Testimonio de Nicolás Taffarel sobre los últimos días de Diego Maradona
La imagen final de Diego Maradona, descrita en un tribunal de Argentina, golpea mucho más fuerte que cualquier zancada suya sobre un campo de juego. Postrado, hinchado, sin ganas de comer ni de levantarse, aparentemente entregado. Nada que ver con el capitán que levantó la Copa del Mundo en 1986. Nada que ver con el hombre que parecía inmortal.
Ese contraste brutal quedó expuesto este jueves en La Plata, donde declaró Nicolás Taffarel, el masajista que acompañó al ídolo en sus últimos días y que, al borde del llanto, relató ante los jueces cómo se fue apagando el “10”.
“Ya no se levantaba de la cama, no quería comer, no quería bañarse, no quería ocuparse de su higiene personal”, contó Taffarel, en una sala en la que el silencio pesaba más que cualquier alegato. Según su testimonio, Maradona estaba “hinchado” y con las piernas visiblemente “inflamadas”. Algo no iba bien. Y él lo vio.
El masajista afirmó que había advertido al equipo médico del campeón del mundo en México 86 y que pidió que lo vieran “todos los días”. En la audiencia se escuchó un audio suyo de aquella época, en el que reclamaba mayor presencia de los profesionales. Su sensación, dijo, era de alarma. Su expectativa, la reacción inmediata de los médicos. Esa reacción, según su relato, nunca llegó.
“Informé los problemas que veía en él, pero no vi acciones concretas ni una resolución rápida”, declaró, con la voz quebrada. Lo que para él eran señales evidentes de deterioro, para los médicos, siempre según su versión, eran síntomas que “iban a pasar”. “Los doctores me dijeron que me calmara, que esos síntomas iban a pasar. Cuando estás ansioso, confiás en ellos; te decís a vos mismo que va a pasar, que todo se va a acomodar. Pero no pasó”, remarcó.
El día previo a la muerte de Maradona, el 24 de noviembre de 2020, Taffarel volvió a intentar algo tan cotidiano como revelador: convencerlo de levantarse un momento y tomar unos mates. Un gesto mínimo, casi doméstico, que terminó convertido en escena final.
“Le dije que se levantara a tomar mate. Me respondió: ‘No quiero nada, Taffita, ya está’”, recordó el masajista. Quiso saber más. “Le pregunté: ‘¿Cómo que ya está?’ y me contestó: ‘Nada, ya está’”. Ese “ya está”, explicó, flotó en el aire con una ambigüedad cruel. En Argentina puede significar “está todo bien” o “se terminó”. Al día siguiente, se terminó.
Maradona murió el 25 de noviembre, solo, en su cama, a los 60 años, por un cuadro de insuficiencia cardíaca y edema agudo de pulmón, con acumulación de líquido en los pulmones, apenas dos semanas después de haber sido operado. Su fallecimiento desató una conmoción mundial. En Argentina, además, abrió una causa penal que hoy tiene en el banquillo a siete profesionales de la salud.
Desde mediados de abril, médicos y personal sanitario enfrentan un juicio por presunta negligencia que, según la acusación, podría haber contribuido a la muerte del ícono. Se exponen a penas de hasta 25 años de prisión. Todos niegan responsabilidad.
La línea defensiva se repite con matices: cada uno subraya su especialidad, su rol acotado, su falta de injerencia directa en las causas clínicas del fallecimiento. Nadie se reconoce como eslabón clave de una cadena rota. Nadie acepta haber fallado en la atención de un paciente que, más allá del mito, era un hombre con un historial médico complejo y una fragilidad evidente.
Mientras los abogados discuten informes, pericias y protocolos, el testimonio de Taffarel puso rostro humano al expediente. No habló de números ni de tablas clínicas. Habló de un Diego que no quería levantarse, que rechazaba la comida, que rehuía el baño, que parecía haber perdido incluso el interés por ese ritual tan argentino como el mate.
El juicio, según estiman en los tribunales, podría extenderse más allá de este mes. Habrá más testigos, más peritos, más cruces entre defensas y fiscales. En el centro, una pregunta incómoda: ¿la muerte de Maradona fue el desenlace inevitable de un cuerpo castigado o el resultado de una atención que no estuvo a la altura de la vida que debía cuidar?






