Savinho y la presión del Tottenham: ¿Una salida del City?
El caso Savinho vuelve a cruzarse en el camino del Tottenham y del Manchester City, un año después. El club londinense insiste por segunda ventana estival consecutiva en un fichaje que, si se cierra, no dejará precisamente cariño en Manchester. Y no solo por lo deportivo.
Cuando el brasileño llegó al City procedente del Troyes, después de una cesión brillante en el Girona, se le vendió como la gran historia de éxito del City Football Group. El proyecto perfecto: captación, desarrollo y salto al equipo de Pep Guardiola. Sobre el papel, todo encajaba. Sobre el césped, todavía no.
Un talento que se queda a medias
La paciencia en el Etihad no es infinita, pero existe. Jeremy Doku y Matheus Nunes han necesitado prácticamente tres temporadas para empezar a ofrecer su mejor versión. Con Savinho, la sensación es parecida: está cerca… pero no llega.
Guardiola lo ha repetido: cuando entienda de forma constante qué hacer en los últimos metros, el brasileño será un jugador tremendo. El problema es que ese “cuando” sigue sin fecha. El potencial no se ha transformado en rendimiento real, y el calendario no se detiene.
El golpe más duro no lo ha dado el City, sino Brasil. Savinho ni siquiera entró en la prelista de 55 nombres para el Mundial de este verano. Ni en la larga. Para un futbolista que se supone debe explotar al máximo nivel en Europa, es una señal alarmante. Fichar por el City, en teoría, debería acercarte a la selección, no alejarte.
Redes sociales, mal aliado
Y mientras el fútbol no termina de hablar a su favor, las redes sociales vuelven a jugar en su contra. Otra vez.
El verano pasado, en pleno interés del Tottenham, aparecieron en Instagram fotos del jugador con maletas de fondo. Ahora, su entorno ha ido un paso más allá: su agente publicó una imagen de ambos en Londres la mañana después del desfile de celebración del City, y, para rematar, dio “me gusta” a una información de un periodista que hablaba del interés del Spurs.
Nada sutil. Un mensaje tan fino como una bofetada en la cara. Ese tipo de guiños no gusta ni a la grada ni a los despachos. En el City, el departamento de reclutamiento dedica horas a analizar el carácter de cada objetivo. Ver a un jugador propio y a su agente alimentando el ruido sobre un posible traspaso no encaja con lo que el club espera de quienes visten de celeste.
Una venta fácil… pero con trampa
Los números, eso sí, le sonríen al City. El club pagó en torno a 30 millones de libras por Savinho. Con el Tottenham presionando, recuperar la inversión y sacar beneficio parece más que factible. Para Hugo Viana, nuevo director deportivo, y para el City Football Group, sería una operación limpia: margen económico y una ficha liberada.
La pregunta es otra: ¿puede el City permitirse que Savinho no funcione… sin tener claro quién va a ocupar su lugar?
Porque decidir que el brasileño no es la respuesta en el último tercio puede ser una solución parcial. Y cerrar una venta importante, un éxito financiero. Pero el resultado inmediato es un hueco más en la plantilla. Un futbolista menos en una zona donde el margen de error es mínimo. Y una presión añadida sobre Viana y su equipo para no fallar en el siguiente movimiento.
El rompecabezas de la era post-Guardiola
El City no necesita una revolución para seguir aspirando al título la próxima temporada. Necesita retoques. Sin embargo, las salidas pueden obligar a algo más profundo de lo previsto. Después de una campaña ya marcada como de transición por la llegada de tantas caras nuevas, la gran cuestión en el Etihad es clara: ¿quieren otra temporada de reajustes?
Si no pueden evitarla, deberán acertar con cada pieza. Y ahí es donde Savinho se convierte en algo más que un extremo que no ha terminado de cuajar. Es un test, casi un laboratorio, de cómo el club piensa gestionar la transición hacia un City sin Guardiola en el banquillo.
La decisión sobre el brasileño no solo dirá cuánto confía el club en su madurez deportiva. Dirá también qué tipo de City quiere construir Viana cuando el ciclo más exitoso de su historia empiece, de verdad, a cambiar de manos.






