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Carrigaline sorprende a St Finbarr's en el inicio del campeonato

Una hora de campeonato y ya un resultado que puede torcer toda una temporada. Carrigaline salió de Ballinhassig con algo más que dos puntos: salió con la sensación de que este otoño puede ser distinto, enorme, quizá histórico.

El vigente campeón, St Finbarr's, fue reducido a tres anotaciones en la última media hora. Tres. En la noche inaugural de la defensa del título. A partir de ahí se entiende todo: el grupo se abre, el cálculo cambia y la ruta hacia los cruces se despeja. Con una sola victoria más, Carrigaline se asegura salir de la fase de grupos. Con dos, ante Mallow y Douglas, hasta pueden soñar con el primer puesto y el billete directo a semifinales.

Soñar ya no es un exceso. Es un derecho ganado.

El viento, el mando y el desperdicio del campeón

Con un viento notable a favor, los Barrs se fueron al descanso mandando 1-10 a 1-7. Parecía el guion lógico: campeón vigente, brisa en la espalda, pegada afinada. Al regreso, un mark de Rickey Barrett y un libre lejano de Steven Sherlock, solo interrumpidos por una bandera blanca de Éanna Desmond, estiraron la renta de tres a cinco puntos.

Pudo ser aún peor para Carrigaline. El punto de Barrett debió ser gol. Brian Hayes ganó su segundo balón al aire de la noche, Barrett recibió dentro y fusiló. Solo la intervención de Bríain Murphy sobre la línea evitó el 2-10 a 1-7 que habría olido a sentencia.

Aun así, los Barrs parecían tener el duelo donde querían: 1-13 a 1-8 en el minuto 34. Ventaja sólida, viento, experiencia. Y, sin embargo, ahí comenzó a resquebrajarse todo.

Desmond recortó a cuatro y Sherlock, con un libre de dos puntos muy dentro de su rango, tiró fuera. Cillian Myers Murray añadió dos lanzamientos desviados casi seguidos. En lugar de doblar la ventaja, los campeones se apagaron. Quince minutos sin anotar en un partido de este nivel es un lujo que nadie puede permitirse.

Carrigaline olió sangre.

El giro del partido: presión alta y cabezas frías

El equipo de Micheal Meaney se adueñó del cielo y del suelo. Cada saque de puerta de Darragh Newman se convirtió en un campo minado. Carrigaline aplicó al guardameta de los Barrs el mismo castigo que había sufrido Sean Mellet en la primera parte: presión alta, lecturas perfectas, segundas jugadas ganadas.

Tres libres convertidos, dos de ellos de color naranja por medio de Niall Coakley, voltearon el marcador: 1-14 a 1-13 en el minuto 43. Newman intentó entonces un respiro corto, sacando en corto hacia Sam Ryan al borde del arco. Los Barrs hilaron la jugada, avanzaron con paciencia, pero el intento final de punto de Hayes se quedó corto. Otro síntoma de un campeón que ya no mandaba.

Necesitaban jugar en corto más a menudo. No lo hicieron. La presión blanca de Carrigaline cerró líneas de pase, ahogó las opciones de salida y dejó a los de la ciudad sin posesión primaria, sin aire, sin la posibilidad de imponer de nuevo su ritmo.

Del otro lado, Brian O’Driscoll y Desmond se movieron con una inteligencia feroz entre líneas. Atacaron huecos, recibieron donde dolía, castigaron. Dos puntos consecutivos de ambos dejaron el luminoso en 1-16 a 1-14 en el 52.

Gol de Egan, respuesta inmediata

El campeón, herido, aún tenía orgullo. La réplica llegó con una acción de calidad: carrera poderosa de Hayes, mano a mano en bucle dentro del gran rectángulo y puño de Thomas Egan para mandar la pelota a la red. Gol. Vuelta a mandar.

Duró un suspiro.

Carrigaline no había venido a romperse. Kevin O’Reilly ganó el saque de reanudación, Callum Barrett clavó el empate al instante. Sin dudar, sin temblar.

Y apareció de nuevo el hombre de la noche: el omnipresente Desmond. Un punto blanco, otro naranja, tres arriba Carrigaline. El impacto flotaba en el aire. El campeón tambaleaba.

En el primer minuto del añadido, Hayes aún tuvo la opción de cambiar el relato. Su disparo sacudió el larguero. Unos centímetros más abajo y estaríamos hablando de otra historia. No entró. El título, de momento, perdió velocidad.

Oficio de veterano, alma de club herido

Lo más llamativo del tramo final no fue solo el resultado, sino la manera. Carrigaline manejó la posesión con una seguridad y un oficio propios de veteranos consolidados en la Premier Senior, no de un grupo que apenas lleva dos temporadas de regreso en la élite. Calma con el balón, selección de tiro, lectura del tiempo y del marcador. Nada de precipitación.

Todo esto tras unos meses durísimos fuera del campo para el club. La victoria, entonces, fue algo más que dos puntos: fue un desahogo, una sonrisa grande y necesaria en la grada y en el vestuario.

Los números lo respaldan. Desmond firmó 0-8 (seis de tiro de dos puntos), Brian Coakley añadió 0-4 desde la línea, Kevin McCarthy aportó el único gol de Carrigaline. Niall Coakley y O’Driscoll sumaron 0-3 cada uno, mientras Barrett y O’Reilly completaron con un punto. Del lado de St Finbarr's, Sherlock terminó con 0-6, Hayes con 1-3 y Egan con 1-0, apoyados por aportaciones menores de Myers Murray, E Dennehy, B O’Connell, Barrett y W Buckley.

Para los campeones, sin Billy Hennessy ni Ethan Twomey en esta defensa del título, el camino hacia el ansiado doblete se ha alargado desde el primer paso. Ya no hay margen para más tropiezos gratuitos.

Para Carrigaline, en cambio, esta noche en Ballinhassig puede ser el punto de inflexión. La pregunta ya no es si pueden competir con los grandes. La pregunta es hasta dónde están dispuestos a llevar este golpe en la mesa cuando llegue el frío del otoño.