Socceroos avanzan a octavos: ¿Quién es el verdadero goleador?
Los Socceroos ya están en los octavos de final del FIFA World Cup. El billete llegó con un 0-0 áspero ante Paraguay, un punto que vale oro… y que, sin embargo, dejó una pregunta incómoda flotando en el aire: ¿por qué el futbolista más peligroso de Australia fue un lateral reconvertido?
Porque la noche tuvo nombre propio: Jordan Bos.
Bos, la chispa inesperada
La lesión de Jacob Italiano a última hora obligó a Tony Popovic a mover fichas. En lugar de improvisar con lo conocido, el seleccionador apostó fuerte: Bos ocupó el costado derecho y Aziz Behich, habitual lateral izquierdo de Melbourne City, se adueñó de la banda opuesta.
Era el ajuste táctico que muchos aficionados australianos querían ver, el examen que se le pedía a Popovic. Y la decisión funcionó. Bos fue un desahogo constante, una vía de escape cuando el partido se atascaba y Paraguay endurecía cada duelo.
Ahí llegó la alarma de dos ex internacionales que conocen bien el oficio: Scott McDonald y Robbie Slater.
“Arriba es un poco preocupante cuando estamos viendo a Jordy Bos como uno de los más amenazantes (para Australia)”, lanzó Slater en Stan Sport’s Added Time. El elogio al joven lateral llevaba veneno para los delanteros.
McDonald asentía. Para él, la atención ofensiva debería girar en torno a Mo Toure —suplente ante Paraguay— o a Nestory Irankunda, extremo de naturaleza al que Popovic ha empujado al rol de No.9.
Un No.9 que no se siente No.9
La apuesta por Irankunda como referencia ofensiva no convence a McDonald. No para un torneo de este nivel, no como solución duradera.
“Hay un problema en términos del No.9. No sacar a (Mo) Toure en lugar de Tete Yengi me dice hoy que no hay confianza ahí”, señaló. La lectura es clara: si el seleccionador no recurre a Toure en un partido que pide gol, el mensaje para el delantero es demoledor.
“¿Va y lo pone de titular (a Toure) de la nada en el próximo partido? Con Tony nunca se sabe. Pero, como delantero, siendo Toure, eso no me gusta. No me llena de confianza de que mi entrenador confía en mí”.
El diagnóstico es duro: sea quien sea el que juegue arriba, el trabajo es ingrato. Pocos balones, muchos golpes. “Mira a Nestory (el viernes), tuvo muy poco y vivía de sobras”, remató McDonald.
Y cuando Irankunda actúa como punta, para McDonald hay otro problema: Australia pierde ese “hombre de área”, ese rematador claro. “Jordy Bos jugando en el lado derecho fue brillante y nos dio esa salida”, subrayó. Un lateral como vía principal de ataque. Un síntoma evidente.
Irankunda, talento descolocado
McDonald no cuestiona el talento de Irankunda, 20 años, pero sí el rol. Le preocupa verlo como No.9 o incluso como No.10, posiciones que exigen espaldas anchas, lectura de espacios y una frialdad que se cocina con años en la élite.
“Tiene que aguantarla un poco mejor”, explicó. “Creo que por momentos sufrió porque no es su juego natural”.
La escena se repitió durante el partido: Irankunda intentaba caer a banda, buscar metros para correr, pero se estrellaba contra el dibujo de Paraguay, firme con una línea de tres atrás, sin regalar un centímetro a los costados. “No había espacio”, resumió McDonald. Tres defensores pendientes de él, poca ayuda cerca, pocas opciones de giro.
Aun así, el ex delantero cree que el joven atacante también debe ajustar su mentalidad. “Probablemente a veces necesita estar más en posiciones centrales y esperar a que las cosas pasen”, apuntó.
Ahí apareció un nombre que marca el listón de la posición: Erling Haaland. “Como vemos con los mejores delanteros del mundo –como Erling Haaland– ya no están interesados en hacer más. Solo se meten en las zonas correctas y dejan que otros hagan el trabajo sucio y luego ellos llegan al remate”.
Para McDonald, Irankunda piensa diferente. Quiere ser el que inventa, el que encara, el que arma la jugada y dispara desde la frontal. Un alma de extremo en un cuerpo al que le piden ser killer. “Si vas a jugar ese rol, solo necesitas jugarlo un poco más inteligente y ser un poco más paciente”, advirtió.
Un viejo oficio que no cambia
McDonald también tiró de memoria. “No me gustaba tampoco. En la mayoría de mi carrera siempre jugabas al lado del ‘big man’ o lo que fuera”, confesó, recordando la figura del delantero grande, fuerte por arriba, que fija centrales y limpia balones.
Y dejó una frase que resume su visión del 9 de los Socceroos: “Siempre lo he dicho, si puedes cabecear, tienes más posibilidades de ser un No.9 para los Socceroos. Es así de simple”.
Australia celebra el pase a octavos, respira con alivio tras un 0-0 de batalla ante un rival físico como Paraguay y se abraza a la irrupción de Jordy Bos. Pero bajo esa alegría late una duda que no se resuelve con un solo empate: ¿quién va a ser, de verdad, el hombre gol de este equipo cuando el torneo apriete de verdad?






