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Corea a 30 días del Mundial: desconfianza y oportunidades

A un mes de que ruede el balón en el Mundial de la FIFA en Norteamérica, Corea llega al torneo rodeada de algo más que dudas. Llega rodeada de descontento. De gradas vacías. De pitos. De un ruido de fondo que no se apaga ni siquiera cuando el marcador le sonríe.

Todo comenzó con un nombre: Hong Myung-bo. Su nombramiento como seleccionador en el verano de 2024 fue polémico desde el primer día y nunca terminó de cicatrizar. La afición lo dejó claro desde el primer amistoso: abucheos constantes, pancartas pidiendo la dimisión del presidente de la federación, Chung Mong-gyu, y una sensación de divorcio entre el equipo y la grada que no encaja con la imagen habitual de los Taegeuk Warriors.

El castigo no fue solo sonoro. También fue silencioso. El 14 de octubre, ante Paraguay, el imponente Seoul World Cup Stadium apenas reunió a 22.206 espectadores en un recinto para 66.000. La peor entrada para un partido de la selección masculina en una década. Un mes después, frente a Ghana, el mismo estadio mejoró la cifra hasta 33.256, pero el vacío seguía hablando más alto que el marcador.

Resultados sin convicción, derrotas que duelen

Corea ganó esos dos amistosos, con otra victoria intercalada ante Bolivia en Daejeon, empujada por unos 33.000 aficionados. Tres triunfos, sí. Pero sin brillo. Sin una actuación que hiciera pensar en un equipo listo para asaltar un Mundial.

El inicio de 2025 encendió aún más las alarmas. Año de Mundial, dos amistosos fuera de casa, dos golpes: 4-0 ante Costa de Marfil el 28 de marzo y 1-0 frente a Austria tres días más tarde. Dos derrotas que no solo afectaron a la estadística; golpearon la confianza de un país que vive el fútbol con intensidad casi obsesiva.

Hoy, el nivel de fe colectiva parece estar en mínimos históricos. Y, sin embargo, el contexto del torneo abre una puerta que el propio juego reciente no justifica.

Un grupo amable en el Mundial más grande

Corea, número 25 del ranking mundial, ha caído en lo que muchos analistas consideran uno de los grupos más accesibles del campeonato. En el Grupo A le esperan México (15ª del mundo), Czechia (41ª) y Sudáfrica (60ª). No es un camino de rosas, pero está lejos de ser una ruta suicida.

El calendario también ayuda. Debut ante Czechia el 11 de junio a las 20:00 en Guadalajara (11:00 del 12 de junio en Corea). Segundo duelo, el 18 de junio a las 19:00, también en Guadalajara, frente a México. Cierre de la fase de grupos el 24 de junio a las 19:00 en Monterrey ante Sudáfrica.

Tres partidos en México, dos en la misma ciudad. Poco viaje, poco desgaste. Una ventaja importante en el primer Mundial organizado por tres países —México, Canadá y Estados Unidos— y el más grande de la historia: 48 selecciones, 12 grupos, una fase eliminatoria que arranca en octavos de final ampliados a 32 equipos. Pasan los dos primeros de cada grupo y los ocho mejores terceros.

Con este formato, muchos expertos coinciden en que Corea debería superar la fase de grupos sin excesivo sufrimiento. Lo que ocurra después es otra historia.

Un invitado fijo con cuentas pendientes

Esta será la undécima participación consecutiva de Corea en un Mundial. Una regularidad que muy pocos pueden presumir fuera de Europa y Sudamérica. Lejos de casa, el techo histórico se sitúa en dos apariciones en la fase de eliminación directa: en 2010, en Sudáfrica, y en 2022, en Qatar.

La expectativa, al menos sobre el papel, es volver a estar ahí.

“Creo que Corea llegará al menos a los octavos de final”, analiza el comentarista televisivo Kim Dae-gil. Su razonamiento es frío, casi matemático: rivales abordables, menor desgaste físico y un cruce de octavos ante un rival “ganable” si Corea termina como primera o segunda de grupo. “Podemos ganar a Czechia y Sudáfrica seis veces de cada diez”, sostiene.

El factor Son y la delgada línea de la profundidad

En el centro del optimismo de Kim hay dos nombres que lo cambian todo: Son Heung-min, estrella de Los Angeles Football Club, y Lee Kang-in, cerebro del Paris Saint-Germain. Dos futbolistas capaces de inventar ocasiones donde no las hay, de romper un partido con un gesto.

Para Kim, son “game changers” en el sentido más literal. Pero detrás de ese elogio se esconde su mayor preocupación.

“La diferencia entre los titulares y los suplentes es enorme”, advierte. La idea es clara: si Corea quiere ir más allá de los octavos, necesita algo más que chispazos de sus estrellas. Necesita un bloque largo, fiable, capaz de sostener el nivel cuando lleguen las rotaciones, las sanciones o las lesiones. “Es imperativo que jugadores como Son Heung-min se mantengan sanos”, remata.

La lesión de Hwang In-beom lo cambia todo

Otros analistas son bastante menos optimistas que Kim. Seo Hyung-wook, por ejemplo, había imaginado a Corea en octavos. Hoy ya no. Ha rebajado su previsión a una eliminación en la nueva ronda de 32.

La razón tiene nombre y tobillo: Hwang In-beom. Mediocampista total, cerebro y pulmón a la vez, pieza insustituible en el engranaje coreano. Se lesionó el tobillo derecho en marzo con el Feyenoord y se encuentra en plena rehabilitación, bajo la supervisión del cuerpo médico de la selección.

Sin él al cien por cien, el plan se tambalea. Y no es el único foco de preocupación.

“Otros pilares no están rindiendo bien”, señala Seo. Cita a Lee Kang-in y al central Kim Min-jae, del Bayern Munich, ambos con pocos minutos en sus clubes. La falta de ritmo competitivo de los referentes europeos amenaza con arrastrarse al torneo.

Para Seo, la principal fortaleza de Corea reside en la química entre esas figuras asentadas en Europa —Son, Lee, Kim—, un núcleo que lleva años compartiendo vestuario y automatismos. Pero el grupo es corto.

“El problema es que no hay muchos como ellos”, resume. Su conclusión es demoledora: “En este momento, no se puede decir que haya alguien capaz de rendir a nivel verdaderamente mundial en este Mundial”.

Un equipo talentoso que sufre para crear

El tercer analista, Park Chan-ha, también ve el techo de Corea en la ronda de 32. Su diagnóstico va directo al juego.

“El equipo de Hong Myung-bo tiene jugadores talentosos”, concede. Pero esa frase viene seguida de un “y sin embargo” que define el momento de la selección. “A menudo tienen problemas para generar ocasiones de gol”. Corea se aferra demasiado al talento individual, a la jugada aislada, a la inspiración de sus figuras para aprovechar las pocas oportunidades que crea. Y eso, en un Mundial, suele pagarse caro.

Park recuerda los dos amistosos perdidos en marzo como una advertencia clara: ese plan ya mostró sus grietas.

Si Hwang no llega en condiciones, o lo hace muy limitado, todo se complica aún más. El equipo pierde claridad en la salida, equilibrio en la presión y soluciones entre líneas. En un torneo comprimido, con poco margen de ajuste, ese tipo de ausencias se convierten en sentencia.

El partido que lo puede decidir todo

En algo coinciden Park y Seo: el primer partido ante Czechia marcará el destino de Corea.

“Es el más importante”, subraya Park. “Es el que Corea debe ganar, y estará en problemas si no lo consigue”. Describe a Czechia como un equipo poco ofensivo, rocoso, difícil de desarmar. Justo el tipo de rival que puede atragantarse a una selección que sufre para abrir defensas cerradas.

Seo va más allá, tirando de memoria histórica. “En nuestra historia en los Mundiales, el resultado del primer partido a menudo ha determinado el destino del resto del torneo”, recuerda. Con México como segundo rival, la ecuación es clara: si Corea no llega a ese duelo con tres puntos, el margen de error se reduce a casi nada. “México será una prueba dura en el segundo partido, y si no ganamos el primero, estaremos en un gran problema”.

Kim, en cambio, desplaza el foco. Para él, el duelo clave será precisamente el de México.

“Creo que Corea y México se jugarán el primer puesto del grupo”, apunta. Su lectura es distinta: si Corea cumple ante Czechia y Sudáfrica, el choque con la selección mexicana puede definir no solo la clasificación, sino el cruce en la fase de eliminación directa.

Treinta días. Una afición dividida, un seleccionador cuestionado, estrellas entre algodones y un grupo que invita a soñar más de lo que lo hace el juego reciente. La pregunta ya no es solo si Corea saldrá de la fase de grupos. La verdadera incógnita es otra: ¿tendrá este equipo la personalidad y la salud necesarias para que, esta vez, la historia no se repita?