Raphinha regresa a los entrenamientos antes de los octavos de final
La imagen que Brasil llevaba días esperando por fin llegó en New Jersey: Raphinha, botines puestos, balón en los pies y césped bajo las zapatillas. No fue un entrenamiento completo, ni mucho menos un regreso definitivo, pero sí un paso clave en la cuenta atrás hacia los octavos de final del Mundial.
El extremo del Barcelona completó este martes su primera sesión individual en el campo tras la lesión en el muslo derecho que lo dejó fuera de toda la fase de grupos. Un simple rondo habría bastado para ilusionar al entorno de la Seleção. Lo que se vio fue algo más: conducción, golpeo y, sobre todo, confianza en cada apoyo.
Mientras el resto de la plantilla disfrutaba del día libre hasta la tarde del miércoles, Raphinha se quedó en la base de concentración apurando cada minuto de su plan de rehabilitación. Trabajo específico, ejercicios controlados, diálogo constante con el departamento médico. Un mensaje claro: quiere llegar a tiempo para la parte decisiva del torneo.
El cuerpo técnico, sin embargo, pisa el freno. La tentación de acelerar los plazos está ahí, sobre todo con la enfermería sumando ahora el nombre de Lucas Paquetá, también con problemas en el muslo tras el duelo ante Japón. Pero la consigna interna es inequívoca: nada de riesgos innecesarios con un jugador que ya conoce demasiado bien este tipo de dolencias.
Las fuentes consultadas por ESPN apuntan en la misma dirección: la evolución es positiva, pero su presencia ante Noruega sigue en duda. Los médicos revisan a diario datos, sensaciones y cargas de trabajo, mientras Carlo Ancelotti se reserva la decisión final para última hora. O entra en la lista para los octavos, aunque sea con un rol limitado, o se le guarda como arma de lujo para un hipotético cruce de cuartos, si Brasil cumple con el pronóstico.
La prudencia no es casual. Esta lesión en el muslo es la quinta que sufre Raphinha en la misma zona durante la temporada 2025-26. Barcelona y selección ya han tenido que aprender a vivir sin él en distintos tramos del curso por sobrecargas, tirones y pequeños desgarros. Cada regreso apresurado aumenta el riesgo de volver al punto de partida.
El último contratiempo llegó en el 3-0 frente a Haití en Philadelphia. Apenas pasada la media hora, el gesto del brasileño lo decía todo: mano al muslo, rostro desencajado, mirada perdida camino del banquillo. Por un instante, pareció que el Mundial se le escapaba entre las manos. El parte médico, sin embargo, trajo algo de alivio: una distensión muscular, sin rotura completa. Puerta entreabierta, siempre que su cuerpo tolere el incremento de exigencia de esta semana.
Dentro del vestuario de Brasil, según ESPN, el discurso es de calma y seguridad. Hay confianza en la profundidad de la plantilla para superar los octavos sin necesidad de forzar a su extremo. La irrupción de Rayan en el once inicial ha ayudado a sostener ese plan. El joven atacante ha ofrecido otra lectura del costado, más vertical en algunos tramos, más asociativo en otros, ajustándose a la pizarra de Ancelotti y liberando a los médicos para trabajar sin presiones externas.
El objetivo real está claro: tener a Raphinha al cien por cien cuando el torneo entre en territorio de gigantes. No se trata de ganar un partido más, sino de no perder a un titular para el resto del Mundial. La decisión final llegará tarde, casi a pie de vestuario. La pregunta es otra: ¿vale un riesgo de noventa minutos cuando todavía puede quedarle medio campeonato por delante?






