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Lia Walti: Del descontento en Italia al renacer en Brighton

Lia Walti no necesitó mucho tiempo en Italia para darse cuenta de que algo no encajaba. La centrocampista suiza, capitana de su selección y figura durante siete temporadas en Arsenal, admite que en Juventus dejó de sentirse futbolista en el sentido más pleno de la palabra.

“Echaba de menos la sensación de ser valorada como futbolista”, confesó en una entrevista con BBC Sport.

Esa frase resume un año que se le hizo largo en Turín y que terminó con su regreso a la Women’s Super League, esta vez con la camiseta de Brighton.

Del estándar Arsenal al choque con la realidad

Walti conoce bien lo que significa un entorno de élite. Con Arsenal levantó cuatro grandes títulos, incluida la Champions League y la WSL, y disputó 183 partidos que la consolidaron como una pieza clave en el centro del campo. A la vez, lideró a Suiza hasta superar el centenar de internacionalidades y portar el brazalete en la Euro 2025 organizada en casa.

Con ese bagaje, el salto a Italia el verano pasado no era una huida, sino una búsqueda: un nuevo reto, otro contexto, otra cultura futbolística. Lo que encontró fue un contraste que ella misma define como “extremo” en términos de profesionalismo.

“Es una diferencia enorme. Es difícil hablar de esto. No quiero hablar demasiado negativamente de la liga italiana, no es mi objetivo”, matizó.

Pero la comparación le sale sola: para ella, el estándar de la WSL “no es comparable con ninguna otra liga”.

Ahí aparece su frustración. “Es un poco triste y decepcionante ver que muchas chicas fuera no tienen las mismas oportunidades o estándares en cuanto a entornos profesionales”, lamentó.

Estadios vacíos y un fútbol sin cultura de grada

Walti no solo habla de instalaciones o salarios. Habla de algo más intangible, pero decisivo: la cultura futbolística que rodea al juego.

“Echaba de menos jugar delante de una cultura de fútbol consolidada”, explicó. En Italia, la imagen se repetía jornada tras jornada: gradas prácticamente vacías, atmósfera fría, poca conexión con la gente. “No teníamos cultura de aficionados, no solo en Juve, en general en Italia. Cada partido se sentía un poco así. Lo echaba de menos”.

El contraste con Inglaterra es brutal en su relato. “Cuando has formado parte de ese crecimiento en Inglaterra, con la cultura de aficionados, los estadios llenos… incluso los estadios pequeños, son emocionantes para jugar”, recordó. En Italia, en cambio, la palabra que le sale es demoledora: “vacío”.

Con 33 años y habiendo vivido el salto de calidad del fútbol femenino inglés desde dentro, Walti es muy consciente de que lo que ve cada fin de semana en la WSL “no es la norma” a nivel global. Y eso la incomoda.

La televisión, las cámaras… y lo que el público no ve

Para la suiza, el problema no se reduce a cuántas personas van al estadio. También se trata de cuántas pueden ver el partido desde casa y en qué condiciones.

“Creo que tienes que llevar el juego a la gente. De alguna manera tienes que forzar a la gente a verlo. Sentí que así empezó quizá en Inglaterra”, reflexionó. En otros países, la realidad es otra: mala cobertura, pocos partidos emitidos o retransmisiones tan pobres que el producto pierde todo atractivo.

“En Italia, y en muchos otros países, creo que tienen mala cobertura. No se emite en absoluto, o si se emite, desde donde lo filman es muy pobre. Afecta a cómo ves un partido. No ves la velocidad, la táctica ni nada y no disfrutas viéndolo”, describió.

En Inglaterra, apunta, los grandes estadios y las buenas posiciones de cámara cambian la percepción del espectador. “La gente disfruta más viéndolo”, resume. Y cuando el público disfruta, el círculo virtuoso se activa: más interés, más inversión, más crecimiento.

El césped como síntoma de un problema más profundo

Walti no se queda en la superficie. Cuando habla de carencias, empieza por algo tan básico como el terreno de juego. Y ahí su diagnóstico es contundente.

“La mayor carencia empieza por la calidad del césped. En muchos países juegas o en los peores campos artificiales o en los peores céspedes naturales”, explicó. Y lanza un ejemplo gráfico: incluso un equipo de la Premier League sufriría para ofrecer un buen espectáculo en esos campos. “Probablemente parecería basura, porque simplemente no es posible jugar un buen fútbol ahí”.

Suiza, su propio país, no se libra. “Tenemos los mismos problemas”, admite. Para ella, la raíz del asunto está clara: hace falta dar el primer paso e invertir dinero en estructuras, campos, recursos humanos, antes de esperar un retorno. “Creo que muchos países no tienen ese dinero o esa paciencia”, señaló.

Privilegio, frustración y una generación que empuja

Walti se sabe una privilegiada. Lo repite sin victimismo, pero con cierta rabia contenida. Vivió una época en la que en Inglaterra “no había buenas condiciones, no era profesional” y los primeros salarios “no alcanzaban para vivir”. Ahora, ve la evolución del fútbol femenino inglés y la compara con lo que sufren compañeras en otras ligas.

“Estar con jugadoras que intentan impulsar el juego en sus propios países te hace sentir frustración al ver todavía la realidad”, confesó. Esa realidad incluye talento que se pierde por el camino: jugadoras que no aparecen en el radar porque compiten en entornos precarios, sin visibilidad ni herramientas para alcanzar su techo.

“Mucho talento en el fútbol femenino se pierde porque están en malos entornos donde nadie las ve o no tienen la oportunidad de alcanzar su potencial”, advirtió. Intentar influir desde dentro fue parte de su motivación en Italia, pero la respuesta del sistema la desanimó. “Sentía que cuando alzábamos la voz, no pasaba nada, y eso fue frustrante”.

Brighton, un proyecto que la convenció

Con un año de contrato por delante en Juventus, Walti empezó a pesar su futuro. Sabía con claridad qué quería… y, sobre todo, qué no estaba dispuesta a volver a vivir.

Tras esa experiencia, Brighton apareció como una opción que encajaba con sus prioridades. No solo por el nivel de la WSL, sino por la sensación de club que mira en serio al fútbol femenino. “Después de esa experiencia en Italia, sabía un poco más lo que quería o no quería”, reconoció.

Su confianza en Brighton ya venía de antes de sentarse a negociar. “Tenía bastante confianza en Brighton antes de las conversaciones porque ya había estado en la liga y había visto lo que el club estaba haciendo”, explicó. El boca a boca entre futbolistas terminó de inclinar la balanza. “He oído de otras jugadoras que el club está invirtiendo mucho y solo escuché cosas realmente positivas. No hay mejor referencia que la de otras jugadoras”.

Un estadio pionero y una ambición declarada

Los hechos respaldan esa percepción. En abril, Brighton presentó los planes para construir el primer estadio de fútbol femenino diseñado específicamente para un equipo de mujeres en Europa, con una inversión prevista de entre 75 y 80 millones de libras. Un mensaje claro: el proyecto no es decorativo.

Ya en 2021, el equipo femenino se había mudado al American Express Elite Football Performance Centre, tras una inversión de 8,5 millones de libras para compartir instalaciones de alto nivel. Y sobre el césped, el club dio un paso más la pasada temporada al alcanzar por primera vez la final de la Women’s FA Cup.

Con Dario Vidosic al mando, el objetivo es ambicioso: irrumpir en el top 3 de la WSL. Walti, que ha vivido la exigencia máxima en la élite, ve coherencia entre el discurso y la realidad diaria. “Una vez que empecé a tener los primeros momentos con el club, se me confirmó que este es el lugar adecuado: un club que se preocupa por el fútbol femenino, que invierte en el fútbol femenino y que tiene a la gente adecuada en su sitio”, afirmó.

Ahora, con una líder experimentada en el centro del campo y un estadio propio en el horizonte, Brighton lanza una pregunta incómoda al resto de Europa: ¿quién está realmente dispuesto a tratar el fútbol femenino como un proyecto de verdad y no como un simple eslogan?