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Terremoto en Molineux: Wolves destituye a Rob Edwards

Wolverhampton Wanderers ha vuelto a girar el timón. De manera brusca. Rob Edwards ha sido destituido y el club está a un paso de nombrar al portugués Cesar Peixoto como nuevo entrenador, en otro giro de guion que sacude a una entidad ya marcada por la inestabilidad reciente.

Según se ha comunicado internamente, Edwards fue informado de la decisión por la cúpula de Wolves pese a haber sido una pieza clave en el mercado estival, impulsando las llegadas de Kieran Trippier y Raúl Jiménez. Dos fichajes de peso que, en teoría, debían ser el pilar del nuevo proyecto en Championship.

El movimiento sorprende por el contexto y por el coste. Wolves pagó alrededor de 4 millones de libras a Middlesbrough, entonces líder del Championship, para sacar a Edwards de Riverside y llevarlo a Molineux. No fue una apuesta menor. Era la figura elegida para reconstruir tras una temporada desastrosa.

La pasada campaña terminó con el equipo hundido en el último puesto de la Premier League. En noviembre, el club ya había despedido a Vitor Pereira y apostó por Edwards sabiendo que el descenso era casi inevitable y que el verdadero trabajo llegaría en la segunda categoría. Ese era el pacto. Proyecto de reconstrucción. Tiempo. Paciencia.

Nada de eso ha resistido el último volantazo.

Un proyecto desmontado en pleno arranque

La decisión llega justo cuando el club intentaba vender ilusión. Trippier, en su primera entrevista como jugador de Wolves, reconoció que la presencia de Edwards fue un factor decisivo para aceptar la propuesta. Internamente se hablaba de un cambio cultural en el vestuario desde la llegada del técnico, de nuevas rutinas, de un enfoque más cercano y directo con la plantilla.

Edwards, además, había tejido una relación muy estrecha con el director técnico Matt Jackson. Juntos habían centrado los esfuerzos del verano en reforzar el cupo de futbolistas británicos, una línea estratégica para fortalecer la cuota de jugadores formados en casa y dar una identidad más reconocible al equipo.

La imagen que mejor resumía ese nuevo rumbo llegó apenas dos días antes del despido: el vídeo “Welcome Home” con el que el club anunció el fichaje de Raúl Jiménez. Allí aparecía Edwards, integrado en la narrativa del regreso del delantero, como rostro visible del proyecto. Hoy, esa escena queda convertida en un símbolo incómodo de lo efímero que puede ser el poder de un entrenador en Molineux.

La salida del técnico amenaza con diluir el impulso anímico generado por las llegadas de Trippier y Jiménez. El vestuario, que empezaba a alinearse con un discurso y una figura, se encuentra de nuevo ante un cambio radical a pocas semanas del inicio del curso.

La sombra de Gestifute y el desembarco de Peixoto

Mientras Edwards trabajaba en la planificación, otro tablero se movía lejos del foco. Cesar Peixoto, representado por Gestifute, la agencia propiedad de Jorge Mendes, se ha situado como el gran favorito para ocupar el banquillo. Las negociaciones están muy avanzadas.

Peixoto ha dirigido únicamente en Portugal, con Gil Vicente como experiencia más destacada. No tiene recorrido en el fútbol inglés, pero llega arropado por una estructura de representación que mantiene lazos muy estrechos con Wolves desde la compra del club por Fosun en 2016. Mendes y su colaborador Valdir Cardoso han conservado desde entonces una influencia notable en la configuración de plantillas y cuerpos técnicos.

Este movimiento se lee, inevitablemente, en esa clave. La propiedad vuelve a mirar hacia el ecosistema Mendes para rediseñar el banquillo. Un giro que rompe de raíz con la línea que Edwards y Jackson habían intentado consolidar este verano, más orientada al talento local y a una reconstrucción pausada en Championship.

La apuesta por Peixoto abre un nuevo capítulo. También una serie de interrogantes: ¿cómo encajarán Trippier y Jiménez, atraídos por el discurso de Edwards, en un modelo que puede virar hacia un perfil más marcado por la red portuguesa? ¿Hasta qué punto afectará este cambio a la planificación deportiva ya en marcha?

En Molineux, la reconstrucción que debía ser tranquila vuelve a convertirse en una carrera contrarreloj. Y el margen de error, después de un descenso y dos entrenadores despedidos en menos de un año, ya es mínimo.

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