Uruguay se hunde y España avanza: fin amargo para Bielsa
Uruguay, dos veces campeona del mundo, se marcha por la puerta de atrás. Eliminada en la fase de grupos, convertida en la selección de mayor rango en caer tan pronto, y con la sensación de haber vivido un torneo que fue un largo conflicto más que una campaña deportiva. El proyecto de Marcelo Bielsa se apaga entre empates, filtraciones y una derrota que deja heridas profundas.
El empate ante Cabo Verde abrió la grieta. El 2-2, con un Fernando Muslera señalado por sus errores en los dos goles encajados, desató las primeras dudas. El posterior tropiezo frente a Arabia Saudí terminó de encender la mecha. Desde dentro del vestuario comenzaron a salir versiones de choque frontal entre el técnico y los pesos pesados, con Federico Valverde como rostro visible del descontento por la pizarra de Bielsa.
Con ese ruido de fondo, Uruguay se jugaba la vida en Guadalajara ante España, en el único cruce de la fase de grupos entre dos campeones del mundo. El cartel prometía mucho. El partido, casi nada.
España llegaba con un doble rostro. Un estreno gris, sin goles, ante Cabo Verde. Y una goleada por 4-0 a Arabia Saudí que había devuelto la chispa al ataque, en buena parte gracias al regreso al once de Lamine Yamal. El joven del Barcelona había encendido a La Roja, pero la selección de Luis de la Fuente volvió a mostrar su versión más plana justo cuando el torneo empieza a exigir algo más que control y posesión.
Durante buena parte del primer tiempo, Uruguay apenas sufrió. España tocaba, giraba la pelota, pero no encontraba profundidad ni colmillo. Y entonces, el golpe más cruel para la Celeste llegó en dos actos.
Primero, la lesión de Manuel Ugarte. El centrocampista del Manchester United se fue al suelo en la jugada previa al gol, con la rodilla atrapada en un mal gesto. Las asistencias entraron de inmediato y, tras unos minutos de angustia, se marchó en camilla con gesto de dolor. Una imagen que hiela a cualquier uruguayo pensando en el futuro inmediato.
Segundos después, el error que cambió el partido. Centro de Marcos Llorente desde la derecha, disparo de Baena sin demasiada potencia y Muslera, a sus 40 años, dejó que el balón se le escapara lentamente hasta cruzar la línea. Un gol blando, impropio de un portero con su trayectoria, que simbolizó el derrumbe anímico de Uruguay.
Bielsa reaccionó al descanso: Muslera fuera, dentro Sergio Rochet. Un mensaje claro, casi un ajuste de cuentas en directo. Y a la hora de juego, la decisión más dura de todas: Valverde al banquillo. El capitán del Real Madrid, referencia de carácter y jerarquía, vio su número en la tablilla y salió cabizbajo. La fotografía perfecta de una relación rota entre técnico y líderes del grupo.
España tampoco volaba. De la Fuente buscó aire fresco desde el banquillo y encontró algo de vida con Dani Olmo y Fabián Ruiz. Con ellos, el equipo ganó ritmo y presencia cerca del área rival. Olmo tuvo la sentencia en sus botas tras una acción de auténtico crack de Lamine Yamal, que se inventó un destello en la banda para dejar solo a su compañero. El remate, sin embargo, se fue alto. Otra ocasión que dejaba en evidencia la falta de colmillo de una selección que domina, pero no remata.
Yamal, aún entre algodones tras la lesión muscular que le cortó la temporada con su club, se marchó a un cuarto de hora del final, dentro de un plan de gestión estricta de sus minutos. Entró Ferran Torres, que dispuso de la opción más clara del tramo final: mano a mano, tiempo para elegir, disparo potente… y el balón al larguero. El 2-0 se quedó en el aire.
Uruguay, mientras tanto, se descomponía. Sin ideas, sin rebeldía, sin fútbol. La frustración acabó estallando en el descuento, cuando Agustín Canobbio perdió los papeles con una entrada durísima sobre Pau Cubarsí. Roja directa, sin discusión. Una imagen final que resume el torneo celeste: descontrol, nervios y un equipo que nunca encontró su forma.
España, por su parte, avanza. Lo hace sin encajar un solo gol en lo que va de Mundial y con una racha impresionante: 34 partidos oficiales sin derrota. Los números imponen respeto. El juego, bastante menos. Mientras selecciones como Francia, Argentina o Países Bajos han dejado actuaciones de alto voltaje ofensivo, La Roja sigue sin ofrecer una gran noche que la coloque de verdad entre las favoritas indiscutibles al título.
El domingo arrancan las eliminatorias y el margen para especular desaparece. España llega sólida atrás, pero con demasiadas dudas en los metros finales. Uruguay ya piensa en lo que viene: un vestuario fracturado, un Bielsa cuestionado y una generación que esperaba mucho más. La fase de grupos se cierra con una certeza incómoda para todos: el nombre ya no alcanza. Ahora hay que demostrarlo en el campo.





