jornadadeportiva full logo

La histórica victoria de Egipto en el Mundial

Egipto no solo sobrevivió a los penaltis. Firmó historia. Y la compartió.

En un Dallas Stadium tenso, de respiración contenida, la selección egipcia derrotó a Australia 4-2 desde los once metros tras un 1-1 agotador en 120 minutos y selló su primera victoria en una fase eliminatoria de un Mundial. Un hito deportivo que su seleccionador, Hossam Hassan, convirtió de inmediato en un gesto político y humano.

“Que Dios les conceda la victoria, que Dios tenga misericordia de sus mártires”, dijo ante los micrófonos, dedicando el triunfo al pueblo palestino. No fue una frase al pasar. Minutos después, saltó al césped con las banderas de Egipto y Palestina en las manos, mientras todo el equipo se inclinaba en el suelo en señal de prosternación. Una postal que dio la vuelta al mundo árabe en cuestión de minutos.

Un partido atascado, una tanda liberadora

El duelo fue áspero, nervioso, de esos que se juegan más con la mandíbula apretada que con el talento. Egipto golpeó primero y temprano: Emam Ashour apareció a los 13 minutos con un cabezazo certero que abrió el marcador y desató el primer rugido de la noche.

Australia tardó, pero encontró su resquicio. Diez minutos después del descanso, un centro sin demasiada amenaza terminó en tragedia para los norteafricanos: Mohamed Hany desvió el balón hacia su propia portería y firmó el 1-1. El partido se partió en dos. Egipto perdió claridad, Australia ganó metros, pero nadie encontró el golpe definitivo.

La prórroga fue un ejercicio de supervivencia. Piernas pesadas, ideas cortas, miedo largo. Los porteros apenas tuvieron que intervenir. Todo quedó condenado a la ruleta de los penaltis.

Allí, el temple marcó la diferencia. Harry Souttar y Lucas Herrington fallaron desde los doce pasos para Australia. Hossam Abdelmaguid, en cambio, no tembló. Rodó su disparo al fondo de la red y desató el delirio egipcio. El 4-2 desde el punto fatídico no solo selló el pase a octavos, sino una primera vez: el primer triunfo de Egipto en un partido eliminatorio de un Mundial, en su primera presencia en esta fase.

El premio es mayúsculo: una cita en octavos de final contra Argentina o Cabo Verde. Otro escenario grande, otro examen de carácter.

Gaza celebró entre ruinas

Mientras los jugadores se abrazaban en Dallas, en Gaza la escena era otra, pero el grito era el mismo.

Entre edificios bombardeados y tiendas improvisadas, miles de personas se reunieron frente a pantallas para seguir el partido. Algunos ondeaban banderas de Egipto; otros las llevaban pintadas en el rostro. En redes sociales, aficionados palestinos compartieron imágenes de celebraciones improvisadas entre los escombros.

“Por primera vez sigo el Mundial con tanta emoción”, escribió en X el gazatí Tamer Nahed. Contó cómo, tras la victoria egipcia, “miles de personas salieron de sus tiendas y de entre sus casas destruidas para ver el partido”. Habló de sonrisas encendidas, de gritos que rompían el silencio pesado de la guerra, de un instante de vida arrancado a la devastación.

Los vídeos que circularon desde la Franja mostraban justo eso: multitudes apiñadas ante una pantalla, ruinas de fondo, niños con banderas dibujadas en la cara, abrazos que parecían durar más de lo normal. Fútbol como respiro. Fútbol como excusa para recordar que todavía se puede celebrar algo.

En ese contexto, la imagen de Hassan con las dos banderas tomó otro peso. No era solo un gesto simbólico; era una respuesta directa a quienes, entre el polvo y el miedo, habían decidido esa noche dejarse llevar por un gol, por una parada, por un penalti bien tirado.

Tensión fuera del césped

El día, sin embargo, no había empezado con sonrisas para la delegación egipcia en Dallas.

Horas antes del partido, miembros del equipo se vieron envueltos en un altercado con la policía local en el hotel de concentración. Según la selección egipcia, un agente de la policía de Dallas empujó al director del equipo, Ibrahim Hassan, y al jugador Trezeguet cuando ambos intentaban tomarse una foto con un aficionado.

Las imágenes del incidente se viralizaron con rapidez en redes sociales, añadiendo un tono de indignación a la previa del encuentro. La policía de Dallas aseguró después que la situación se resolvió en el lugar, sin mayores consecuencias.

El episodio no pasó de ahí, pero sumó una capa extra de tensión a un grupo que ya cargaba con la presión histórica de romper su techo mundialista.

Un triunfo que trasciende el marcador

La noche terminó como Egipto la soñaba: clasificación, historia, y una conexión emocional con millones de personas más allá de sus fronteras.

En el papel, es un 1-1 y un 4-2 en penaltis ante Australia, con Ashour como goleador inicial, Hany como protagonista involuntario del empate y Abdelmaguid como héroe silencioso desde el punto de penalti. En la memoria, será algo distinto: la noche en que un equipo jugó por un país, pero celebró por dos pueblos.

Ahora espera Argentina o Cabo Verde, un reto estrictamente futbolístico. Lo que ya quedó claro en Dallas es que, para Egipto, este Mundial va mucho más allá del césped. Y cada partido, a partir de ahora, llevará el peso de esa doble bandera que Hossam Hassan levantó hacia el cielo.

La histórica victoria de Egipto en el Mundial