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La llegada de Wouter Vrancken a Hearts: un nuevo enfoque basado en datos

En apenas seis semanas desde que se les escapó por centímetros el título de la Premiership escocesa, Heart of Midlothian ha vivido una sacudida que habría tambaleado a más de un club. Se fue el capitán, se marcharon piezas importantes del once, llegaron siete fichajes y ahora, por fin, hay nuevo hombre al mando en el banquillo: el belga Wouter Vrancken.

Tynecastle cambia de página a toda velocidad. Y esta vez, con el acelerador pisado a fondo por los datos.

La era de los datos entra en el banquillo

La influencia de Tony Bloom y su empresa de análisis lleva más de un año filtrándose en cada decisión deportiva de Hearts. Con la salida de Derek McInnes y la llegada de Vrancken, ese modelo deja de ser un apoyo y pasa a ser el corazón del proyecto.

El director deportivo, Graeme Jones, lo dejó claro: el ex técnico de Sint-Truiden y Genk fue “un destacado” cuando cruzaron perfiles y métricas en la búsqueda de entrenador. Los números lo empujaron a la cima de la lista. Su historial en Bélgica, haciendo competir por encima de su presupuesto a clubes sin el peso de los gigantes, terminó de convencer.

Pero no es solo cuestión de algoritmos. Vrancken encaja en la arquitectura que Hearts viene diseñando. A diferencia de McInnes, el belga se define como un entrenador acostumbrado a trabajar dentro de una estructura colaborativa de fichajes. No reclama el control absoluto, se siente cómodo en un sistema donde el área de análisis y el cuerpo técnico se retroalimentan.

Le va a hacer falta. Siete jugadores han llegado este verano antes incluso de que él se sentara en su nueva oficina.

Vrancken, además, no aterriza en un ecosistema desconocido. Es amigo de Chris O’Loughlin, director deportivo de Union Saint-Gilloise, otro club en el que Bloom tiene participación y al que se enfrentó en Bélgica. Conoce el lenguaje, el método, el tipo de club que se quiere construir.

“Siempre quise mirar detrás del telón”, confesó el técnico. “Quizá esta sea la oportunidad de hacerlo. Tengo mucha confianza en la forma en que funciona la captación porque ya me enfrenté a ella en Bélgica. Y ahora, desde el otro lado, quiero ser parte de eso”.

Un estilo agresivo… con la Champions a la vuelta de la esquina

En su país, los equipos de Vrancken se ganaron fama de ser incómodos, agresivos, de ir hacia adelante. Fútbol de iniciativa, no de reacción. Y ese es el sello que quiere estampar en Hearts.

El calendario, sin embargo, no concede margen. Tiene cuatro semanas para preparar su primer partido oficial: una previa de Champions League ante Sturm Graz. Apenas un mes para conocer el vestuario, ajustar automatismos y trasladar su idea a un grupo que todavía está asimilando salidas y llegadas.

Él no piensa levantar el pie.

Dice que irá “lo más rápido posible” para implantar un modelo reconocible, convencido de que su estilo encaja con la intensidad del fútbol escocés. Quiere un Hearts protagonista.

“Me gusta tener el balón”, explicó. “Me gusta ser positivo y constructivo, y también que haya mucha alegría en el juego. Creo que, si los jugadores quieren alcanzar su máximo potencial, tienen que disfrutar del juego y de lo que hacen”.

Esa alegría, para Vrancken, se construye atacando. “Intentamos crear esto con un juego positivo, lo más ofensivo posible, con mucha presión, con mucha intensidad, energía”.

No es una declaración estética, es una hoja de ruta.

Un vestuario en reconstrucción constante

La otra cara del proyecto Bloom es un mercado en ebullición permanente. El vestuario de Hearts no deja de moverse.

Se han marchado referentes del curso pasado, como el capitán Lawrence Shankland y Beni Baningime. Cammy Devlin aún no ha decidido si firmará un nuevo contrato. En defensa también se han abierto huecos: Michael Steinwender y Frankie Kent han salido, y Craig Halkett se perderá el inicio de temporada por lesión. Los informes que llegan desde el club apuntan a que Claudio Braga y el extremo Alexandros Kyziridis podrían ser los siguientes en salir traspasados.

Lejos de inquietarse, Vrancken se muestra tranquilo ante el ruido de fondo. No descarta más incorporaciones para una plantilla ya amplia, pero insiste en que ve material suficiente para desarrollar su idea.

“Es ya una buena y gran plantilla, y lo hicieron muy bien el año pasado”, recordó. “No creo que necesite cambiar mucho, quizá solo otros talentos en algunos jugadores que yo necesito más que el anterior entrenador, que hizo un trabajo realmente grande”.

Respeto absoluto a la etapa anterior, pero sin renunciar a su propio sello. “Dos entrenadores nunca son iguales”, subrayó. “Trabajamos en cosas distintas. Vi también con la plantilla que jugó el año pasado que hay muchas cualidades que puedo usar en mi manera de jugar”.

La clave será cuánto tiempo necesita para ensamblar todo eso… y cuánto tiempo le concede la competición.

De un título perdido al siguiente asalto

El gran interrogante que flota sobre Tynecastle es evidente: con tanta rotación, tan poco tiempo y un nuevo cuerpo técnico, ¿puede Hearts volver a pelear la cima de la tabla?

Vrancken no se esconde. El encargo es claro: empujar de nuevo hacia arriba. No viene a reconstruir con calma, viene a sostener la ambición de un club que ya ha probado el vértigo de la lucha por el título.

Y sabe lo que es quedarse sin premio en el último suspiro. Lo vivió en primera persona en 2023, cuando un gol tardío de Royal Antwerp en la última jornada dejó a su Gent sin campeonato. La herida tarda en cerrarse. En Hearts lo saben bien: el título se les escapó en los minutos finales de una campaña memorable.

“Lleva tiempo superarlo, seguro”, admitió. “Pero apuntar a la nueva temporada y trabajar para los nuevos objetivos es la única manera de pasar página y pelear por ello”.

No mira atrás más de lo justo. “Espero que la próxima vez estemos en el lado bueno de la historia”, lanzó. “Se trata de poner la energía en lo que viene y no mirar demasiado hacia atrás”.

Para él, no hay mejor entorno que uno que no se conforma. “Los mejores clubes para trabajar son los que tienen ambiciones. Creo que esta es una buena ambición, un buen punto de enfoque, un buen objetivo. Luego hay que trabajar para ello y apuntar lo más alto posible, y ya veremos dónde terminamos”.

Hearts ya ha elegido su camino: datos, valentía y un técnico que no teme al vértigo. La pregunta ahora es si la próxima vez que el título se decida en los últimos minutos, Tynecastle estará celebrando… o volviendo a aprender a levantarse.