el Mundial aprieta y cada error se paga a precio de eliminación.
Define el torneo con dos palabras que lo resumen todo: “corto y traicionero”. No hay margen para grandes reconstrucciones ni para largos procesos de adaptación. “Hay poco tiempo para organizarnos. Estamos intentando adaptarnos y estar lo más preparados posible para no cometer errores”, explica.
El mensaje es directo: el talento de Brasil es indiscutible, pero la diferencia la marcarán los detalles sin balón, la solidez y la capacidad para no caerse en una mala noche.
Un rol clave pese a las lesiones
Raphinha aterriza en la cita mundialista con la sensación de que todavía tiene más por ofrecer. Lo sabe él, lo sabe el cuerpo técnico y lo asume el vestuario. Las lesiones le cortaron ritmo y continuidad en el último año, pero no le arrebataron estatus dentro de la selección.
Cuando el partido se vuelve espeso, su desequilibrio, su golpeo y su carácter competitivo siguen siendo una de las principales armas ofensivas de Brasil. Es uno de esos jugadores que, con un regate o una diagonal hacia dentro, puede cambiar el guion de una eliminatoria.
Él mismo admite que aún está en busca de su mejor versión. Y, precisamente por eso, ve el Mundial como una oportunidad para reencontrarse con ese pico de forma que lo llevó a ser indiscutible.
Ancelotti, confianza y respeto entre “rivales”
En el centro de todo aparece una figura que ordena el proyecto: Carlo Ancelotti. Raphinha solo tiene palabras de reconocimiento para el seleccionador, al que conoció desde la vereda opuesta en LaLiga y con el que ahora comparte el objetivo de llevar a Brasil a la cima.
“Ancelotti está muy contento con lo que he estado aportando en los entrenamientos y en los partidos, pero sé que puedo hacer mucho más y todavía estoy buscando mi mejor forma”, admite el brasileño.
La relación, cuenta, viene de lejos. “Aunque fuimos rivales (en España), teníamos una buena relación”, concluye. Respeto mutuo, confianza y un mensaje claro: el técnico cree en él, y él quiere devolver esa apuesta en el escenario más grande que existe.
Raphinha llega al Mundial con cicatrices, pero también con una certeza: si Brasil quiere colgarse la sexta estrella, necesitará a futbolistas que no se escondan cuando el torneo se vuelva “corto y traicionero”. Él está dispuesto a ser uno de ellos.






