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Emile Heskey sobre el futuro de su hijo en el fútbol

Emile Heskey no habla de oídas. A los 22 ya se había marchado al Liverpool tras cinco temporadas en el primer equipo del Leicester. Por eso, cuando ve a su hijo Jaden, potente extremo formado en la cantera de Manchester City, buscar minutos lejos de Inglaterra, no lo interpreta como una aventura exótica. Lo ve como una necesidad.

En una conversación con GOAL, en colaboración con la casa de apuestas de la Premier League BetWright, el exdelantero inglés dibuja un retrato incómodo del fútbol base en su país: talento hay de sobra, oportunidades no tantas.

Alemania abre la puerta que Inglaterra cierra

Heskey padre no duda cuando se le pregunta por la decisión de dejar atrás Inglaterra para jugar: a cierta edad, quedarse esperando ya no es una opción.

“A los 17, 18, si estás listo para jugar en el primer equipo y no te dan esa oportunidad, y sabes que inevitablemente no la vas a tener en Inglaterra, tienes que irte a un sitio donde haya un historial probado”, explica. “Alemania parece tener ese historial”.

El argumento es claro: la Bundesliga y otros campeonatos del continente han aprendido a mirar con atención al fútbol base inglés. Detectan calidad, confían en ella y la ponen a competir en estadios llenos. Mientras, muchos clubes de la Premier League siguen apostando por fichajes ya hechos, aunque cuesten más y vengan de fuera.

“Nuestros chavales son buenos… pero juegan otros”

Heskey apunta directamente al contraste entre el nivel de las selecciones inferiores de Inglaterra y la falta de continuidad en los clubes.

“En nuestro sistema juvenil, a nivel internacional, tenemos jugadores fantásticos. Los alemanes lo han visto una y otra vez”, subraya. “¿Por qué no se les da la oportunidad en Inglaterra?”.

El exinternacional recuerda que esa generación en la que estaban Jadon Sancho, Phil Foden y Marc Guehi fue considerada la mejor de Europa. Ganaban y competían de tú a tú con los mejores talentos del continente. Sin embargo, al dar el salto al fútbol profesional, el camino se torció para muchos.

“Marc Guehi estaba en Chelsea, no tuvo una oportunidad allí, tuvo que irse”, lamenta. Mientras tanto, los compañeros de esa misma quinta, en Alemania, Francia o Bélgica, sí encontraban hueco en los primeros equipos de sus ligas.

La paradoja de la mejor liga del mundo

Heskey entiende el contexto, pero no lo comparte. “Lo entiendo, porque en Inglaterra tenemos la liga más grande y posiblemente la mejor”, concede. “Pero nuestros chicos nunca van a tener la oportunidad”.

La Premier League se ha convertido en un escaparate global, con presión inmediata por ganar, por entrar en competiciones europeas, por justificar inversiones millonarias. En ese ecosistema, apostar por un joven de 18 o 19 años formado en casa se percibe, muchas veces, como un riesgo innecesario.

El resultado, según Heskey, es que los clubes ingleses terminan pagando por jugadores extranjeros de 20 o 21 años… mientras dejan pasar a los suyos de la misma edad, a los que ya han visto y sufrido en categorías inferiores.

“Estamos comprando jugadores en Inglaterra procedentes de Francia, de Alemania, con 20, 21 años. Tenemos chicos de 20, 21 años contra los que hemos jugado regularmente a nivel internacional… y les hemos ganado”, recuerda, con un punto de indignación.

Años clave desperdiciados

La reflexión se vuelve personal cuando menciona a su hijo. “Mi hijo [Jaden] tiene 20, pronto 21. A los 22 yo me fui al Liverpool después de jugar cinco temporadas en el Leicester”, compara.

Para Heskey, demasiados jóvenes se quedan atascados en una etapa que ya no les enseña lo que realmente necesitan para ser profesionales de élite. “Tenemos demasiados chicos que, no diría que están siendo frenados, pero se están perdiendo años importantes de aprendizaje a los 18, 19, 20, jugando en el equipo sub-21, que no te da nada”.

Solo salva una competición: “Aparte del EFL Trophy, que está bien. Me gusta, me gusta mucho, pero son dos partidos”.

Dos partidos serios en toda una temporada no compensan el vacío competitivo que sufren muchos talentos. De ahí que la salida a ligas como la alemana, la belga o la francesa se haya convertido en una vía de escape tan repetida como significativa.

Heskey no habla de una moda. Habla de una generación que, para no perderse, se ve obligada a hacer las maletas. Y la pregunta que deja en el aire es directa: ¿cuántos futuros titulares de la selección inglesa tendrán que triunfar primero lejos de casa para que la Premier confíe, por fin, en sus propios chicos?