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Dominik Szoboszlai salva un Liverpool frágil en St James’ Park

Liverpool salió vivo de St James’ Park casi de milagro. Un penalti de Dominik Szoboszlai en los últimos minutos salvó un punto en un partido que Newcastle había tenido en la mano durante muchos tramos, tanto en el marcador como en el juego.

El húngaro, fichado para asumir peso en la era post-Mohamed Salah, se plantó en el punto de penalti y no dudó. Disparo seco, a la escuadra, inalcanzable. Un lanzamiento que no solo firmó el 2-2, también abrió un debate que en Anfield ya es urgente: ¿quién es ahora el especialista desde los once metros?

Szoboszlai toma la responsabilidad

La escena lo dijo todo. En el césped estaban Alexander Isak, Alexis Mac Allister y Cody Gakpo, todos con historial desde el punto de penalti. Aun así, el balón fue para Szoboszlai. Y no lo soltó.

El propio jugador explicó después que llevaba semanas preparándose para ese momento: había estado practicando durante la pretemporada, aunque sin penaltis en los amistosos, afinando puntería en los entrenamientos con los porteros suplentes como sparring. El trabajo se vio en un lanzamiento prácticamente imparable.

Andoni Iraola, técnico de Liverpool, rebajó cualquier intento de jerarquía rígida, pero dejó claro el nivel del golpeo del húngaro. Recordó que cuenta con varios especialistas –nombró a Szoboszlai, Isak, Mac Allister y Gakpo–, aunque admitió que el penalti de Dom fue “casi imposible de detener”. Su frase sonó más a puerta entreabierta que a reparto cerrado de galones.

Más allá del penalti, Szoboszlai monopolizó el balón parado de los ‘reds’: todos los córners, todas las faltas laterales pasaron por su bota. Señal de confianza del cuerpo técnico y aviso para el resto del vestuario.

Gakpo, cañón desde fuera del área

Antes del empate de Szoboszlai, Liverpool ya se había enganchado al partido gracias a Cody Gakpo. El neerlandés se inventó un derechazo raso y ajustado desde fuera del área que se coló pegado al palo. Un gol de pura precisión que cambió el tono de un equipo que hasta entonces había sufrido.

Gakpo no se quedó ahí. Terminó el encuentro con seis disparos, más que ningún otro jugador en esta primera jornada de la temporada. Su volumen ofensivo se tradujo también en impacto estadístico: alcanzó el umbral de contribución defensiva y cerró el duelo con 12 puntos en los registros individuales. Un aviso serio de que llega con el punto de mira afinado.

Liverpool, eso sí, necesitó 27 tiros para sacar solo dos goles. Dominó el volumen, pero no el control. Y dejó dudas atrás.

Isak y Wirtz, por debajo de lo esperado

El regreso de Alexander Isak a St James’ Park prometía ser una tarde de reivindicación. No lo fue. Entre un ambiente hostil y una defensa de Liverpool más intensa que ordenada, el sueco nunca terminó de encontrar su sitio.

Estuvo implicado en cinco acciones de ataque, ya fuera rematando o generando disparos, pero sus mejores opciones se quedaron cortas: un cabezazo bloqueado y un remate alto desde la frontal del área que encendió la frustración local.

Iraola defendió a su delantero. Aseguró que Isak había dado opciones al equipo con sus movimientos y recordó que es solo el primer partido, un “buen paso” para su puesta a punto. El mensaje fue claro: no hay alarma, pero sí margen de mejora.

Florian Wirtz, que formó pareja de ataque con Isak, tampoco se libró del suspenso. El alemán apenas apareció entre líneas y fue sustituido poco después de la hora de juego. Su mejor momento llegó en una acción temprana, cuando obligó a Lukas Hornicek a una buena intervención. Demasiado poco para el talento que se le presupone.

En Liverpool, otros nombres también quedaron señalados. Los dos laterales estuvieron imprecisos y Rio Ngumoha sufrió muchísimo en el costado derecho. Nervioso, sin colmillo, terminó sustituido. Su relevo, Victor Munoz, cambió el guion: encaró, atacó el área y provocó el penalti que dio vida a los de Iraola.

Un Liverpool vulnerable atrás

El punto rescatado no tapa la realidad defensiva de Liverpool. El equipo concedió espacios, llegó tarde a varios duelos y no transmitió solidez. En ese contexto, la actuación de Jeremy Jacquet fue una de las pocas noticias positivas atrás.

El central cumplió hasta el minuto 70, cuando fue sustituido. Iraola explicó después que el defensor no había completado una pretemporada completa, así que su relevo estaba prácticamente previsto. El técnico aprovechó para lanzar un mensaje de modelo: con la exigencia física que demanda su idea, los cambios no son un lujo, son una necesidad. “Los jugadores que salen del banquillo tienen que influir en el partido”, subrayó.

Lo hicieron. Munoz, por ejemplo, cambió la banda derecha. Pero la sensación general es que Liverpool sigue lejos de ser un bloque fiable sin balón.

Wissa, el motor del nuevo Newcastle

Si el empate dejó sabor amargo en St James’ Park, no fue por el juego. El Newcastle de Matthias Jaissle ofreció una versión valiente, vertical y agresiva en la presión. El equipo se cayó solo al final.

Anthony Elanga y Joe Willock firmaron los goles, pero el nombre propio fue otro: Yoane Wissa. Actuando como mediapunta, por detrás de Will Osula, el atacante se movió con libertad, rompió líneas con conducción y generó constantes problemas a la espalda de los centrocampistas rivales.

Falló un par de ocasiones claras, sí. Sin embargo, su influencia en el juego fue evidente. Desde una de sus arrancadas nació el tanto de Willock, tras una transición vertiginosa que retrató a la zaga de Liverpool.

Wissa explicó después que Jaissle le ha entregado un rol de liderazgo. No solo debe atacar, también ordenar, apretar, contagiar energía. “Soy uno de los líderes, tengo que respaldarle”, dijo. El técnico le pide que robe, que empuje al equipo hacia adelante, que sepa cuándo acelerar y cuándo templar. Ese equilibrio se vio durante muchos minutos.

Los dos goles de Newcastle llegaron precisamente así: a campo abierto, castigando los espacios a la espalda. Un aviso directo para su próximo rival, Tottenham Hotspur, que tendrá que vigilar cada balón filtrado a la carrera de Wissa y Osula.

En defensa, Hornicek y Amar Dedic ofrecieron seguridad. El guardameta respondió cuando tuvo que hacerlo y el lateral cumplió en un contexto de mucha exigencia. En el centro del campo, Lewis Miley destacó pese a llegar con poca carga de minutos en verano: personalidad, criterio y trabajo sin balón.

Burn, KO; dudas con Osula

La única gran mancha en la semana de Newcastle llegó antes incluso del pitido inicial. Dan Burn, capitán y referencia en el vestuario, se lesionó en el tobillo en un entrenamiento y estará varias semanas fuera. El inglés llegó al estadio en muletas y con una bota protectora, imagen que encendió las alarmas en la grada.

La otra preocupación tiene nombre propio: Will Osula. El delantero terminó tocado tras un choque. Aguantó unos minutos más, pero acabó pidiendo el cambio en el 56’. De momento no hay parte médico oficial. Con un duelo de EFL Cup ante West Bromwich Albion en el horizonte inmediato, la rueda de prensa de Jaissle se convierte en cita obligada para entender el alcance del problema.

Newcastle se marcha con la sensación de haber dejado escapar dos puntos, pero con un plan reconocible y piezas que empiezan a encajar. Liverpool, mientras tanto, se aferra al talento de Szoboszlai y Gakpo, pero no puede esconder su fragilidad. La pregunta ya no es solo quién lanza los penaltis. Es si este equipo, tal y como está, aguanta el pulso de una temporada larga y feroz.