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La triste despedida de Lionel Messi y el fútbol antiestético de Argentina en el Mundial

Cuando Lionel Messi ajustó sus medias tras el gol de Ferran Torres para España, no era la típica expresión de enojo que tantas veces ha mostrado. Parecía simplemente agotado. Su tercera final mundialista se convirtió en una rutina de esfuerzo resignado bajo el sol de Nueva Jersey.

En la prórroga, el último intento de Argentina había sido el gol de Lautaro Martínez en semifinales contra Inglaterra. El mapa de toques de Messi reflejaba un esfuerzo mínimo mientras se movía sin brillo al borde del partido. Quizá sea comprensible, después de una carrera tan brillante, querer mantenerse alejado de la vergüenza que representó la derrota 1-0 en MetLife Stadium, un equipo que estuvo lejos de ser digno.

El fútbol argentino: belleza y contradicciones

El fútbol de Argentina cautiva y confunde por su mezcla de arte y dureza. Su historia está llena de leyendas que forman la base de su identidad futbolística. Messi representa la culminación del juego más hermoso posible, pero los argentinos siempre han tenido un estilo sagrado, nacido en las calles y las tradiciones, desde el River Plate de los años 40 hasta la época dorada de Maradona.

Uno de los equipos más admirados fue el de la Copa América 1957, con delanteros como Omar Corbatta y Humberto Maschio, símbolos del ataque fluido llamado la nuestra. Sin embargo, esa libertad venía acompañada de cierta picardía y trucos, algo que Maradona ejemplificó perfectamente con su Mano de Dios y su Gol del Siglo.

Los equipos más recordados mezclaban talento y rudeza. Por ejemplo, Estudiantes ganó la Copa Libertadores en 1968 y 1969 con un juego muy físico. En Mundiales, la dicotomía quedó clara: Menotti defendía un fútbol ofensivo y expresivo en 1978, mientras que Bilardo apostó por la pragmática y dura selección de 1986, liderada por Maradona, y que terminó en la polémica final de 1990, considerada la más fea de la historia.

Un final opaco para una era brillante

Esta lucha entre lo bello y lo áspero define al fútbol argentino, para bien y para mal. Con la llegada de los 2020, y el tiempo apurando a Messi, Scaloni armó un equipo que finalmente alivió la carga sobre el astro. Surgieron figuras jóvenes como Enzo Fernández y Julián Álvarez, mientras Ángel Di María ofrecía actuaciones heroicas. Así, Argentina logró la gloria en Qatar 2022 contra Francia, probablemente la mejor final mundialista de todos los tiempos.

Tras esa alegría, Argentina repitió triunfo en la Copa América 2024 y Messi brilló en el Mundial de Estados Unidos, anotando seis goles en la fase de grupos y realizando jugadas mágicas. Sin embargo, la dificultad aumentó frente a rivales europeos. Contra España, el equipo optó por tácticas oscuras, abusando del juego sucio para frenar a un rival técnicamente superior. El árbitro permitió muchas faltas duras y protestas, lo que llevó a una atmósfera tensa y desagradable.

Argentina ya no mostraba la belleza que caracterizó sus mejores momentos, y al final, la frustración explotó con expulsiones y peleas tras el pitazo final. Messi intentó aún generar peligro con algunas jugadas, pero la impotencia era palpable.

Una despedida que duele

Mientras España celebraba, quedó claro que esta no sería una final memorable por su calidad. Nadie querría recordar a Messi participando en un equipo que buscó ganar con trampas y resistencia desesperada. Eso no empaña su legado ni su carrera, pero sí es una lástima que su etapa culminara así, en medio del barro y con un grupo que lo ayudó a alcanzar la cima pero que esta vez no estuvo a la altura.

La triste despedida de Lionel Messi y el fútbol antiestético de Argentina en el Mundial