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Son Heung-min tras la eliminación: 'Mi sueño de niño se ha derrumbado'

Son Heung-min, roto por la eliminación: “El escenario de mi sueño de niño se ha derrumbado”

La herida de Corea del Sur en este Mundial no se mide solo en resultados. Se ve en las palabras de su capitán. Son Heung-min, referente absoluto del fútbol surcoreano y figura de Los Angeles FC, rompió el silencio con una disculpa pública tras la eliminación en la fase de grupos, un golpe que ha sacudido al país y que ya provocó la dimisión del seleccionador Hong Myung-bo.

El capitán eligió Instagram para hablar. No fue un mensaje breve ni calculado. Fue un desahogo.

“No me atrevo a expresar la decepción y el dolor de los aficionados con una sola palabra, ‘lo siento’”, escribió. “Decir esas palabras se queda corto”.

Un Mundial que se desmorona

Corea del Sur arrancó el torneo con esperanza. Victoria en el debut ante República Checa y la sensación de que el camino hacia las rondas eliminatorias estaba abierto. Pero el impulso duró poco.

Llegaron dos derrotas seguidas en el Grupo A, ante México y Sudáfrica, y con ellas la caída. El equipo no logró clasificarse ni siquiera como uno de los mejores terceros. El golpe fue deportivo, pero también político: el propio presidente del país criticó el rendimiento de la selección. La presión terminó por empujar a Hong Myung-bo a presentar su renuncia.

En medio de esa tormenta, todas las miradas se posaron en Son. Ídolo nacional, capitán, emblema. Y, en este Mundial, sin goles.

En el último partido de la fase de grupos, ante Sudáfrica, arrancó desde el banquillo. Un detalle que subrayó el momento delicado del equipo y del propio jugador. Son asumió esa carga sin esconderse: dijo sentirse personalmente responsable por no haber podido “devolver el tiempo, el corazón y el apoyo constante y el amor” de la afición.

Dolor, pero sin punto final

El mensaje de Son no sonó a despedida. Al contrario. A sus 33 años, dejó claro que no contempla bajarse de la escena internacional.

“Haré todo lo posible, desde mi posición, para volver a ganarme el corazón del pueblo coreano y de los aficionados al fútbol”, escribió, abriendo una puerta a la reconstrucción tras el fracaso.

El delantero no solo se centró en sí mismo. También protegió al vestuario. Pidió a los seguidores que cambien el tono, que no conviertan la frustración en ataque directo a los jugadores.

Reclamó “apoyo cálido y ánimo, en lugar de críticas y palabras que hieren a todos los jugadores”. Un mensaje nítido en un momento en el que la selección vive bajo el microscopio y con la opinión pública encendida.

La “etapa del sueño de niño”, como la llamó Son, se ha venido abajo en este Mundial. Lo que viene ahora, para él y para Corea del Sur, ya no es cuestión de ilusión infantil, sino de reconstrucción adulta. Y de comprobar si ese vínculo entre un capitán herido y un país exigente está dispuesto a recomponerse una vez más.